Monday, 10 Dec 2018

Mi Historia Con Lola – Capítulo 3

Nuestras vidas habían tomado un nuevo rumbo, durante unos meses hicimos todo a nuestro alcance para alejarnos de los amigos y de las responsabilidades del trabajo para explorar nuestra sexualidad, comenzamos a probar diversas formas de excitarnos, de llegar al orgasmo y de probar nuestros límites. Lola parecía dispuesta a dejar atrás toda su educación católica y ganarse su lugar en el segundo círculo del infierno de Dante. Cada fin de semana inventábamos nuevas posiciones, acoplábamos nuestros cuerpos y hacíamos el amor como poseídos. Era increíble ver su cuerpo rendido ante mis perversiones y dispuesta a ser desde la sumisa hasta la dominadora de acuerdo a nuestro personaje en turno.

Sin embargo, en su interior la culpa que sentía por entregarse al placer iba acrecentándose tanto como lo iba haciendo su necesidad de convertirnos en algo más que buenos amantes, deseaba que esta aventura se prolongara el mayor tiempo posible y estaba dispuesta a todo para lograrlo. Anhelaba que saliéramos del anonimato y que tanto nuestros amigos como su familia conocieran al hombre que le estaba haciendo feliz.

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Una noche de viernes una de nuestras amigas en común nos invitó a todos al estreno de la cinta “Y tu mamá también” ya que su jefe había producido la película y había destinado una sala entera para proyectarla con sus amigos y gente cercana a su oficina. Nadie podía negarse, además al final habría una recepción donde estaría el director y uno de los protagonistas de la película. Por obvias razones tendríamos que ir sin pareja ya que los boletos estaban limitados y únicamente estaríamos 12 personas en aquella fila de asientos. Como siempre llegué a la dulcería y compré mi dotación de palomitas, refresco y nachos para hacerle frente a la película que habríamos de ver aquella noche. Entramos a la sala y yo les pedí quedar en la orilla para poder salir fácilmente en caso de que necesitara ir al baño o salir a responder una llamada.

Todos comenzaron a acomodarse al centro de la fila y al final quedaron dos asientos a mi lado, eran los de Lola y Renata que como siempre llegarían tarde a todos lados. Las luces comenzaron a bajar y la cinta comenzó a proyectarse en la pantalla. Habían pasado unos 15 minutos cuando Renata subió corriendo las escaleras y Lola venía detrás de ella intentando ver la película mientras subía los escalones. Me levanté para dejarles pasar y acomodarse, finalmente Lola se acomodó a mi lado y yo realmente me sentía un poco molesto porque conocía su afición por hablar durante las películas.

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Estábamos desnudos, rendidos uno al lado del otro después de hacerlo justo en la ventana de aquella habitación frente a La Minerva. La sensación había sido increíble para ambos, el exhibicionismo había logrado que llegáramos con mayor facilidad al clímax, y mientras yo me deleitaba con la vista de sus nalgas mientras ella estaba entregándome su pequeño orificio que estaba siendo penetrado por mi pene hinchado, ella sentía una mezcla de dolor y placer mientras observaba hacía la calle buscando la mirada de aquellos que de pronto se habían encontrado con nuestra imagen haciéndolo sin pudor. Al sentir la mirada de uno de ellos mientras nuestros cuerpos chocaban la hicieron correrse como nunca antes, pero también dejó en su cabeza preguntas como ¿qué era lo que seguía para nosotros? ¿qué otra perversión provocaría este tipo de sensaciones?

Tendidos en la cama de aquella habitación recuperando el aliento hablábamos de la experiencia, de lo que sentimos, aquello que provocaba hacerlo en el cine, en el baño del restaurante y ahora en la ventana de aquel hotel. Coincidimos que todas habían sido deliciosas, pero nos intrigaba saber cual sería nuestra próxima aventura, ambos nos quedamos en silencio, nuestras mentes intentaban elegir alguna de las cosas que habíamos leído o visto y que deseábamos experimentar una vez en la vida.

