Tuesday, 18 Jun 2019

Ary, la pequeña seductora.

Había estado pensando en él durante semanas, sin embargo, la noche anterior el deseo desenfrenado provocó que no aguantara más y se tocara pensando en él, deseaba sentir su cuerpo, ansiaba que él la tomara con sus brazos y que la hiciera suya, no le fue difícil llegar al orgasmo, le deseaba desde hace mucho tiempo y cada que leía una de sus historias ella se imaginaba como la protagonista que caía una y otra vez rendida ante las caricias y movimientos de aquél hombre.

Se levantó de la cama decidida, entró al baño y comenzó a limpiar su cuerpo mientras pensaba en él, tomó el rastrillo y el jabón, con delicadeza cubrió de espuma su sexo y pronto se despojó de los vellos hasta que su piel rosada quedó totalmente desnuda. Deseaba sorprenderlo. Siguió su ritual de belleza siempre guiada por las historias que había leído y las cosas que él más apreciaba cuando se encontraba frente a una mujer. Salió del baño mientras su cuerpo aún estaba húmedo, tomó su teléfono y le envió un saludo como lo hacía cada mañana. Esperaba una respuesta mientras con su toalla terminaba de secar cada parte de su cuerpo, en ese momento él confirmó su ubicación, ella se hizo la desentendida y preguntó casualmente si estaría ahí todo el día. Nuevamente él respondió afirmativamente, el plan de ella estaba asegurado.

En unos minutos se encargó de vaciar el armario y probarse mil atuendos hasta que recordó uno de los primeros relatos que leyó sobre él. Abrió el cajón de su tocador y eligió un par de prendas. Mientras se vestía rogaba a dios que nada en su plan saliera mal, lo deseaba tanto que poco le importó faltar a su trabajo. Se colocó finalmente una prenda, después de ello se dispuso a maquillarse, un poco de rubor, lapíz de labios, se sujetó el cabello y lo peinó para que pareciera despeinado. Finalmente aplicó un poco de perfume en diferentes partes de su cuerpo, se miró en el espejo, sonrió mientras se colocaba los zapatos de tacón dorados que sabía que a él le excitaban.

Mientras iba en camino a la oficina de él en aquel asiento trasero del Uber iba pensando en las formas en que conseguiría tener acceso a él sin darle oportunidad de que se negara al encuentro. Pasados unos minutos se encontró frente al edificio, mientras pensaba un par de mujeres salieron a buscar café dejando la puerta abierta, esa era la oportunidad que necesitaba. Al ser fin de semana el edificio se encontraba casi vacío de personal, subió al elevador y apretó todos los botones, no sabía cual era el piso donde estaba su oficina, pero estaba decidida a encontrarlo. Fue hasta que llegó al décimo piso que al abrir las puertas del elevador pudo ver su nombre en el directorio. Nerviosa caminó por el pasillo hasta la puerta de cristal que también por fortuna estaba abierta. Al cruzar la puerta una mujer le pregunto ¿a quién buscas?

Ella muy segura le dio su nombre y la mujer le indicó que siguiera de frente hasta la oficina en el fondo del edificio, agradeció el gesto y caminó decidida por un pasillo que le pareció kilométrico. Conforme avanzaba pudo verlo de espaldas sentado en su silla, ahí sin hacer nada, con un cigarrillo en la mano mientras observaba la ciudad a través de los cristales. El sonido de sus tacones le obligaron a voltear. No pudo disimular su asombro al verla ahí frente a él, siempre había intentado mantener una distancia entre ambos argumentando que había una diferencia de edad considerable, que a ella le hacía falta vivir más experiencias y muchas cosas más que pensó que la desanimarían a conocerlo.

Se acercó sin reparo y sin decir nada se despojo del abrigo quedándose frente a él únicamente cubierta por su sujetador y su pequeña tanga rosa. El la miró y sin decir más la tomó por la pequeña cintura y le sentó sobre su escritorio se levantó y se unieron en un largo beso. De pronto el quitó todo lo que le estorbaba, la hizo que se sentara sobre el espacio, subió y separó sus piernas para dejar frente a él su entrepierna. Movió hacia un lado su pequeña tanga y se acercó a probar sus labios irritados y cálidos. Comenzó lentamente a probar su sexo, introduciendo su lengua entre sus labios escarbando para beber de los fluidos agridulces que comenzaron a escapar de su interior. El se aferró a ella sujetando sus nalgas y hundió su rostro entre las piernas mientras ella subió las piernas sobre sus hombros apoyando sus talones sobre la espalda de él. Ella solo comenzaba a gemir.

No les importó que la gente pudiera verlos, era tanta la pasión contenida que siguieron sin reservas. El siguió hasta que la hizo gritar mientras el saciaba su sed. Ella abrió los ojos y mordió sus labios mientras se bajaba del escritorio para acercarse a él. Con gran habilidad desabrochó su cinturón y abrió su bragueta para sacar de su interior su verga palpitante que sujetó con sus manos. Poco a poco acercó su boca al glande rojizo mientras con su mano acariciaba sus testículos. Volteó a verlo y se introdujo todo el miembro en su pequeña boca y comenzó a chupar con fuerza mientras su lengua recorría en círculos el trozo de carne rígido en su boca que poco a poco se fue endureciendo aún más. Mientras esto sucedía él acariciaba su cabello y en instantes acariciaba su espalda tratando que ella se introdujera todo el miembro hasta atravesar su garganta.

Él no deseaba correrse en su boca, así que sin más le levantó y la hizo colocarse de frente contra la ventana después de quitarle el sujetador y dejando libres sus pechos. Ella podía ver la ciudad y la sensación de que todo el mundo podía verlos le hizo excitarse aún más, él por su parte se bajó los pantalones y lentamente comenzó a deslizar su miembro dentro de la pequeña y húmeda cavidad. Le sujetó de las caderas y empujó hasta que se unieron sus cuerpos y las nalgas de ella quedaron pegadas a su vientre. La sujetó de los pechos con sus manos y comenzó a entrar y salir de su interior mientras por sus piernas escurrían pequeños chorros de los sexos mojados.

Ella gritaba y gemía de placer, él la sujetó del cabello y comenzó a penetrarle con más fuerza haciendo que sus cuerpos provocaran un golpeteo que podía escucharse en todo el piso. Ella no dejaba de implorar a las deidades y sus piernas temblaban mientras él se salió de su interior dejando escapar un caudal de sus jugos que se derramaron sobre la alfombra. Con gran habilidad giró su pequeño cuerpo y la sujetó de las nalgas, la levantó para dejarla caer de lleno sobre su verga ardiente que sin esfuerzo encontró el camino de regreso hasta su cálida guarida. Dio un paso hasta que la espalda de ella se recargó sobre la ventana y con un frenético vaivén comenzó a penetrarla, el cristal vibraba y crujía en cada embestida sin que a ellos les importara, ella se aferró a su espalda y no aguantó las ganas de morder el hombro de su amante intentando frenar la llegada del orgasmo.

El siguió entrando y saliendo de ella, la alfombra ya estaba convertida en un lago de fluidos y siguieron escurriendo conforme se acercaban al clímax. Los dedos de él aprisionaron con fuerza sus nalgas, estaban a punto de llegar, los gritos de ella comenzaron a ahogarse y su respiración se entrecortó, su cuerpo se comenzó a poner rígida. Ella estaba a punto de correrse, sus piernas dejaron de apretarlo y los dedos de sus pies se contrajeron. No podían más pero no deseaban detenerse.

El la dejó caer totalmente en su tronco y solo comenzó a moverse hacia atrás y adelante, de pronto él dejó escapar sendos chorros blancos de esperma que inundaron su vagina mientras su cuerpo se desvaneció entre sus manos y comenzó a temblar al tiempo que dejaba escapar pequeños gritos. Ambos caen al piso aún con sus sexos unidos y se besaron mordiéndose los labios, sus lenguas hicieron lo propio y se quedaron así observados por las miradas morbosas de quienes los veían en los otros edificios acurrucados hasta que recuperaron el aliento.

Fue hasta ese momento que él pudo decirle “Hola bonita”.

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