Sunday, 18 Nov 2018

Delirando.

No sé bien si dormía o no, solo recuerdo que durante la noche sentí el calor y su aliento, cada minuto que estaba ahí me parecía que duraba menos de 60 segundos, transcurría rápidamente y yo trataba de que se prolongara un poco más, la cobije entre mis brazos, la protegí del mundo, su piel se sentía tan suave, su rostro aún cuando dormía era fantástico, sus labios rojos me atraían y el ritmo de su respiración era la música que me acompañaba esa noche.

Comencé a recorrer con mis labios sus hombros, me fui acercando a su cuello lentamente, no quería dejar un solo espacio sin besar, llegue a su lóbulo y con mi lengua lentamente acaricie el contorno de su oído, era delicioso sentir el aroma de su cuerpo, acaricie con mis manos su cabello, ella no se movía pero comencé a sentir su respiración más fuerte. Seguí con las caricias, baje mi mano por su espalda y comencé a acariciarla suavemente. En ese punto no sabía si detenerme, finalmente ella había llegado a mi lado esta noche con la intención de sentirse protegida, si ella supiera que estoy enamorado desde que la vi en la primaria, que siempre he sido su protector, que odié tanto a cada tipo que le rompía el corazón simplemente porque la amo y que me mantuve a su lado todos estos años esperando que algún día volteara hacia mi y me quitara la etiqueta de amigo.

La sensación de culpa por estarme aprovechando apareció en mi cabeza, el remordimiento de estar rompiendo con algo tan complejo como lo es la amistad me invadió de repente, quite mi mano de su espalda y la coloqué sobre la de ella mientras me convencía de que estaba haciendo lo correcto. Fue ahí que su mano tomó la mía y la colocó en sus pechos, con una voz suave me invito a continuar, me pidió que no me detuviera. Por unos segundos me quede petrificado, era el sueño de mi vida, como cuando me dio ese beso en la frente y no pude dormir las dos noches siguientes. Giró su rostro y quedo frente a mí, sus labios se abrieron un poco y comencé a besarlos, eran deliciosos, gruesos y suaves con ese característico sabor a cereza que aún hoy me vuelve loco. Se quitó el camisón y dejo al aire sus pechos, esos que siempre me estuvieron negados y hasta ahora entendía porque, yo simplemente era un mortal queriendo conocer esos senos divinos. Me retiró el pants y el bóxer rápidamente, se acercó y me dio un beso al momento en que comenzó a acercar su sexo al mío. Lentamente sentí como me iba adentrando en ella, al llegar al fondo lanzó al aire un pequeño gemido y comenzó a moverse en círculos, yo sentí que ahí en un santiamén iba a estallar de tanto placer. Ella siguió con su labor, yo le acariciaba las caderas con una mano y con la otra jugaba con uno de sus pezones erguidos.

Estuvimos en una lucha cuerpo a cuerpo intentando provocar que el otro se rindiera de placer. En un instante todo comenzó a ser más fuerte, agresivo como si nuestro lado animal saliera a la luz en este momento. Yo lo disfrutaba muchísimo, cerré los ojos tratando de evitar estallar pero estaba a punto de correrme y en ese instante ella comenzó a gritar cada vez más fuerte. De pronto se hizo un silencio en aquella habitación, yo solo recuerdo sentirme sudoroso y cansado.

Había sido increíble, abrí los ojos y ahí estaba ella, con la cara de preocupación y con un tipo con pinta de doctor al lado.

– ¿Ya te sientes mejor niño?, haz tenido mucha fiebre mientras dormíamos y tuve que llamar al doctor, dice que te recuperarás- dijo enojada y me comenzó a reclamar

– Mira que vine a que me cuidaras y terminé cuidándote yo, valiente protector tengo – dijo mientras me veía con sus grandes ojos fijamente.

Sonreí, me quede viéndola fijamente recordando lo sucedido y solo atiné a decir

– Muchas gracias, especialmente por estar a mi lado –

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