La voluntad es una facultad básica del ser humano, porque sin esta no hay acción, y sin acción no hay una transformación de la realidad. La voluntad hace del ser humano un ser consciente de Sí y de su entorno, por eso es tan necesaria en el desarrollo de la acción colectiva.

La configuración política, económica y social de las sociedades alineadas al sistema neoliberal no deja duda de que si no hay una acción colectiva, dentro del sistema mismo, no es posible lograr reformas coyunturales a una estructura bastante abigarrada y compleja, en la que el aspecto económico está por encima de cualquier otro asunto.

Las artes, pero en especial el teatro, cuyo soporte es fugaz y dinámico no llega a constituir un producto negociable, así entonces se le otorga una importancia capital al momento de la función, y por consecuencia los recursos financieros se encaminan a este proceso, sin tomar en cuenta los gastos integrales de la fase de pre producción, que incluye el estudio de públicos, la selección de elementos a escenificar, los ensayos y las estrategias de promoción y difusión. Y aunque existen los estímulos financieros para tratar de cubrir este rubro, la verdad es que el matiz asistencialista de estas políticas públicas convierte a estos factores en algo apenas menor a un sorteo de lotería.

Con la aparición de la nueva ley general de cultura y derechos culturales el estado mexicano tiene la obligación de que los servicios culturales que preste serán gratuitos, ecuación que la administración pública no ha podido resolver, Tal vez porque no se ha puesto a pensar junto con los creadores en la verdadera configuración del sistema de creación y producción de las artes en México o en este caso el teatro.

Y es que esta entidad llamada administración pública no entiende, no quiere, no puede, o no le conviene no entender la configuración las dinámicas y las tendencias históricas de la producción artística en México. Tal vez porque eso implicaría ajustar un esquema ajeno a los objetivos de un sistema que rechaza aquellos productos que no son tangibles y por ende mercantilizables. Y hasta ahora la tendencia de la Administración pública desde la caída paulatina del estado de bienestar establecido por Lázaro Cárdenas en los años 30 ha sido la de sobrellevar, por obligación o por cosmética, el rubro del que hasta hace poco era el subsector cultura. El asunto de fondo es que la administración pública como todo ente abstracto es incapaz de comprender nada.

Y para muestra un botón:

La Secretaría de Cultura de Jalisco emitió una convocatoria para solicitar voluntarios para integrar el staff de la muestra Estatal de teatro lo cual me parece de entrada despropósito y un insulto.

¿Porque me parece un insulto? porque durante los tres encuentros de creadores que se han realizado en Jalisco una de las temáticas preponderantes es la de la precarización del trabajo creativo, la ausencia de políticas públicas eficientes y en general un panorama adverso a la creación escénica en la que predomina un modelo de producción que determina estilos, formas prácticas, tendencias y estéticas, modelo que requiere de colaboración con el estado, aunado la promoción de las llamadas industrias creativo culturales (moda sexenal que requiere de contar con alianzas estratégicas con quienes operan al interior de la institución) que no son otra cosa qué paliativos débiles para una estructura y un medio que depende absolutamente del apoyo y financiamiento público, y una legislación local, Estatal y federal con políticas públicas asistencialistas y que no garantizan cabalmente el acceso constitucional a la cultura.

Que la Secretaría de Cultura, cuya nómina se lleva una muy buena parte del presupuesto destinado al sector emita una convocatoria de este tipo en la que llama a los interesados, principalmente estudiantes, víctimas propiciatorias de Lesa precariedad, a servir como voluntarios (que hagan uso de su voluntad para obligarse) para desarrollar una actividad que debería ser financiada en su totalidad por el estado es punto menos que un insulto al gremio que muchas veces ve estas convocatorias como una oportunidad para poder integrarse desde los puestos de precariedad que le ofrece la administración pública para poder comenzar a existir profesionalmente, (¿Una oportunidad para integrar un sistema de cadena de favores?) invirtiendo tiempo dinero y esfuerzo propios mientras que la Secretaría de Cultura mantiene una estructura burocrática pesada, ineficiente, desactualizada, y que sexenio tras sexenio mantiene y desarrolla el atraso de un sector que ha crecido más por el esfuerzo y sacrificio de los gremios artísticos, y menos por la mínima e ineficaz acción de la burocracia permanente de la Institución. Y digo burocracia permanente para deslindar de esta afirmación a los empleados de confianza que llegan a administrar sexenio tras sexenio los pocos centavos que les permiten gestionar promover y difundir las actividades del sector de acuerdo a los proyectos que impulsa el grupo político triunfador.

¿No tendría la Secretaría de Cultura que poner a trabajar de manera más eficaz y más directa a sus empleados de la burocracia enquistada que muy pocas veces tienen una incidencia directa en las actividades, prácticas culturales y artísticas?

Además hay que recordar que mantiene a una orquesta filarmónica (y a su virrey) bastante cara en contraste con otras agrupaciones o sectores dependientes de la misma secretaría y que realizan trabajo de atención y de servicio directo a la ciudadanía. Amén de las concesiones hechas a una empresa privada que se dedica a la formación artística en teatro, Escenia ensamble, a la que se le dieron instalaciones físicas en el Ex Convento del Carmen, y que curiosamente ha hecho una mancuerna con la filarmónica en la producción de Ópera. Aquí lo que preocupa no es la concesión, sino el silencio casi cómplice del gremio.

Cuando hablo de voluntad me refiero también a que alguien haga el trabajo que le correspondería a quienes por servicio público pagado no lo hacen por cuestiones sindicales mezquinas, legaloides, o lo que sea. Es decir, la voluntad de la institución es que no tiene voluntad para las actividades concretas que le dan y justifican su existencia.

Sea como sea, y tratando de entender que esta convocatoria pudiera ser un acto de buena voluntad para que la muestra Estatal de teatro se lleve de la mejor manera, el contexto, la situación, y la historia de la Secretaría de Cultura hacen que la misma convocatoria sea un despropósito que juega con la voluntad de una comunidad que crece, que se desarrolla, y que lo que menos necesita es que desde la estructura estatal y de la Administración pública nos llegue el mensaje de que sólo con precarización podemos responder a la precariedad.

Como sea, es absurdo.

 

Por: Teófilo Guerrero.

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