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La cinta transcurría entre risas y susurros de Lola que fiel a su costumbre decidió platicar mientras avanzaba la película, confesaba estar enamorada de Gael García y las ganas que tenía de besarle su labio “torcidito”, por el contrario, yo estaba más que emocionado de ver a Maribel Verdú intentando tener un orgasmo con ese par de pendejos que se corrían con solo estar dentro de ella. Al final de la fila alguno propuso que en la camioneta del papá de Renata cabíamos todos y que deberíamos de hacer un viaje así entre todos. En ese momento ya entrados en confianza Lola tuvo la ocurrencia de meter su mano en mis palomitas lo que hizo que le dijera que no me gustaba compartir mi comida. Ella me miró pensando que era un chiste y justo después quiso devolverme las palomitas que había metido a su boca a manera de broma, pero mi rostro serio la hicieron quedarse ahí en silencio al menos por el resto de la película, o eso era lo que yo esperaba.

De pronto en pantalla llegó la escena donde los tres se encuentran y entre los protagonistas masculinos colocan a Maribel entre ellos para comenzar a besarla y acariciarla, Lola abrió un poco sus piernas al tiempo que mordió sus labios y sus manos se aferraron al asiento. Sin duda estaba excitada. Pero no paso mucho para que quedaran tanto Diego como Gael frente a frente mientras ella les brindaba una mamada y los labios de ambos se encontraron en esa pequeña habitación. El silencio en la sala con algunas risas del público masculino rompió la excitación, por su parte el cuerpo de Lola se hundió en el asiento. Estoy seguro que aquello le hizo corto circuito dentro de su cabeza, estaba asombrada al ver al pequeño Daniel de quien se enamoró en El Abuelo y yo besando al hijo gordito de Güicho Domínguez.

No dijo nada más esa noche, salimos de la sala y buscó un pretexto para no acompañarnos a la fiesta donde finalmente solo estuvo Diego Luna y Alfonso Cuarón. Había sido demasiado por esta noche para ella y tomó un taxi que la llevó a casa a tomar una ducha y tratar de olvidar lo ocurrido.

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De pronto surgió en la plática una confesión, me dijo que en la semana había platicado con Renata y que ni me imaginaba que yo le gustaba. Con una sonrisa en mi rostro le dije que Renata era muy bonita, que en más de una ocasión había pensado en salir con ella antes de que todo esto comenzara. Ella frunció el ceño, como cada ocasión en que algo no le gustaba pero que decía que no tenía nada. Le abracé y le dije que no valía la pena que siguiéramos con esa plática. Nos besamos e hicimos nuevamente el amor en la regadera aquella tarde antes de irnos a su casa. En el camino retomamos la plática sobre nuestra próxima aventura y de pronto ella dijo que siempre le había excitado la idea de tener dos hombres brindándole placer al mismo tiempo. La idea me pareció interesante, justo comenzaba a pensar en quién podría sumarse a nuestra aventura cuando de sus labios surgió la necesidad de que entre ellos no se tocaran, le parecía repugnante que dos hombres se besaran o que siquiera se pudieran acariciar mientras estaban con ella desnuda entre ambos.

Llegamos a su casa y yo me dirigí a la mía planeando la siguiente escapada, por supuesto que estaba en mi mente la idea de conseguir a alguien que pudiera seguir el juego y cumplir su fantasía de tener a dos hombres explorándola al mismo tiempo. Durante la semana platicamos poco, quedamos en vernos la noche del viernes. Los días pasaron rápidamente y el viernes justo después de cenar nos fuimos a un motel por Avenida Vallarta, al llegar a la habitación mientras pagaba la estancia le envíe un mensaje a nuestro cómplice del día.

Subí las escaleras y le pregunté si deseaba que ordenáramos algo, necesitaba hacer tiempo para que llegara Gabriel. Afortunadamente me pidió una pizza y vino por lo que era el momento justo para que el mismo Gabriel llegara a la habitación con la comida. Hablé a la recepción y les indiqué que sería otra persona quien recibiría la comida y que lo cargaran a la cuenta. Después de la semana en que hablamos poco por trabajo encontramos un momento perfecto para hacerlo mientras el jacuzzi se llenaba y ella me contaba los chismes de nuestras amigas. No pasó mucho para que tocaran a la puerta, al abrir la puerta ahí estaba él, era un hombre de estatura mediana, ojos verdes y con cierto parecido al amor platónico de Lola. Le pedí que entrara a la habitación, ella no esperaba que el llegara hasta donde estaba y solo la escuché decir un hola con cierto tono nervioso en su voz.

