Wednesday, 21 Aug 2019

La Venus de Alétheia – Parte 3

Extrañamente en ese instante casi todos los participantes de la orgía llegamos al clímax, nuestros cuerpos estaban empapados de una mezcla de vino y fluidos humanos, pero a ninguno le importaba, algo en el ambiente nos volvía a poner calientes y nos provocaba a tocar y besar a quienes tenías al lado, los rostros reflejaban excitación y todos deseábamos probar de los cuerpos de quien nos rodeaba. De pronto un fuerte grito nos obligó a todos a voltear hacía el altar de la diosa que en ese momento cobró vida y ordenó a todos que le rindiéramos culto. Era increíble, mientras ella descendía lentamente y caminaba entre nosotros, Eloise me traducía lo que teníamos que hacer, yo no dejaba de verla, su cuerpo era increíble, sus hermosos pechos se movían en cámara lenta mientras se acercaba a donde me encontraba, daba pasos firmes y decididos, no era como cualquier mujer, se sabía dueña de nosotros y lucía altiva además de provocadora.

Según el mito, se decía que antes de la desaparición de la ciudad de Alétheia al inicio de la primavera se hacía una gran fiesta alrededor de la Venus y durante horas fornicaban en una gran orgía en su honor para invocarla y poder disfrutar de una buena temporada, si lograban que ella cobrara vida, las cosechas, la pesca y la fertilidad de las mujeres de la ciudad estaban aseguradas durante ese año. Pero en el año 375 a.C una gran batalla causó que no se llevara a cabo la celebración y los invasores habían despojado de la figura y la habían trasladado a uno de los palacios en Atenas. Así su figura era venerada por gobernantes y sus mujeres ya que se creía que aseguraba que el pueblo que la poseyera aseguraba fertilidad en su población femenina con hijos fuertes y de sangre guerrera. Así pasó de manos de diversos personajes a través de la historia, hasta terminar expuesta en el Museo de la Acrópolis hasta que durante el 2012 gracias a los disturbios por la crisis financiera en Grecia su figura se extravió y muchos mencionaron que había sido entregada a la Unión Europea como parte del pago de la deuda del país.

Toda esa historia me había provocado buscarla, deseaba saber si eran ciertas las creencias que si lograbas tocarla asegurabas una vida de placeres y conocimiento acerca de cómo provocar placer en los demás. Pero ahora estaba justo a unos pasos de ella y lo único que deseaba era tocarle, disfrutar de su aroma, quizá de poder besar su piel y rendirme ante lo que ella ordenara. Me quedé ahí firme mientras ella señalaba a algunos de los participantes y cada uno tendría que seguirla hasta el fondo del salón donde estaba dispuesta una gran cama que sería el lugar donde sus tributos tendrían el honor de brindarle placer carnal a ella. De pronto me miró a los ojos y se acercó hasta donde yo estaba y tocó mi rostro, la sensación era increíble, una corriente eléctrica placentera corrió a través de mi cuerpo, mi pene recobró fuerza y se erigió frente a ella, en ese momento Eloise me indicó que tenía que pasar al fondo del salón. Al final llegamos a la gran cama diez personas, tanto hombres como mujeres. Todos los demás se volvieron espectadores del acto, ella caminó hasta nosotros y tomó del rostro a una de las mujeres y la besó en la boca mientras todos nos acercamos y comenzamos a acariciarla con nuestras manos, mis dedos rozaron sus nalgas y parte de sus muslos, los cuerpos frente a mí no me permitían acercarme más. Ella tomó el rostro de aquella mujer y la dirigió lentamente hacia sus pechos, la mujer de inmediato los comenzó a besar y a recorrer con su lengua.

Tomó a un sujeto calvo y le puso de pie detrás de ella y lo besó en los labios mientras el frotaba su trozo de carne rígido entre las nalgas de la diosa. Tomó la mano de otra mujer y la colocó sobre el miembro de aquel hombre indicándole que lo complaciera, ella se hincó delante de él y comenzó a masajearlo con sus manos y acercó los labios a los testículos del sujeto que en ese instante hizo una especie de grito de placer que parecía desgarrar sus cuerdas. Así, uno a uno nos fue colocando alrededor de ella, todos teníamos una posición en la que recibiríamos placer al tiempo que le brindábamos placer a otro. No importaba si era hombre o mujer, en este momento le hacíamos el amor a otro ser humano, así de pronto me vi masturbado por un joven de piel oscura y grandes ojos mientras yo introducía tres de mis dedos en la cavidad de una mujer con aspecto vikingo con una vulva de grandes labios que inundaba mi brazo en cada movimiento de mis manos. La imagen se asemejaba a un retablo vivo del placer, donde ella dictaba nuestros movimientos y que resultaba más que placentero.

