Saturday, 22 Sep 2018

Fantasía…

Llegó a su habitación y comenzó a despojarse de su ropa, se miraba en el espejo mientras con un gesto de desgano se iba quitando las prendas hasta quedar solo con el sostén y un cachetero de encaje blanco, su piel morena contrastaba con las prendas que apenas cubrían sus formas, era una mujer hermosa con grandes ojos negros, su cuerpo era totalmente latino, destacaban de inmediato sus amplias caderas y una cintura breve donde justo encima de su abdomen te atraían sus grandes pechos redondos que intentaban desbordar las copas que los sujetaban.

Se quedó ahí preguntándose las razones por las que tenía que desnudarse sola, se colocó de lado y se apretó las nalgas mostrando la firmeza de su cuerpo, observó sus piernas y recorrió con sus manos su espalda hasta llegar al broche del sujetador y dejó libres sus grandes pechos que al sentir el roce del aire provocó que sus pezones oscuros se pusieran algo rígidos, dejó el sujetador y con sus manos levantó sus pechos comparándolos con el recuerdo de épocas más tempranas de su vida.

Intentaba responderse las razones por las que no existía alguien que desvistiera y que le dijera que sus pechos eran perfectos, que los cubriera con sus manos y que acercara sus labios para besar sus pezones. Cerró los ojos y comenzó a desear que ese hombre estuviera aquí. Desnudarse para él o que fuera él quien le quitara cada prenda y le recorriera el cuerpo con sus manos. Deseaba sentir sus manos grandes y fuertes arrancándole la ropa y que le susurrara al oído lo mucho que le excitaban sus formas, la redondez de sus nalgas y la tibieza de sus grandes pechos.

Dejó escapar un suspiro y abrió los ojos, detrás de la imagen en el espejo estaba él, sintió que el corazón se le detenía y estuvo a punto de gritar por la sorpresa, de su boca no salía una sola palabra, él se acercó por detrás de ella y le besó en el cuello mientras le decía en voz baja que él estaba aquí para complacer sus fantasías. Sus ojos brillaron, su cuerpo no respondía como siempre, su piel se erizó y las piernas comenzaron a temblarle. Balbuceó un par de palabras y él la tomó por el rostro y la calló con un beso cálido donde su lengua invadió su boca como nadie lo había hecho hasta ahora. El corazón estaba a punto de estallarle, sus manos buscaban tocarlo y ver si era real este hombre, no dejaba de pensar que estaba soñando pero al sentir el cuerpo de aquel hombre su miedo se convirtió en excitación, su cuerpo comenzó a bombear más sangre de la normal y cada roce de aquel hombre, le causaba placer, su respiración comenzó a entrecortarse al sentir la lengua de él jugando cerca de su oído.

El colocó sus manos sujetando sus pechos desnudos y el simple roce de sus dedos formando círculos en sus pezones le hicieron humedecer su entrepierna. Podía sentir el aroma a musgo y madera de aquel hombre que le inundó el sentido del olfato. Él estaba tocando los lugares correctos como si la conociera y supiera que hacer en el momento justo, una de las manos de este hombre se deslizó hacía abajo y se introdujo debajo de su pequeña prenda de encaje buscando tocar su entrepierna, el roce de los dedos sobre sus labios que hervían del deseo en ese momento la hicieron gemir y recargar sus nalgas sobre la entrepierna de él donde pudo sentir su miembro erecto debajo de su pantalón. El dedo medio de aquel hombre se abrió paso entre sus labios húmedos que le obligaron a apretar sus piernas y disfrutar del roce.

Él la acercó al espejo y le pidió que se recargara en el marco mientras la hacía reclinarse un poco hacia el frente mientras él se arrodilló detrás de ella y con sus manos hizo que abriera las piernas para dejar justo frente a él la vulva palpitante. Acarició sus grandes nalgas y las abrió para acercar su cara y besar sus labios agridulces arrancándole un fuerte gemido que intentó ahogar mordiéndose los labios. Con cada beso ella sentía una corriente eléctrica recorrer su espina dorsal y de su interior un torrente escapaba para mojar a aquel hombre que bebía con ansiedad cada gota que salía de ella. Se aferró a sus piernas mientras ella intentaba verle por el espejo y saber qué demonios estaba haciendo aquel hombre que le causaba tanto placer, de pronto la lengua de aquel hombre abrió sus labios hinchados y de pronto él le comenzó a recorrer la vulva con la punta de su lengua formando círculos que rozaban en cada intento su clítoris que comenzaba a hincharse y que le provocó que comenzara a menear su trasero sobre el rostro de aquel hombre. Sus piernas estaban a punto de rendirse con cada lengüetazo, sentía que desfallecería en cualquier momento.

La lengua de aquel hombre seguía explorando y de pronto se colocó justo en la entrada de su vagina y de alguna manera logró comenzar a introducirse y extraer en cada arremetida un poco más de la humedad de su sexo con aroma a mar. Ella no soportaba más, estaba a punto de llegar y le suplicó que no se detuviera, pero él tenía otros planes, retiró su rostro y sutilmente comenzó a soplar levemente sobre los labios hinchados y la vulva rosada de ella, los gritos de ella al sentir el contacto del aire frío eran deliciosos. La hizo hincarse, era tiempo de acabar con el sufrimiento de ella, la empinó hasta dejar su pequeño ano apuntando hacia él, se sacó el miembro rígido y lo colocó entre sus labios mojados, no le fue difícil introducirse en ella, podía sentir las palpitaciones de su sexo abrazando el mástil carnoso que se abría paso en aquella estrecha cavidad que conforme era ocupada por su miembro le cortaba la respiración a ella. Empujó dentro de ella hasta que sus testículos chocaron con sus labios, sus manos recorrían la espalda. De pronto sintió como aquel hombre dejó caer entre sus nalgas un poco de saliva para introducirle el dedo índice en su ano apretado y que extrañamente le hizo aumentar aún más a ella las sensaciones.

Él comenzó a entrar y salir de ambas cavidades empujando con más vigor en cada arremetida, ella gemía aún más y sus sexos chocaban mojándolo todo, sus gritos de placer podían escucharse fuera de la habitación, sus manos se aferraban al tapete mientras él se movía en diferentes direcciones y con mayor fuerza, con sus manos dejó de sujetar sus caderas y la tomó de los brazos para lograr penetrarla cada vez con más profundidad. Ella ya no sabía qué hacer, sus piernas temblaban, su cuerpo perdió el control y de pronto su cuerpo se estremeció dejando escapar chorros desde su sexo. Su cuerpo temblaba apretando una y otra vez el miembro de aquel hombre hasta que una sensación cálida inundó su cavidad mientras él se acercó por detrás y le mordió la espalda mientras sacaba su miembro escurriendo provocando con ello que una vez más su cuerpo tembloroso dejara escapar sin control grandes chorros de sus jugos.

Unos minutos después su cuerpo recobró el sentido, el silencio en la habitación le hizo voltear, él ya no estaba ahí, lentamente se incorporó y de su sexo escurrían los jugos que recorrían sus piernas hasta llegar al piso. Se miró en el espejo tratando de explicarse lo sucedido, se dijo a si misma que había sido solo un sueño o que las ganas le habían hecho imaginar todo, en ese instante pudo notar en el reflejo una marca en su espalda. Sonrió satisfecha, finalmente había encontrado la forma de invocar a su pequeño demonio que sin duda le cumpliría cada una de sus fantasías.

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