Tuesday, 18 Jun 2019

Buenas noches amor mío.

Entre sueños comenzó a sentir el roce de sus dedos acariciando su cuerpo, percibió su aroma a musgo y cítricos que tanto le volvía loca, sus manos comenzaron a sudar, se resistía a abrir los ojos y quedarse con las ganas mientras se daba cuenta que estaba sola en aquella habitación. Su piel comenzó a erizarse, al imaginarlo deslizando su mano debajo de su pijama, pudo sentir como sus pezones se erizaban mientras el jugueteaba con sus dedos alrededor de sus aureolas rosadas. Por su cuerpo una corriente eléctrica la recorrió desembocando justo en su entrepierna que en ese instante comenzó a humedecerse. En ese instante con todas sus ganas deseó que él se apareciera y la hiciera estremecer hasta perder la razón.

Vera apretó sus piernas mientras con sus dedos comenzó a frotar sus labios húmedos, estaba realmente excitada, sin esperarlo sintió la lengua áspera de él jugando con su pezón izquierdo. Abrió los ojos asustada y lo vio ahí desnudo, parado junto a ella, su cuerpo semidesnudo apenas cubría su sexo con un bóxer blanco que dejaba ver su miembro rígido esperando ser liberado. Se colocó a su lado sobre la cama y con su lengua comenzó a deslizarse hacia el sur hasta llegar a su monte de Venus mientras sus manos acariciaban sus caderas. Ella comenzó a gemir mientras con cada roce de su lengua acercándose a su sexo le hacia sentir placer en oleadas. Él jugó con su lengua alrededor de sus labios y recorrió sus ingles hasta llegar al nacimiento de sus nalgas. Ella se retorcía y le pedía que ya le regalara un beso en sus labios que comenzaban a hincharse de la excitación. Pero él tenía otros planes. Se levantó y se despojó de su ropa interior dejando al aire su verga palpitante que retó a la gravedad y se mantuvo erguido apuntando hacia ella. Se colocó entre sus piernas y comenzó a frotar su pene sobre los labios de ella que lo mojaron por completo. Él se acercó a ella y se fundieron en un beso brutal donde sus lenguas lucharon por recorrer la boca del otro. La calidez de su vagina comenzó a hacer que el miembro se expandiera aún más y ella se frotaba con más ganas mientras de su boca emergieron las palabras. “Ya métemela mi amor, no me hagas esperar”.

En un movimiento hábil, él la tomó de las piernas y las levantó para meter una almohada debajo de su trasero. Se acomodó sus piernas en el hombro y apuntó con su glande al pequeño espacio debajo de sus labios húmedos, antes de todo jugó con su glande de arriba abajo para lubricar su mástil. Vera le mira y cruzan miradas de complicidad, están a punto de unirse, él empuja hasta que su glande comienza a abrirse paso en la cálida cavidad de ella que conforme ingresaba lo apretaba con fuerza como dando la bienvenida y provocando que su respiración se entrecortara. Lentamente él comenzó a hundirse en ella. Ella comenzó a morderse los labios al sentir como llenaban su vagina, podía sentir el falo ardiente hundiéndose hasta el fondo. Pequeños espasmos hacen que la verga de él siga poniéndose aún más dura. Estaba a punto de llegar hasta el fondo y ambos se tomaron de las manos acercándose hasta que sus nalgas chocaron con los testículos de él.

Él se aferró a sus piernas y sin más comenzaron un vaivén lento, casi imperceptible. Ella se acaricia los senos y con su lengua recorre sus labios para excitarlo aún más. Poco a poco el ritmo fue aumentando, él entraba y salía cada vez con más fuerza de ella, está a punto de correrse, él lo nota y comienza a moverse en forma elíptica lo que provoca que ella se estremezca y deje escapar pequeños gemidos, de su sexo comienzan a fluir ríos de sus jugos cálidos.

Vera no quiere que se termine y él pretende que solo sea el comienzo, sus manos abren sus piernas y se deja caer sobre ella, ella abre sus piernas hasta que él llega más profundo, sus manos se aferran a su espalda y clava sus uñas para indicarle que quiere correrse, él comienza a taladrar y sus sexos escurren mientras el sonido de sus sexos chocando rompe la armonía de gemidos y jadeos. Él se acerca al oído y le susurra las palabras mágicas. Ella se pierde y ambos se entregan al deseo animal que vive dentro de sus cuerpos. El golpeteo de sus sexos es brutal, él se aferra a sus hombros y ella se aferra tanto a él que pequeñas gotas de sangre escapan de la piel de su amante. Ella le grita que no se detenga, está excitada como nunca antes, sus piernas lo rodean y se aferra a él, quiere que la atraviese y hacer lo más largas posibles las sensaciones que estremecen su cuerpo gracias a él.

De pronto él se detiene, la mira perversamente, no va a dejar que ella termine así de fácil, de su sexo emana un río aún más grande, sus manos se aferran a las sábanas pintándolas con la sangre de él. Él la observa, quita la almohada de su trasero y la hace recostarse de lado, deja sus nalgas a mi disposición. Acomoda su miembro que ahora luce casi morado por la cantidad de sangre acumulada dentro de aquel trozo de carne, lo introduce fácilmente entre sus labios y se sujeta de las caderas de ella para finalmente hacerla llegar al clímax. Sus manos juegan con sus nalgas y pícaro desliza un dedo hasta su pequeño ano y comienza a rozarlo para provocarle sensaciones nuevas. Vera se prende aún más, su vagina está cada vez más apretada. Con cada arremetida de ella escapan gritos de placer donde exigía que le diera más, en otros invocaba a una deidad que le permitiera perpetuar el momento, él seguía sin detenerse hasta que él cuerpo de ella se comenzó a poner rígido, estaba a punto de correrse y él no quería dejarla hacerlo sola. Levantó una de sus piernas y se aferró a ella para bombearla con fuerza y llegar juntos al mismo tiempo, el vaivén se volvió errático, brutal y torpe, sus gritos se mezclaron y ella finalmente le exigió que le llenara la vagina con su esperma espesa y cálida que en ese momento comenzó a bañarla por dentro. El sudor de sus cuerpos y sus fluidos sexuales se mezclaron en una sustancia viscosa y blanquecina que delataba con su aroma lo sucedido en esta habitación.

Sacó su miembro del interior y ambos cayeron rendidos al lado del otro, ella estaba extasiada, su cuerpo seguía en una seguidilla de espasmos que dejaban escapar pequeños chorros de su interior. Apretaba sus piernas que seguían temblando por lo sucedido. Cerró los ojos mientras recuperaba la respiración. Abrió los ojos para besar a su amante y agradecerle por la velada. Él ya no estaba ahí, solo quedó como evidencia de lo ocurrido la humedad en su cama y los calambres de su cuerpo. Sonrió, sabía que de una u otra forma él había sido suyo a pesar de la distancia entre ambos, solo atinó a desearle «Buenas noches amor mío…»

 

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