Me miró mientras me acercaba a su lado y le dije, él está aquí para cumplir tu fantasía de tener dos hombres solo para complacerte, su mirada cambió y un poco más confiada se presentó ante él, con un gesto le pedí que se acercara y él era todo un profesional, le tomó de la mano y se mostró galante ante lo que ella solo atinó a sonreír. Serví el vino y los tres platicamos un poco acerca de la fantasía de ella y fue muy clara en que no quería que entre nosotros nos tocáramos lo que me pareció extraño ya que nunca me preguntó si me molestaba hacerlo o no. Pero decidí omitirlo para seguir con el juego.

Poco a poco Gabriel y yo fuimos dejándola que guiara la fantasía, primero se quitó el vestido para nosotros y ya que estuvo apenas cubierta por un negligé de encaje negro que dejaba ver sus hermosos senos y su monte de venus totalmente depilado, me tomó de la mano y me acercó para quitarme la camisa, nos besamos y lentamente me dio la espalda para que la recorriera con mis besos, ahí le hizo una seña a Gabriel al acercarse se fundieron en un largo beso mientras que yo recorría sus nalgas propinándole algunas pequeñas mordidas que dejaban huellas en su piel. Entre ambos le despojamos de la última prenda para dejarla totalmente desnuda ante nosotros. Nuestras manos recorrían sus pechos, sus nalgas, las piernas y la entrepierna que ardía para ese momento.

Ella comenzaba a gemir al contacto de mi lengua con su vulva rosada, de pronto ella se agachó a despojarle del pantalón a Gabriel y liberó su enorme verga que apareció frente a ella y sin más se aferró a ella y comenzó a chuparla mientras yo exploraba entre sus labios y daba lengüetazos a su clítoris arrancándole algunos gemidos de placer. Ella comenzó a dejar escapar sus fluidos ante mi lengua acariciando sus labios. Ella mientras tanto intentaba tragarse el trozo de aquel hombre que le era hasta ahora desconocido pero que le recordaba tanto a su amor platónico.

Me excitó ver como succionaba a aquel tipo, y como se aferraba a él con sus manos apretando sus nalgas, me despojé de mi pantalón y saqué mi verga que también estaba ansiosa de estar dentro de ella, le sujeté de las caderas y entré en su cavidad que estaba totalmente húmeda. Era increíble, ella comenzó a dejar escapar algunos gritos mientras Gabriel la sujetaba del cabello y con su miembro ahogaba sus gemidos. De pronto entre ambos su cuerpo comenzó a ponerse rígido y terminó en una corrida espectacular que mojó la alfombra de la habitación. Ambos la llevamos a la cama y ella intentaba recuperar el aliento mientras cambiábamos la posición, ahora era él quien ocupaba su vagina mientras que yo me acerqué a sus pechos y comencé a hacerme una rusa con sus pechos. Ella con sus labios y manos acariciaba mis testículos y apretujaba mis nalgas. Nuevamente con la sincronía de nuestros movimientos no pasó mucho para que ella volviera a llegar al clímax y que ahora le tocara mojar la cama mientras Gabriel explotaba dentro de ella y yo lo hacía sobre sus pechos.

