Wednesday, 17 Oct 2018

Entre dos cuerpos

Como cada tarde ella se colocó sus leggins, se puso los tenis, ató sus agujetas y salió a correr, tomó su auto y se dirigió al Bosque de los Colomos, no estaba cerca a su casa, pero le encantaba adentrarse en la pista y olvidar todo, le encantaba el clima, el silencio y la sensación de estar lejos aún cuando se encontraba a mitad de la ciudad. Bajó de su auto, se colocó sus audífonos, puso su música favorita y se dispuso a acabar con toda esa energía que fluía por su cuerpo. Mientras corría se encontraba con parejas buscando algo de privacidad para besarse o abrazarse y eso la hizo perder la concentración, solo deseaba encontrar a alguien que le hiciera gastar toda esa energía en un ejercicio más íntimo.

Sonrió y siguió corriendo, de pronto recordó a aquel hombre, no le conocía, pero estaba segura que tendría manos firmes, no muy musculoso, con voz grave y un delicioso aroma a maderas que lo hacía aún más deseable, su ritmo cardíaco comenzaba a acelerarse. Deseaba encontrarlo en alguna de aquellas frondosas arboladas. Pensaba que estaba enloqueciendo, quizás era el resultado de leer sus historias y querer convertirse en alguna de esas mujeres que recibieron sus caricias. Siguió corriendo y justo al llegar a la zona de los estanques lo vio ahí sentado con un libro entre sus manos y un termo a su lado en el que estaba segura que contenía el vino tinto del que tanto hablaba en sus historias.

Su respiración se aceleró, de pronto vinieron a su mente las historias y se dio cuenta que ya había leído este encuentro en una especie de “deja vu” pero extrañamente la historia no era de él, sino de otro. Se detuvo unos metros antes de llegar al lado de aquel hombre y su libro, algo no estaba bien, miró hacia los lados y pudo distinguir a otro hombre desde la baranda del centro cultural observándole. A lo lejos pudo distinguirlo y él simplemente le sonrió como si supiera todo lo que estaba sintiendo. Al voltear su mirada Bruno ya estaba frente a ella, sus piernas comenzaron a temblar al escuchar su voz saludándola, ella estaba contrariada, pero comenzaba a sentir excitación al pensar que finalmente tendría la oportunidad de cumplir sus fantasías. No dejaba de pensar en Xavier observándolos. Bruno sintió la presencia de Xavier y sus miradas se cruzaron en ese instante, con un gesto perverso ambos iniciaron un juego extraño con aquella mujer. Ahí uno de ellos le tomó de la mano y la llevó hacía una vereda más alejada, no sentía miedo, pero su cerebro parecía estar desconectado, solo podía percibir su aroma mezclado con el olor a pino con un toque de vino. Sus manos eran como las había imaginado, fuertes, grandes y su voz la había hecho comenzar a humedecerse.

Le llevó hasta debajo de un gran roble, la recargó sobre él y con sus manos le tomó del rostro mientras acercaba sus labios, ella solo atinó a cerrar los ojos y disfrutar el intercambio de caricias mientras sus lenguas se entrelazaron en un jugueteo extremo. Las manos de él comenzaron a recorrer sus formas, bajando por sus hombros hasta llegar a la frontera de sus senos redondos que comenzaban a mostrar su excitación marcando sus pezones por encima de la ropa. No podía creer que estaba sucediendo. Había ansiado tanto tenerlo entre sus brazos y entre sus piernas, acercó su cuerpo y pudo sentir el miembro de él creciendo rápidamente. Eso la puso más caliente, deseaba sentirla palpitar dentro de ella. Él comenzó a bajar lentamente con sus labios mientras sus manos liberaban del sujetador sus hermosos senos que al roce del viento fresco se erizaron. Cada uno se hizo cargo de un hemisferio de la anatomía de ella. Era una sincronía perfecta en silencio, mientras uno acariciaba sus pechos lamiendo y succionando sus pezones otro besaba su espalda hasta llegar a sus hermosas y redondas nalgas. Juntos unieron sus manos y le despojaron de sus leggins y su ropa interior. Se acercaron y el intercambio de besos y caricias comenzaron a recorrerle el cuerpo que por el aire fresco y las sensaciones de 10 dedos recorriéndole le hicieron mojarse aún más. Uno de ellos dio un paso atrás mientras sacaba de entre su bragueta su miembro rígido. La hicieron abrir sus piernas y agacharse hasta quedar frente a la verga palpitante, ella sin pensarlo la colocó en su boca y comenzó a lamer de arriba a abajo aquel trozo de carne mientras él acariciaba su espalda con una mano y con la otra apretujaba uno de sus senos.