Todos estábamos muy excitados y unidos en una armonía de gemidos y sonidos mientras el resto de los espectadores comenzaba a sentirse excitados y reiniciaron la orgía sin perder detalle de lo que hacíamos en aquella cama. Ella se separó de nosotros, nuevamente ordenó a las cuatro mujeres que estaban entre nosotros que nos recostaran y nos acomodaran en círculo, tres de ellas tenían que encargarse con sus manos de lograr nuestra total erección, la diosa se colocó en el centro del círculo y la cuarta mujer se hincó frente a la diosa y comenzó a comerle la vulva húmeda a la diosa mientras con sus manos masajeaba sus nalgas blancas. La imagen era divina, fue en ese momento que tomó de la mano a la otra mujer y la colocó sobre el miembro del hombre de piel negra y le ordenó que lo introdujera dentro de ella, poco a poco la mujer descendió hasta tener totalmente aquel gran falo de color oscuro, mientras tanto la diosa abrió las piernas y se puso en cuclillas dejando su vulva frente a los labios de aquel hombre que sin dudar comenzó a recorrer con su lengua el sexo de la diosa que se inclinó y puso sus manos en el pecho de aquel hombre y comenzó a moverse sobre su rostro. De pronto una lluvia salió del interior de la diosa y bañó por completo el rostro del sujeto que en ese momento se corrió dentro de la mujer que estaba sobre él.

La diosa siguió el ritual con cada uno de los sujetos y fue intercambiando a las mujeres para que todas pudieran recibir la esperma de cada uno de ellos en su interior. Yo estaba muy excitado por la escena y solo buscaba concentrarme en no correrme e intentar disfrutar el mayor tiempo posible de ella, poder probar su entrepierna y conocer así los secretos de la diosa de los placeres. Tomó la mano de otra mujer de aspecto asiático y le pidió que dejara de frotar mi pene y que lo introdujera en su sexo, ella sin decir nada más se llenó de saliva la mano y la frotó en su vulva, para después lentamente clavarse mi erección hasta llegar al fondo dejando escapar un par de gemidos que por poco me provocan correrme en su estrecha cavidad. Al observar eso, la Venus se colocó sobre mi rostro al igual que lo había hecho con los otros hombres pero bajó sus rodillas sobre la cama y recargó su cuerpo totalmente en mi rostro, el aroma era especial, como una mezcla de canela y violetas pero el sabor de su entrepierna era único y me provocó a recorrer sus labios y extraer de su interior la mayor cantidad posible de su elíxir, ella sujetó mis manos y las colocó sobre sus pechos firmes y comenzó a moverse en círculos sobre mi rostro mientras la mujer sobre mi verga hacía lo mismo, no pasó mucho para que ambas mujeres se corrieran sobre mí, mi boca se llenó de sabor a mar, sus uñas arañaron mi pecho y yo no tuve más remedio que explotar en el interior de aquella pequeña mujer. De pronto mi corazón se detuvo y puedo jurar que experimenté la muerte en esos momentos, pude ver desde arriba mi cuerpo inerte debajo de los cuerpos de ambas.

No sentía miedo, si esta era la forma de despedirme de este mundo estaba más que complacido, el orgasmo que sentía era infinito y sentía como recorría mi cuerpo una sensación de libertad que nunca antes había experimentado. De pronto la Venus colocó sus manos sobre mi pecho pude respirar, abrí los ojos mientras que mi boca intentaba beber cada gota sin desperdiciar el regalo recibido. Ambas mujeres se levantaron y se dirigieron con el último sujeto a quien le habrían de hacer exactamente lo mismo que a mí. Perdí el control de mi cuerpo, podía sentir lo que el otro sujeto estaba sintiendo, y así estábamos todos los que habíamos pasado antes que él. Mi cuerpo temblaba ante la sensación, mi corazón latía muy rápido mientras sentía vibrar mi entrepierna con cada movimiento sobre el ultimo sujeto. Fue en el instante que ellas se corrieron sobre él que nuevamente todos los hombres tirados ahí estábamos conectados a las sensaciones que provocaba en el sujeto y nuestras vergas cansadas pero erectas se corrieron sobre las mujeres frente a nosotros al mismo tiempo en una sincronía perfecta. Yo ya no podía más, solo pude observar que los espectadores estaban en el paroxismo total, rendidos también en el piso y todos en ese instante caímos rendidos en una especie de narcolepsia colectiva.

No se cuanto tiempo pasó, pero abrí los ojos y ahí estábamos todos, tirados en el piso en un rompecabezas de cuerpos, sobre mi pecho estaba la mujer asiática y justo en el centro de todos estaba la escultura como si nos observara. Había cobrado su tributo y nos había regalado una de las mejores experiencias placenteras a quienes esa noche habíamos tenido la fortuna de estar en ese sitio dispuestos a tocar el paraíso de los placeres. Poco a poco nos fuimos levantando y nuevamente las mujeres de torso desnudo aparecieron con nuestras pertenencias, me acerqué a Freya y a Eloise que mostraban en sus cuerpos huellas de lo sucedido pero su piel brillaba y sus ojos mostraban que la noche había sido muy placentera también para ellas.

Salimos de aquel sitio y en la puerta nos esperaba Tony, eran casi las tres de la tarde, Me despedí de Eloise con la promesa de regresar pronto, Freya, Tony y yo nos fuimos a comer y poco pudimos decir de la experiencia, únicamente concordamos que había sido algo de otro mundo. Al llegar al hotel estaba rendido, caí sobre la cama y dormí cerca de 16 horas, en mis sueños seguía repasando momentos de lo sucedido, algo había cambiado dentro de mí, no se si fue la experiencia en su totalidad o el hecho de haber experimentado la pequeña muerte entre sus piernas, pero de algo si estoy seguro, mi vida a partir de ese instante no habría de ser lo mismo y pronto habría de darme cuenta de todo lo que significaría para un simple mortal haber probado el sabor de los dioses.

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