Wednesday, 12 Dec 2018

Mi historia con Lola – Capítulo 1

La fiesta estaba por terminar y ella se ofreció a acercarme a la ciudad para que de ahí pudiera encontrar un taxi, eran cerca de las 4:30 a.m. y la lluvia apareció intempestivamente mientras nos acercábamos al centro de la ciudad, le pedí que me dejara en una esquina, pero ella se negó al ver como el nivel de agua iba creciendo así que me invitó a que esperara que la lluvia cediera en su departamento.

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La conocí un par de años atrás en una cafetería cercana a mi trabajo, recuerdo haberla visto llegar y como de inmediato me atrajo su muy bien formada retaguardia y el vaivén de sus glúteos mientras daba un paso me hizo suspirar al imaginar cómo se vería desnuda. Para mi sorpresa cruzó la valla de la cafetería y volteó hacía donde estaba yo con unos amigos y saludó efusivamente a una de las personas que estaban ahí. Pude observar sus ojos verdes que destacaban mucho más en su rostro de piel canela y su cabello rizado. Sonreía mucho y su plática era muy ligera. Después de saludar a todos llegó el momento en que pude presentarme, su voz era increíble, algo rasposa, pero sin ser grave. Ya teniéndola cerca pude apreciar su belleza, tomó uno de los equipales y haciendo uso de su pequeño cuerpo se acurrucó en aquel pequeño espacio regalándome una vista lateral de sus piernas que acentuaban sus amplias caderas.

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Bajamos del auto y corrimos hasta la entrada del edificio, la lluvia era intensa y ambos terminamos empapados, subimos un par de pisos y llegamos hasta la puerta de su departamento, fue en ese momento en que Lola me dio la espalda para abrir la puerta que pude notar que su ropa gracias al efecto del agua se transparentaba dejándome ver su linda tanga negra que se incrustaba deliciosamente entre sus deliciosas nalgas. Ella cruzó con prisa la puerta y encendió la luz, mientras me ordenaba sentarme en la sala corrió al baño para buscar una toalla para cada uno. No podía evitar ver su trasero mientras se alejaba por el pasillo.

Me trajo una toalla pequeña y me dijo que tomaría un baño para evitar resfriarse y se alejó rumbo al baño mientras yo me secaba e intentaba desabotonar mi camisa para exprimirla e intentar que se secara mientras esperaba. Pasaron unos minutos, pude escuchar el agua cayendo dentro de su regadera. De pronto el cielo comenzó a iluminarse y la tormenta eléctrica dejó caer algunos rayos que comenzaron a estremecer con su característica explosión los cristales del departamento. En el quinto estruendo la energía eléctrica se fue y el grito de Lola me obligó a levantarme e ir en su búsqueda mientras le gritaba si estaba bien. Ante la falta de respuesta tomé el encendedor y caminé por el pasillo, de pronto ante mí estaba ella ahí en el piso, desnuda cubriéndose el frente de su cuerpo un poco con la toalla. La tomé de la mano y le pregunté si todo estaba bien, llorando me dijo que les temía a los rayos y me abrazó con fuerza, entre su cuerpo y el mío estaba solo la toalla y podía sentir sus pechos firmes, los estruendos seguían y en cada uno de ellos Lola temblaba entre mis brazos. Era tanto su miedo que olvidó que estaba desnuda y no dejaba de pedirme que no la soltara.

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Durante los meses siguientes a conocerla nos vimos un par de veces en reuniones y fiestas de amigos, la verdad es que conforme iba conociéndola me quedó claro que era una mujer complicada a la que le gustaban las relaciones con hombres casados o con aquellos que no la miraban como ella hubiese querido, sin embargo, era divertido ser su amigo y salir con ella ya que tenía una buena conversación y solía reír mucho con mi humor ácido. Otra de las grandes características de esta mujer era la cantidad de amigas solteras que rodeaban su vida, por lo que tenía una fijación de cupido que me permitió salir con algunas de ellas y tener buenos momentos que ya les platicaré en otra ocasión. Me convertí para ella en una especie de comodín con quien podía ir a esos eventos sociales en los que requería una pareja y yo por mi parte disfrutaba comiendo, bebiendo y divirtiéndome. Uno de esos días asistimos a la boda de una de sus amigas de la infancia lo que la había puesto algo sentimental y justo en la mesa de enfrente apareció uno de sus ex con el que tuvo una relación de amor-odio y que resultó ser familiar del novio. Después de un saludo y de confesarse que ambos iban con amigos decidieron hacernos a un lado a su pareja y a mí para reanudar sus charlas, después de bailar juntos y de ignorarme en aquel sitio se acercó para darme las llaves de su coche y disculparse porque había decidido irse con él, con quien más tarde estoy seguro que culminaron esa noche en algún motel de la carretera.