Los gemidos de ella escapaban mientras succionaba a aquel hombre provocadas por el otro sujeto que hincado detrás de ella exploraba a lengüetazos el sexo cálido y húmedo de ella que sin más esfuerzo la hizo llegar al orgasmo y brindándole una lluvia que fluía de su interior. El sonido de los pájaros, los árboles moviéndose y el agua fluyendo fue interrumpido por un par de pequeños gritos de ella mientras recargaba sus nalgas sobre la cara de aquel hombre. No había terminado de disfrutar la sensación de sus labios y su lengua sobre su sexo cuando el hombre con la verga hinchada por sus labios la tomó de las caderas y la levantó hasta recargarla sobre el árbol. La corteza áspera no le desagradó y de pronto él la comenzó a dejar caer sobre el mástil carnal que se encontraba entre sus piernas. Ella gimió al sentir como atravesaba sus labios vaginales con aquel pene ardiente. Aquel hombre se aferró a ella mientras el vaivén de sus cuerpos bailaba una melodía en aquel espacio, el cuerpo desnudo de ella hacía contraste con la vegetación. Ella comenzó a mojarse aún más sintiendo como su sexo era ocupado por aquella verga. Abrió nuevamente los ojos y vio al otro hombre acercarse, pudo distinguir entre sus piernas el miembro desnudo, erecto y listo para estar dentro de ella.

De pronto en un solo movimiento la colocaron entre ambos, su vagina seguía ocupada con el miembro de uno de ellos mientras el otro se colocó por detrás de ella y poco a poco fue penetrando su pequeño ano fruncido con uno de sus dedos. Ella gimió con más fuerza y entre cada uno de ellos pedía que no se detuvieran, que deseaba sentirlos a los dos. Parecía que conocían sus deseos porque cada uno estaba ahí cumpliendo con cada una de las cosas con que había fantaseado mientras leía las historias de ambos por las noches. Era el momento justo y de pronto atravesó su pequeño orificio con su verga rígida que poco a poco avanzaba en su interior. Ella comenzó a respirar con dificultad mientras sentía palpitar ambos miembros en su interior. Sus uñas se enterraban a la espalda de uno de ellos mientras sus piernas comenzaban a mostrar cansancio.

No había un espacio de su cuerpo que no estuviera siendo utilizado, las manos de ellos estrujaban y se aferraban al pequeño cuerpo mientras ambos describían en su oído la manera en que deseaban tenerla nuevamente junto a ellos. La excitación era máxima, de pronto su cuerpo comenzó a estremecerse entre ambos, su cuerpo se tensó y mientras de su boca escapaban algunos gritos, de su sexo brotó un torrente con aroma a mar, justo al llegar al clímax su cuerpo se desvaneció entre ambos y perdió el conocimiento.

La voz de un hombre le despertó, abrió los ojos y se encontró en su coche, su cuerpo sudaba y afuera del auto un guardia del parque le informaba que estaba a punto de cerrar las puertas de acceso. Contrariada encendió su auto y se dirigió a casa. Se miró en el retrovisor, no entendía lo sucedido, sonrió pensando que todo había sido una fantasía, encontró una explicación pensando que la soledad y los deseos que despertaban las letras de aquellos hombres desconocidos le habían provocado esto. Llegó a su casa y se metió al baño, se sentía exhausta, abrió la llave de la regadera y se dispuso a quitarse la ropa, ahí fue donde la invadió una sensación extraña, las marcas en su espalda le hicieron darse cuenta que las fantasías se cumplen y que desde hoy su historia con ambos provocará las fantasías de alguien más.

Xavier y Brucolaco

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: