Tuesday, 18 Jun 2019

La Venus de Alétheia – Parte 2

La mañana siguiente bajé a la recepción y llamé a un taxi. Ahí conocí a Tony, un hombre griego de madre española que para mi fortuna hablaba mi idioma, a partir de ese momento se convirtió en mi guía de viaje.

Los siguientes dos días Tony me acompañó a buscar más pistas sobre la ubicación de ella, visité tantos sitios históricos donde ella había estado en algún momento de la historia. Pero no fue hasta que durante mi visita al Partenón una de las guías del lugar me dijo que durante la restauración de ciertos monumentos y palacios le habían reubicado en un museo del centro de la ciudad, pero que la última información que tenía es que se había extraviado durante los disturbios en la capital griega. Mi corazón se detuvo un momento. La búsqueda de ella me había llevado más de 5 años, desde que en libros antiguos aparecían referencias a ella, una diosa desconocida que poseía una enorme belleza, una mujer de cabellos rojizos con un cuerpo generoso de grandes pechos y caderas amplias a quien se adoraba en la ahora inexistente ciudad de Alétheia (Alicia o Alicea) y que se relacionaba con la pasión y el deseo. Al ver mi decepción la mujer frente a mí se compadeció y me anotó un número en un pequeño trozo de papel y me dijo que contactara a George en el barrio de Anafiotika.

Derrotado subí al taxi con Tony y le pedí que llamara a George, necesitaba que me ayudara a saber más sobre el paradero de ella. Una llamada corta y muchos gritos después nos dirigimos al hotel y Tony se retiró, no sin antes decirme que estuviera listo para salir a las 8 p.m. y que llevara muchos euros en efectivo. Llegué a la habitación y no dejaba de pensar en ella, se decía que no solo era bella, sino que se hacía cargo del Ágora de ciudad de Alétheia. La imaginaba ahí parada frente a todos los estudiantes cubierta por su ropa blanca que apenas cubriría sus hermosas curvas. Envidiaba a aquellos que pudieron haber disfrutado de su sabiduría y que tuvieron la dicha de admirarla y escuchar su voz. El tiempo pasó muy rápido y me encontré con Tony en la recepción y me sorprendió que viniera acompañado de su amiga Freya, una mujer robusta de bello rostro y una sonrisa muy especial.

Subimos todos al taxi y nos dirigimos hacía una vieja casa del siglo catorce, Tony tocó la puerta y un sujeto de ojos claros nos pidió 100 euros por cada uno de nosotros, sin decir nada, pagué los 300 euros y cruzamos aquella pequeña puerta que conducía hacía unas escaleras por donde bajamos unos 30 metros hasta el sótano de aquel lugar. Justo unos escalones antes de llegar, la música a todo volumen me hizo pensar que Tony nos había llevado a un espectáculo y que se había equivocado al hablar con George. La escalera terminaba en una especie de balcón desde donde pude ver todo el lugar, era una especie de cava donde habían instalado una enorme pasarela y alrededor había montadas unas 10 pequeñas mesas y una enorme barra de bebidas con unos cristales gigantes que era atendida por dos bellas mujeres de cabellos rosados. El lugar estaba casi lleno, eran cerca de las 9 de la noche cuando frente a mí un pequeño hombre se presentó. Era George, con un inglés bastante peculiar nos ofreció que nos sentáramos a disfrutar de una bebida en lo que llegaba Eloise, la encargada de este lugar y quién me podría dar más información de ella.

Bebimos un par de tragos mientras respondía todas las interrogantes que Freya tenía sobre México y sobre mi vida personal, decía que durante años había deseado entrar a este sitio por lo que cuando Tony le pidió que nos acompañara no le costó trabajo decidirse, se le veía excitada, parecía no comprender las razones que tenía para cruzar el mundo tan solo por buscar a alguien. De pronto ante mí una hermosa mujer delgada de ojos azules y cabello blanco se presentó, era Eloise, ella se sentó a mi lado y comenzamos a platicar acerca de ella, me observaba con atención, al igual que Freya no lograban entender que viniera de tan lejos para buscarla, pero sus ojos brillaron cuando dije que haría lo que fuera por tenerla frente a mí. Me pidió que disfrutara de la noche, que tendría que esperar para conocerla y que tendría que pagarle 1,500 euros para poder incluirme en la lista. Me pareció ridícula la oferta, no tenía certeza de que sucedería, pero accedí a pagarle los 1,500 euros. En ese instante un par de mujeres con los torsos desnudos se acercaron a nosotros y me tomaron de las manos para conducirme a un salón aún más pequeño detrás de los grandes cristales desde donde se podía tener una visión total y disfrutar de la fiesta, en aquel salón pude distinguir a varias parejas de gente adinerada bebiendo y disfrutando de la champaña mientras frente a ellos un par de mujeres tenían sexo encima de un escenario más pequeño. En el centro del salón había una gran cortina cubriendo lo que parecía ser una columna.

Mis ojos se adaptaban a la oscuridad y luces rojas de aquel espacio, de pronto con una botella de Moët en la mano y dos copas apareció ante mí nuevamente Eloise.

– A este lugar se accede solo en parejas, por eso seré tu compañera esta noche – me dijo.

