Sunday, 18 Nov 2018

Velada Erótica (entre líneas y mensajes)

La noche comenzó entre mensajes de dos solitarios que se encuentran en un espacio que ni siquiera existe, un sitio donde la imaginación y la locura permiten romper con las barreras de la distancia y de la razón. Cruzaron la frontera de la media noche, esto bastó para que las palabras tomaran otro sentido y comenzarán a jugar al escritor.

Él se describió como un ángel inocente, ella simplemente comentó que si no lo conociera sería capaz de comprarlo. Después de esto un salto de línea dejaba ver en ambas pantallas que estaban a punto de iniciar el viaje del cual ambos no sabían hasta dónde llegaría.

Mazamitla, una cabaña apartada entre las montañas, iluminada con velas, una mesa al centro con dos copas, una botella de tinto, espagueti y de postre una copa llena de fresas.

Al llegar aquí ambos comenzaban a dejar volar la imaginación, las risas nerviosas hicieron su aparición.

Al final de la habitación se podía observar el jacuzzi con vista al bosque y sobre la pequeña mesita un refractario con chocolates.

Las risas se convirtieron en miradas y muecas que demostraban que ambos comenzaban a imaginar lo que podía suceder esta noche.

Ella pensó en un masaje de pies, mientras el comenzó a imaginar cómo se iluminaría su cuerpo desnudo a la luz de la luna, como las burbujas del jacuzzi cubrirían sus cuerpos.

Al fondo la música acompañaba la velada, ambos se sentían complacidos, y como no habrían de estarlo, el destino había unido por esta noche a una poeta y a un cuentista.

La tentación los hizo presa, dejaron fluir las palabras y las sensaciones se fueron convirtiendo en letras.

El intenso olor a madera de la cabaña se hizo presente pero no era lo único que se podía percibir, el aroma a vainilla de las velas y el del tomate condimentado de la pasta también eran perceptibles creando un perfecto cóctel de aromas que mezclados con lo dulce del perfume de ella le daban la bienvenida a estos amantes a la velada perfecta. El aliento fuerte de ambos después de tomar la cena y el vino anunciaban un beso, el silencio fue interrumpido por la respiración nerviosa y agitada de ambos.

Entre besos y caricias se fueron despojando de las ropas que cubrían sus cuerpos, caminaron juntos, abrazados hacia el jacuzzi que los esperaba y a la luz de la luna las caricias se hicieron más intensas, sus cuerpos buscaron rozarse y unirse en uno solo.

El tiempo hizo una pausa en su eterno andar, el mundo se detuvo al unirse en un mismo ritmo, una misma respiración y una misma melodía de gemidos y jadeos.

Ella se mantuvo en silencio, parecía desmayada, él preguntó si estaba bien, ella simplemente contestó – espera, me cortas la inspiración –

Y finalmente vencidos por el cansancio y el placer, uno sobre el otro, descansaron en un mismo suspiro.

La noche se apoderó de ellos, la velada se prolongó y a pesar de los adioses ninguno deseaba retirarse, la adicción a las letras los mantuvo acompañándose hasta el amanecer.

Quizá un poco más allá, pero eso jamás lo sabremos.

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