Saturday, 22 Sep 2018

En el Cine

Aún recuerdo aquella tarde, el maestro no había llegado a darnos la última clase así que algunos se fueron a casa y otros nos quedamos a platicar sobre los exámenes finales y todo eso. No habían pasado más que algunos minutos y solo quedamos Mariana y yo. En casi dos años en la facultad si habíamos cruzado un par de veces palabras era demasiado, la miré ahí como yo sin nada que hacer por las próximas dos horas. Aún no entiendo de donde salieron las palabras pero terminé invitándola al cine. Para mi buena suerte, ella accedió a la invitación con la condición que ella elegía la película.
Mariana era la clásica niña de buena familia a la que no le hacía falta nada en la vida o al menos eso creía ella en esa época. Yo por el contrario era el nerd de la clase y no era muy popular en esa época pero ambos decidimos aprovechar esas dos horas de libertad.
Ya en el cine nos quedamos viendo la cartelera y ella muy segura pidió los boletos para una película donde decía que salía o producía Gael García, así que me dispuse a pagar los boletos y a entrar al cine para comprar palomitas y alguna bebida. Para romper el hielo le pregunté que tipo de películas le gustaban y obviamente me mencionó puras cintas románticas con los galanes de moda que encontraban el verdadero amor. Así que supuse que me pondría una aburrida de lo peor. Nada más lejos de lo que sucedería.
Entramos a la sala y me sorprendió ver que solo eramos cuatro personas en la sala, y los avances ya estaban proyectándose en la pantalla. Entramos con prisa, ella me indicó con la mano que nos sentaríamos en la última fila a lo que accedí. La cinta comenzó, ella seguía esperando que apareciera Gael, pero en la pantalla una mujer encerrada en su departamento mostraba una cruel soledad y en un instante comenzó a masturbarse pensando en un amante del pasado.
Los minutos pasaban y Gael brillaba por su ausencia, por el contrario la mujer se hacía de la compañía de un amante y comenzaba a tener sexo salvaje y escatológico, la otra pareja que estaba unas filas delante de nosotros abortó la misión y enojados salieron mentándole la madre al cine o a quien había dirigido la película.
Ahí pensé que ella me pediría que nos saliéramos también de la sala pero por el contrario pude sentir como su respiración se entrecortaba mientras a la protagonista le penetraban una y otra vez con fuerza. Mariana comenzó a abrir sus piernas y tomó mi mano y la colocó frente a su sexo del que emanaba un calor delicioso, no tuvo que decirme más. Acerqué mis dedos a su pequeña pantaleta rosada y pude sentir la humedad que corría entre sus pequeños y suaves labios vaginales. 
Lentamente comencé a frotar por encima de aquella pequeña tela mientras ella se acercó y nos besamos de forma salvaje. En ese momento metí mi mano dentro de su pequeño calzón y hundí mis dedos entre sus labios y comencé a masturbarle lentamente, podía sentir su vulva palpitando mientras ella bajó su mano y comenzó a frotarme el pene que en esos momentos estaba ávido de que lo liberarán de su encierro. Ambos de vez en vez poníamos atención a la puerta del cine esperando que no nos descubrieran antes de que pudiéramos terminar. Ella sacó de su cautiverio mi pene hinchado y comenzó a jalar con fuerza lo que provocó que se pusiera más duro.
Hundí dos de mis dedos dentro de su vagina y ella estuvo a punto de gritar pero logró morderse los labios y ahogar el grito. Me miró, yo ya estaba a punto de correrme y ella parecía que también estaba por llegar. Sin decir más se levantó dio un par de pasos, se colocó de espaldas hacía mi y tomó con fuerza mi verga, se la acomodó y se la hundió por completo mientras en la pantalla la protagonista se masturbaba frente a nosotros.
Se comenzó a mover en círculos, no podía distinguir si los gemidos eran de ella o de la mujer en la pantalla, pero si podía sentir como frotaba sus manos sobre su vagina acariciando de vez en vez mis testículos hinchados. Ambos estábamos como locos, no nos importó nada y simplemente me aferré a sus caderas y ella se tomó de mis rodillas con fuerza hasta que nuestros fluidos se encontraron y comenzaron a escurrir de nuestros sexos.
Ella se levantó, se quitó los calzones y se limpió mientras regresaba a su lugar. Yo rápidamente me volví a meter el pene dentro del pantalón y fue ahí cuando ella se acercó, me besó y me regaló sus bragas húmedas no sin antes decirme que nada de esto se volvería a repetir
 
Brucolaco Strigoi

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