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Los relámpagos iluminaban el pequeño baño y en el reflejo del espejo pude vernos reflejados, con su cuerpo pequeño y tembloroso delante de mí donde únicamente el pequeño pedazo de tela de la toalla nos separaba de unir nuestros torsos desnudos. Mi cuerpo comenzó a excitarse y buscaba concentrarme en sus lágrimas y en lo frágil que estaba Lola en ese momento. Entonces bajé mis manos y busqué cubrir su espalda con la toalla, la levanté entre mis brazos y la llevé a la habitación. Sus manos rodearon mi cuello mientras lo hacía y volteó a verme con una mirada indefensa que me hizo sentir mal por haber estado excitado mientras ella no podía controlar sus miedos.

La dejé sobre la cama, tomé una pequeña cobija que estaba en los pies de la cama y la cubrí mientras le decía que se relajara y que todo estaría bien, me senté a su lado y esperamos a que el cielo diera tregua y la tormenta amainara. Ella cerró los ojos, se acurrucó a mi lado y en unos minutos se quedó dormida. Pasaron unos minutos cuando la luz regresó y la lámpara de la sala iluminó parte de la habitación. Lentamente me retiré de su lado para regresar a la sala y dejarle dormir, apagué la luz y encendí una pequeña lámpara de mesa, eran 5:30 de la mañana y decidí esperar a que el sol comenzara a salir para buscar un taxi que me llevara a casa. Con la ropa un poco húmeda puse la toalla sobre el sillón y me recosté un poco para descansar. Al cerrar mis ojos seguía viendo su cuerpo desnudo ahí frente a mí, recordaba su piel erizada al contacto de mis manos sobre su espalda desnuda y el recordar sus pechos firmes sobre mi abdomen comenzaron a excitarme de nuevo. Abrí los ojos y ahí estaba ella frente a mí desnuda, me levanté de prisa y quedé frente a ella, sus pechos a la altura de mis ojos me permitían admirar su pequeña anatomía y donde destacaban sus pezones oscuros coronando sus senos redondos como gotas de agua y más abajo una pequeña capa de vello cubría en forma de triángulo la entrada a su sexo. Me tomó de la mano y me llevó de regreso a la habitación, mi entrepierna comenzaba a mostrar la excitación que sentía y que ella pudo observar.

No dijo una sola palabra se colocó frente a mí y sin decir más se dispuso a quitarme el pantalón, no podía negarme, estaba deseoso de estar con ella, nunca imaginé tenerla así y menos que ella fuera quien tomara la iniciativa y que sin decir más me quito la trusa dejando libre mi virilidad que sin temor se levantó ante ella. Con su mano acarició mis testículos colocando su dedo medio en el escroto y trazando círculos que me hicieron suspirar ante esa nueva sensación mientras ella con sus labios besaba con ternura mi glande que comenzaba a hincharse ante sus roces. Lentamente fue mojando mi verga y poco a poco la introdujo hasta llenar su boca y comenzó a succionar en intervalos pequeños mientras su mano apretaba y soltaba mis testículos provocando que una corriente me recorriera por la espina dorsal hasta que me obligaba a pedirle que no se detuviera. La tomé del cabello y comencé a moverme dentro de ella tratando de llegar hasta sus amígdalas. Ella me sujetó con sus manos apretando mis nalgas y empezó a recorrer con su lengua mi miembro erecto que palpitaba con cada contacto. No aguanté más, la tomé de los brazos y la levanté del piso. La tomé de las caderas y la senté sobre la orilla de la cama, abrí sus piernas me arrodillé frente a ella, me acerqué lentamente a su sexo de que comenzaban a fluir sus jugos de aroma marino que me obligó a probarlos con la punta de mi lengua a lo largo de sus labios. Al sentir el roce de mi lengua colándose entre sus labios agridulces ella comenzó a moverse violentamente, sus nalgas se movían cadenciosamente sobre mi boca con mayor fuerza hasta que de pronto un torrente emanó de su sexo inundando mi rostro mientras su cuerpo se retorcía intentando prolongar las sensaciones y ella buscaba aferrarse a las sábanas al tiempo que sus gemidos se volvían gritos de placer.

