Thursday, 15 Nov 2018

Sin pretextos…

Colgó el teléfono, ya estaba harta de tener que soportar sus pretextos. Así que sin decir nada tomó sus juguetes y se metió al baño. Estaba tan decidida, que se metió a la tina, acomodó cada juguete en el orden en que habría de usarlos, se despojó de su ropa, tomó el más pequeño y comenzó a frotarlo por encima de su sexo que no necesitó mucho para estar húmedo, ahí decidió que era tiempo de probar algo más y de un golpe se hundió un doble estimulador que le arrancó un pequeño grito de placer, lo hundía una y otra vez, la vibración en su clitoris hizo que se corriera sin tanto esfuerzo.

Estaba empapada, pero sentía que no había sido suficiente, tomó unas pequeñas esferas, las pasó por su vagina para humedecerlas y se las comenzó a meter por el ano. Una a una podía sentir como abrían su pequeño orificio y le brindaban una sensación extraña pero muy placentera. Las dejó ahí y tomó el gran trozo de silicon que simulaba una gran verga, la apoyó contra el piso de la tina, con un pequeño movimiento levantó sus nalgas y apuntó hacia su cálida vagina la punta de aquel artefacto y sin esperar la hundió por completo dentro de ella. Jadeó dejando escapar una risa burlona.

Se sentía bien y disfrutaba tanto que su cuerpo comenzaba a temblar, sus manos apretaban sus pezones y en cada arremetida podía sentir como se rozaban los dos dildos en su interior. Comenzó a acercarse al orgasmo, sus piernas temblaban y sus gritos se escucharon en todo el edificio.

De pronto un torrente cristalino emanó de su interior mientras ella caía rendida aún con los juguetes dentro, su cuerpo temblaba, los aparatos seguían vibrando, fue ahí que perdió el control de su cuerpo. Su mente quedó en blanco mientras disfrutaba del mejor orgasmo de su vida y efectivamente sin ningún pretexto.

 

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