Su cuerpo temblaba como repercusión de lo sucedido, bastaba con que le tocáramos para que ella se retorciera del placer, de su interior seguían saliendo sus jugos mientras que Gabriel se cambiaba el condón tratando de mantener su erección y yo recobraba el aliento ante lo ocurrido. Pasaron unos minutos y ella recobró energías. Tomó de la mano a Gabriel y se metieron al Jacuzzi a besarse y recuperar energías. Pero Gabriel no cedía, su erección seguía firme y ella no pudo resistirlo, se montó sobre él y comenzaron a hacerlo nuevamente, ella se movía delicioso sobre él sacando el agua de aquel pequeño jacuzzi e inundando un poco la habitación. Yo los miraba y mi entrepierna comenzó a llenarse de sangre nuevamente, descubrí que me prendía mucho ver que ella disfrutara de otro hombre, y que mientras lo montaba me observara con una cara de perversión que no le había visto antes. De pronto me hizo una seña para que me uniera a la escena, entré en aquel jacuzzi y comencé a acariciarla, ella tomó con su mano mi trozo palpitante y comenzó a masturbarme. Ella de pronto se levantó y nos hizo sentarnos de frente a Gabriel y a mí hasta que nuestros sexos quedaron cerca uno del otro, con gran maestría se colocó encima de ambos y con su mano fue introduciendo primero a Gabriel dentro de su vagina y a mí me hizo atravesar su pequeño año sin dificultad, pegó un gran grito cuando se introdujo la mitad de ambos y sus piernas temblaron, con mayor fuerza empujó hacia abajo y se clavó nuestras virilidades dentro de sí mientras ambos comenzamos a empujar para intentar hacer más placentera su experiencia. Todo era increíble, ella lo besaba mientras con sus manos me sujetaba de las piernas y mis manos acariciaban sus pechos, no era sencillo estar ahí, los sexos de los tres chocaban y había cierta sensación de placer y de dolor que era asombrosa. Ella apretaba sus músculos mientras nosotros le ayudábamos a subir y bajar sobre nosotros hasta el momento en que todo se salió de control y llegamos a la frontera del clímax, todos nos movíamos con dificultad pero queríamos volvernos uno, ella comenzó a gritar, la sujetamos y comenzamos a movernos juntos hasta que en secuencia yo no pude más y exploté en su interior a lo que ella al sentir mis cálidos fluidos en el recto estalló en un orgasmo que le hizo vibrar encima de nosotros y Gabriel no pudo contenerse y de igual manera se corrió dentro de ella.

Nos recostamos Gabriel y yo en el Jacuzzi y ella seguía retorciéndose sobre nuestras vergas que comenzaban ahora si rápidamente a reducir su tamaño, pronto estuvimos fuera de ella y cayó de espaldas para recargarse en mí. Había sido increíble, todos nos quedamos en silencio y fue Gabriel quién decidió que era hora de irse, finalmente ya había cumplido con las dos horas para las que lo había contratado, se acercó a ella y le dio un beso en la boca y sin decir nada más aprovechó la cercanía de nuestros rostros y me besó también a mí para despedirse.

Lola y yo nos quedamos en silencio, estábamos rendidos y no atinamos a decir nada, él se vistió rápidamente y salió de aquel sitio. Pasaron unos minutos y el silencio seguía presente. Yo estaba seguro que finalmente estaba frente a uno de los límites morales de Lola y que sabía que este día llegaría tarde o temprano. Salió del Jacuzzi y se fue a la regadera, yo quise salir detrás de ella, pero al entrar salió sin decir nada. Su actitud era extraña, retraída y molesta. Subimos al auto y dejámos aquel lugar que debía ser una de las más placenteras experiencias de nuestras vidas. Tratando de acabar con la tensión intenté platicar sobre cualquier tema. De pronto ella estalló hablando en contra de la homosexualidad, de las lesbianas, de Gabriel, del beso que me dio y de mi poca respuesta ante ello, le parecía que había rebasado la confianza y que esa noche solo era para ella, parecía no comprender que él también había quedado complacido por aquella experiencia y que se había dejado llevar por la excitación. Ella seguía despotricando dejando salir todo aquello que le habían enseñado y que se había acumulado hasta que la presión reventó cuando lo vio besándome. Todo esto comenzó a dejarme ver a la verdadera Lola y conforme acumulaba kilómetros con el auto mi atracción hacia ella iba disminuyendo en la misma proporción.

Llegamos a la puerta de su edificio, bajó del auto con prisa y volteó para dictar la que sería la última frase de nuestra historia juntos.

  • Creo que tenemos que darnos un tiempo y pensar si queremos seguir con esto, estoy muy confundida – dijo, y se dio la vuelta.

Encendí nuevamente el auto y sonreí, finalmente había vivido una de las mejores noches de mi vida y para serles sincero nunca imaginé que pudiera haberse sentido tan bien ser besado por alguien como Gabriel.

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