Monday, 24 Jun 2019

La Venus de Alétheia – Parte 1

A mi llegada al aeropuerto abordé un taxi y le indiqué como pude la dirección del hotel al conductor, había preparado durante cinco años este viaje a Grecia con la premisa de conocerla. Durante el camino el conductor y yo intentamos comunicarnos en una mezcla extraña de español, inglés y un poco de italiano mezclado con lo poco que yo aprendí de griego y con la ayuda del traductor de Google. Después de una hora de viaje llegamos a la entrada del hotel, ahí después de registrarme comencé a seguir mi plan de viaje. Tomé mi iPad mientras llamaba a la recepción para que me subieran a la habitación algo de comer.  Abrí una de las ventanas y saqué al balcón una silla, deseaba disfrutar de la vista de Atenas, esta ciudad tenía algo especial, me atraía sobremanera por ser no solo una ciudad de más de treinta siglos de historia, además había sido el lugar donde grandes artistas, filósofos y escritores moldearon a cultura occidental que fue prácticamente creada en esta tierra.

Esperé a que llegara la noche para comenzar la expedición, deseaba recorrer las calles y conocer la escena nocturna de una de las ciudades más antiguas de este mundo. Mi intención era explorar sus clubes y la vida nocturna. Bajé a la puerta del hotel y tomé un taxi, me dirigí a Thissio uno de los barrios más típicos de Atenas con el objetivo no solo de conocer la historia del mítico Teseo y su hazaña para asesinar al Minotauro, mi intención se centraba esta noche en reunirme con Idylla, una bella mujer que había contactado en un foro de viajes con el fin de que me ayudara a planificar mi estancia en Grecia y que después de un par de pláticas nocturnas nos habíamos convertido en una especie de cibernovios y cada cierto tiempo nos llamábamos para pasar un buen rato. Me pareció justo verla al principio del viaje ya que después de tanto tiempo finalmente nos conociéramos y podríamos quizás concretar tantas promesas y frases sobre lo que le haríamos al otro si lo tuviéramos de frente. Al llegar a Thissio caminé un par de calles mientras observaba a la gente en los cafés y galerías, la mayoría turistas que al igual que yo intentaban comunicarse con los locales mediante señas y los locales se burlaban en cierta forma de nuestro desconocimiento del griego. Tomé asiento en uno de esos cafés que colocan mesas en la calle a esperarla, de pronto, en la acera de enfrente apareció ella, una bella ateniense de 32 años de largas piernas y cabello rubio que era mucho más bonita en persona.

Nos abrazamos y como típicos adolescentes preguntábamos cosas muy estúpidas cuando lo que más queríamos era salir de ahí y buscar un sitio más íntimo para aprovechar el tiempo. Sin embargo, tomamos un café y charlamos sobre el viaje como si no sintiéramos la necesidad de arrancarnos la ropa. De pronto un roce de mis manos sobre las de ella rompieron la distancia y sin más salimos de aquel sitio y ella me llevó a un pequeño hotel a una calle donde nos apresuramos a entrar a la pequeña habitación. Nos besamos, mientras lo hacíamos nos despojamos de la ropa hasta quedar totalmente desnudos. A pesar de nunca haber estado frente a frente nuestros cuerpos se reconocieron, durante años describimos cada caricia y repasamos en nuestras mentes las cosas que deseábamos hacerle al otro, por lo que no fue difícil que nuestros sexos se encontraran y que llegáramos al primer orgasmo rápidamente. No era suficiente, ella se recostó boca abajo sobre la cama y sus nalgas quedaron frente a mí, entre ellas aparecía tímidamente su hermosa vagina rosada y húmeda. Me coloqué detrás de ella, tomé mi verga que ya estaba rígida nuevamente y la coloqué entre sus labios, recargué un poco mis manos y penetré su estrecha cavidad poco a poco mientras ella gemía por el placer que provocaba mi miembro conforme iba avanzando en su interior.

Ella se mantenía inmóvil debajo de mí mientras con mis manos la sujetaba de los hombros para intentar estar lo más adentro posible de vagina. Sus manos se aferraban a la cama y sus gritos en un lenguaje desconocido para mí me ponían mucho más caliente de lo que ya estaba. Sus piernas apretaron mucho más mi verga haciendo más placentera la penetración, ambos llegamos al mismo tiempo al orgasmo mientras nuestros cuerpos caían rendidos ante tanto placer. Decidimos tomar un poco de aire y simplemente besarnos. Había sido mucho mejor de lo que pensamos, ella comenzó a confesar que salía con algunos tipos pero que casi siempre regresaba insatisfecha porque no la hacían sentir lo que sentía en nuestras charlas. Yo tuve que reconocer que ella me excitaba mucho y que disfrutaba mucho de esas tardes en que nos conectábamos y donde en más de una ocasión casi me atrapan en la oficina masturbándome para ella.

Nuestros cuerpos deseaban seguir y durante las siguientes horas nos dejamos guiar por las ganas y tuvimos sexo una y otra vez hasta que llegó la hora de irnos. Subimos a un taxi y la llevé a su casa, yo deseaba quedarme todo el tiempo a su lado, sin embargo, ella tenía una vida y no podía más que dedicarme esas horas y regresar a ser quien era en su vida diaria. Durante el regreso al hotel mi piel se erizaba con solo recordar su piel, el contacto de sus manos y el aroma de su sexo húmedo con aroma mediterráneo. Llegué al hotel y pude recordar que a pesar del placer que pudiera sentir por Idylla este viaje estaba totalmente impulsado por otras razones. Bebí una copa de vino, tomé un baño y me fui a la cama.

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