Sonreí y le pedí que me explicara que era lo que sucedía en este salón.

–  A este salón llegan las parejas más ricas de toda Grecia buscando tener una experiencia única Brucolaco, durante las primeras horas observan desde este espacio a los hombres y mujeres que acuden al club y eligen a alguien a quien desean integrar por una noche a su intimidad.

Mientras ella me iba explicando las reglas, yo observaba a mi alrededor a parejas de heterosexuales, homosexuales y lesbianas que buscaban entre los asistentes al lugar a aquél a quien quieren tener esta noche como si eligieras una langosta para cenar esta noche.

– La gente que viene a este sitio está consciente de que pueden ser elegidos, por eso vienen vestidos de gala intentando seducir a quienes están detrás de la barra, de lo contrario tendrán que conformarse con divertirse hasta la 1:00 a.m. para después ser desalojados ya que la verdadera fiesta va a comenzar.

La observé fijamente y le cuestioné sobre la verdadera fiesta, pero ella no cedió y me pidió que eligiera entre las personas que estaban afuera para integrarla a nuestra mesa esta noche. Sonreí nuevamente, afuera pude ver a Tony intentando ligar con una mujer asiática mientras Freya bebía sola a un costado de la barra. Recordé la emoción de ella mientras entrabamos a aquel sitio y le dije a Eloise que deseaba que Freya fuera quien nos acompañara. Ella sonrió mientras me preguntaba si estaba seguro de tenerla aquí ya que le parecía poco atractiva, pero insistí en que deseaba que estuviera aquí. Al igual que a mí, una mujer de torso desnudo se acercó a Freya y la acompañó hasta entrar al salón y la llevó hasta nuestra mesa, Eloise le sirvió una copa y le pidió que se uniera a nosotros mientras le explicaba las reglas aplicables a aquellos que son invitados a este sitio. Freya parecía dudar, me miró a los ojos y de pronto dijo que aceptaba hacer lo que le ordenáramos.

Bebimos y platicamos del viaje, de mi amante helénica Idylla así como de los años en que estuve buscando como encontrar aquello que había venido a buscar. El tiempo avanzó y justo a la una de la mañana la música en el salón principal se detuvo, las personas ahí salieron decepcionadas y un poco ebrias por no haber podido pasar el casting para acceder a la verdadera fiesta. De pronto una luz iluminó el espacio donde se encontraba la cortina que ahora quedaba en el centro del escenario, del fondo de aquel sitio salieron unas 20 mujeres desnudas que caminaron entre las mesas y nos ordenaron desnudarnos. Nos entregaron una bolsa donde colocaríamos nuestras pertenencias y nos dieron únicamente una toga para cubrir nuestros cuerpos y un par de sandalias artesanales. Pude disfrutar del contraste de los cuerpos de Eloise y Freya. Eran como el agua y el aceite, sin embargo, me excitaba la actitud segura de Freya y como se sentía orgullosa de sus grandes pechos blancos y de sus amplias caderas.

La música comenzó a sonar y en ese momento colocaron viandas al centro del salón y grandes jarrones con vino que nos dieron a todos la sensación de estar en un verdadero festín del mismísimo Baco. De pronto Eloise me tomó de la mano y yo tomé la de Freya mientras nos acercamos al centro del salón, acercó mi mano a la cortina de terciopelo y me pidió que descubriera lo que había debajo de ella. Jalé con fuerza y de pronto ella estuvo ante mí en aquel salón de la lujuria la escultura de la Venus de Alétheia, era una bella figura de grandes pechos redondos, unas largas piernas de donde sobresalían sus nalgas grandes y en forma de durazno. La voz de una mujer en el sonido local dio indicaciones y todos los asistentes comenzaron a sentirse cómodos. Estaba ante mí la diosa del placer, no podía sentir más que placer de haberla encontrado pero mi historia estaba lejos de culminar. Eloise y Freya se besaban ante mí mientras sus manos exploraban sus cuerpos por encima de la ropa. De pronto ambas dieron una pausa y me integraron al trío, era asombroso, nuestros labios se unieron mientras al igual que los demás asistentes nos unimos en una orgía alrededor de la figura de la diosa de placer en tributo ante su gran belleza. En un instante la imagen era increíble, sacada de un viejo libro sobre las prácticas dignas de Sodoma y Gomorra. Los cuerpos desnudos teniendo relaciones junto a nosotros. Yo en el piso siendo montado por Freya que cabalgaba con vigor sobre mi verga que estaba a punto de explotar en su interior y Eloise ofreciéndome su sexo para ser besada y explorada por mi lengua mientras ella a su vez introducía sus dedos en la vagina de otra mujer que estaba masturbando a dos tipos de monstruosas vergas oscuras. Los gritos y gemidos se mezclaban con la música, muchos no hablábamos el mismo idioma, pero nos comunicábamos perfectamente con nuestros cuerpos. Todo era increíble, Eloise derramaba el vino sobre su cuerpo mientras yo bebía de su entrepierna. El sabor y la excitación coincidieron en el momento en que Freya se corría sobre mí mientras otra mujer acariciaba sus pechos y se fundían en un largo beso.

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