Un poco de lluvia, un poco de sol

Fotografía: Aria Díaz

Tal vez suene como esas típicas charlas motivacionales, en donde te preguntan, ¿Cuántas veces nos detenemos a ver a nuestro alrededor?, ¿Cuántas veces nos detenemos a ver como una parvada de pájaros van de un lado a otro escuchando su aleteo y su cantar?, ¿Cuántas veces nos ponemos a observar las nubes, a encontrarle alguna forma? sin estar pensando en el ¿qué harás el día de hoy?, ¿qué cosas te faltan por hacer?, ¿qué hora es?.

Esto es lo que me planteé hace un par de semanas, poco después de capturar esta hermosa postal que la lluvia y la luz del sol nos regaló.

Mientras venía en la última parte del recorrido en camión, vi las gotas de lluvia estrellarse en la ventana, extrañada porque era diciembre, y no es común que llueva en esa temporada. Al dirigir mi mirada hacia el cielo, me llamó la atención el medio arco multicolor que comenzaba a pintarse, no fui a la única a quien el arcoiris sorprendió, incluso el chofer se detuvo para que los 3 niños que venían en el transporte pudieran apreciarlo antes de que desapareciera.

Al mirar a los niños, me di cuenta que solo ellos, el chofer, una señora mayor y yo, éramos los únicos apreciándolo, y no porque fuéramos los únicos a bordo, había más gente, cada uno perdido en sus pequeños universos, perdiéndose una vista maravillosa que en cualquier momento desaparecería.

Cuando bajé del camión, me encontraba en el dilema de ¿cómo taparía los libros que llevaba cargando para que no se mojaran con la ligera lluvia que caía en ese momento?, pero al descender volteé a ver si aún seguía ahí algún rastro el medio arcoíris que anteriormente había contemplado. No solo estaba una estela multicolor, sino un arcoíris completo bien marcado, una imagen que tenía ya un par de años que no veía, y menos tan claro.

Fue un momento oportuno cuando apareció, eran alrededor de las 6 de la tarde, y muchos niños salían de la escuela y se paraban a apreciar el panorama, algunos adultos tomábamos fotos, queriendo inmortalizar ese momento, esa vista. No me fue difícil emocionarme como niña chiquita, prácticamente corriendo llegue a mi casa para que mi familia también disfrutara de este espectáculo natural.

Es extraño que a partir de ese día, se volviera un hábito observar más hacia el cielo, hacia lo que está a mi alrededor, a observarlo verdaderamente , y ponerle atención a los pequeños detalles.

Por: Aria Díaz

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