Saturday, 22 Sep 2018

Última noche.

Era su última noche en aquel lugar, cerraba los ojos esperando que terminara el día, no volvería a sentir las miradas libidinosas de aquellos hombres que la imaginaban chupándoles el miembro, que buscaban sus ojos como tratando de que se enamorara de ellos, se movía con cadencia sobre el escenario despojándose lentamente de su diminuta ropa de enfermera. Su culo desnudo quedó al aire, sus manos se aferraron al frio tubo que había sido su compañero en los últimos años, abrió las piernas y en un solo movimiento hizo un giro mostrando su sexo ante una veintena de bestias excitadas que exigían que no detuviera su danza.

La canción estaba a punto de terminar al igual que si historia en ese congal, vinieron a su mente los recuerdos de su primer baile, del primer sujeto que pagó por tenerla bailando en privado, de cómo poco a poco fue perdiendo el asco cuando alguno de esos hombres alcoholizados le tocaba las nalgas, pero también se venía a su cabeza la idea de ser libre, de dejar esta vida y regresar a lo básico. La música se detuvo, el DJ anunció que todo había terminado, de reojo miró a todos los hombres, recogió su ropa y sintió un alivio al saber que todo había llegado a su fin.

Después de recoger sus pertenencias se fue directamente a la caja y recibió su último pago, se despidió de quienes se quedaban en aquel lugar y caminó lentamente a su vehículo. Ahí dentro, estaba ella, al verse no fue necesario decir nada, sus labios se encontraron y se unieron en un largo beso, sus lenguas se entretejieron en un vaivén de saliva y sus manos recorrieron veredas conocidas, sus manos llegaron a su sexo y ella sintió como la sangre comenzaba a concentrarse en su entrepierna, su amante hábilmente se colocó entre sus piernas y le recorrió cada centímetro de sus labios con la lengua, no sabía si era porque sería la última vez que estaría aquí pero sentía como con cada lengüetazo emanaba de su sexo una oleada de fluidos, sus manos acercaban con fuerza el rostro de su amante, cerró los ojos, era el cierre perfecto para esta noche, se aferró con furia al techo del auto, apretó con los muslos la cabeza de la otra mujer, su cuerpo se tensó y de su interior brotó un manantial de jugos íntimos.

El orgasmo llegó y de inmediato las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, la otra mujer salió de entre sus piernas, se miraron y comprendieron que sería la última ocasión en que estarían juntas, se fundieron en un abrazo y un beso sirvió para despedirse de ella. Sintió que le arrancaban el corazón, la miró, sus ojos mostraban tristeza, una sensación cálida inundó su cuerpo, en un solo movimiento su amante retiró la navaja de su vientre y salió corriendo de prisa hasta perderse en la noche, se quedó congelada, comenzó a sentir como la vida se le escapaba y solo atinó a decir, “lo sabía”.

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