Levanté mi rostro y tomé mi pene que al ver su excitación comenzó nuevamente a palpitar, me comencé a masturbar frente a ella mientras me decía que quería sentirme dentro, con su dedo índice me mostró el cajón de su buró de donde saqué un condón, con prisa me coloqué el preservativo y me acerqué a su sexo, todavía tuve la osadía de menear mi verga y golpear sus labios con ella antes de intentar metérsela, ella me miró y su rostro cambió al ordenarme:

  • Métemela cabrón, no estés jugando conmigo, quiero sentirte dentro de mí.

Sin pensarlo más coloqué mi miembro en la entrada de su vagina y de un movimiento inserté el glande, la sensación de estrechez y lo cálido de su sexo me hicieron excitarme aún más, en un segundo movimiento introduje casi todo mientras ella apretaba sus músculos regalándome un delicioso momento. Hice un último movimiento y estuve totalmente dentro de ella, nos tomamos de las manos para hacerlo hasta que mis testículos golpearon sus nalgas. Levanté sus piernas y las coloqué sobre mis hombros, poco a poco comencé a moverme dentro de ella mientras ella se aferraba con sus manos en mis piernas acompañando el movimiento. Estábamos en una sincronía perfecta, podía sentir como se derramaban sus jugos en cada arremetida, fui empujando sus piernas sobre su pecho hasta que quedamos frente a frente, podía disfrutar las muecas de placer en su rostro y escuchar los pequeños gemidos y su respiración entrecortada, así estuvimos hasta que ella me tomó por el brazo y me pidió cambiar de posición. Era su turno, me hizo recostarme sobre la cama y se colocó sobre mí, lentamente se colocó en cuclillas y tomó con su mano mi miembro apuntándolo a su sexo para dejarse caer y clavársela hasta el fondo, me hizo que flexionara mis rodillas y se sujetó de ellas para comenzar a cabalgarme sin piedad, sus caderas en cada movimiento se empujaban de atrás hacia adelante mientras su cabello y sus pechos brincaban en el aire y la cama hacía sonidos indicando que estaba a punto de romperse. No podía con tanto placer, la tomé de las piernas y la jalaba para tratar de penetrarle más profundo, podía sentir como sus jugos comenzaban a empaparme el vientre y mientras ella encajaba sus uñas en mis piernas indicándome que estaba a punto de correrse nuevamente, sin decir más ella comenzó a empujar violentamente hasta que en un movimiento se sacó mi verga de su interior y gateó hasta dejar su sexo frente a mi cara, ahí en ese instante mi lengua supo que era tiempo de hacerla llegar, lamí como si la vida me fuera en ello y ella se dejó caer sobre mi cara mientras nuevamente los jugos se desbordaron por mis labios y mojaron todo a su paso.

El sol entraba por las ventanas y nos descubría ahí desnudos, sedientos de sexo y con la firme intención de aprovechar el cuerpo del otro. Ella volteó a verme mientras se colocaba en cuatro delante de mí y me dijo:

  • Quiero que te corras en mi culo, quítate el preservativo, quiero sentir tu semen caliente dentro de mí.

No tardé en entender que todo el tiempo supo que me atraía su culo, que durante todos estos años había estado consciente de mi atracción hacia sus nalgas y eso me puso al mil, llené de saliva la punta de mi verga y escupí otro poco sobre su pequeño orificio que también estaba inundado por sus jugos. Ella bajo sus brazos y ante mí quedó su hermoso culo en forma de corazón que tanto había ansiado, apunté sobre su pequeño ojo y empujé hacia adentro, la sensación era aún mayor, lo apretado de su ano me hizo avanzar con furia en su interior y los pequeños gritos de dolor y placer que salían de ella me hicieron seguir sin piedad, la tomé con firmeza por sus caderas y comencé a bombear en su interior. Estaba a punto de correrme al sentir como nuevamente su entrepierna se mojaba, e intenté prolongar el momento tanto como pudiera, sin embargo nunca anticipé su movimiento, bajó una de sus manos entre sus piernas y capturó mis testículos al tiempo que apoyó su dedo medio sobre mi escroto y lo frotó con fuerza, esa sensación nuevamente me llevó al clímax y no pude detenerme, le penetré con fuerza y deje escapar cada mililitro de semen dentro de ella mientras ella apretaba con sus músculos mi verga haciendo que cada gota saliera de mí en ese instante.

Caí sobre ella y nos besamos mientras salía de su interior, los fluidos de ambos se mezclaban, ella con gran control de su esfínter sacaba de su interior mi esperma espeso. Quedamos de frente y una sonrisa resultado del placer obtenido nos hizo volvernos a besar, esa noche dormimos juntos, era asombrosa la sensación de libertad, nos habíamos dedicado mucho tiempo a negar la atracción entre ambos y estábamos a punto de recuperar el tiempo perdido.

Continuará…

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