Saturday, 16 Nov 2019

Cada mañana

Cada mañana cruza la puerta corriendo mientras intenta hacerse una coleta, observa el aparador y ordena un café americano. El ritual matutino incluye la búsqueda por unos minutos de su monedero mientras murmura insultos para el pequeño contenedor de piel que pareciera tener un humor muy negro.
 
Intenta beber un sorbo y como siempre se quema esos hermosos labios rosados, camina torpemente hasta colocarse en el lugar de costumbre; saca con prisa su computadora y se pierde entre murmullos y maldiciones. Se instala en ese pequeño espacio y de su mochila emergen un sinnúmero de objetos que comienza a acomodar en la pequeña mesa.
 
Con gran facilidad saca un lipstick y se pinta los labios mientras coloca sus gafas redondas que le hacen ver aún más joven sobre sus ojos cafés. Conecta sus pequeños audífonos, bebe otro sorbo de café que recorre sus labios hasta llegar a su garganta y es en este momento que cierra los ojos disfrutando del ácido sabor de aquella infusión y su rostro comienza a tomar color provocando que sonría como cada día que le encuentro en este espacio.
 
Levanta la mirada y se encuentra con mi rostro como cada mañana, mira a su alrededor pero sigo siendo invisible ante sus ojos, dirige su pequeña mirada a la pantalla, escribe unas cuantas palabras y espera respuesta mientras bebe otro pequeño sorbo de café.
 
Sonrío, es realmente hermosa, a sus 23 años parece apenas haber salido de la pubertad. Ella sigue absorta esperando de alguna respuesta. Es tiempo de irme, tomo mi café y el periódico, camino frente a ella pero sigue sin notar mi presencia; salgo de la pequeña cafetería y avanzo unos pasos, tomo mi teléfono para responder su saludo e iniciar nuestra clásico coqueteo matutino donde ella me retroalimenta con las sensaciones que le provocó mi última historia y me confiesa que como lectora anhela poder tenerme frente a ella e inspirar alguna de mis historias pero sin darse cuenta ya se ha convertido en una.
 
Por: Brucolaco Strigoi

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