La tragedia de un guerrillero contada desde la imaginación de Fuentes | FIL30

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Algo que asombra de Carlos Fuentes es que, a pesar de haber muerto en 2012, sigue presente con su obra, pero también en la discusión de temas actuales. Una muestra: la presentación de su obra póstuma, Aquiles o el guerrillero y el asesino coincidió con la muerte del expresidente de Cuba, Fidel Castro, “artífice de la exportación de la revolución” a otros países, y en medio de la discusión de la paz en Colombia. Así lo dijo José Carreño, director del Fondo de Cultura Económica, durante la presentación del libro, que se publica en coedición con Alfaguara.

Silvia Lemus, viuda del escritor mexicano, comentó que Fuentes no quiso entregar el manuscrito —que trabajó durante dos décadas— a sus editores mientras el conflicto armado más antiguo de América Latina no llegara a su fin. En ese sentido, la publicación de Aquiles o el guerrillero y el asesino coincide “con la que parece ser la última negociación entre la guerrilla y el gobierno colombiano, la hora de la verdad, el fin de las cuentas pendientes, el comienzo de la paz. Es el mejor momento para leer su novela póstuma”.

Julio Ortega, quien fue el responsable de la edición de la novela, señaló que una lección clásica es que la comedia siempre termina en matrimonio y la tragedia, en muerte. “Carlos Fuentes escribió Aquiles a partir de un héroe trágico porque cumple su destino, que es morir […] El héroe es Carlos Pizarro [líder del M-19], político de izquierda, guerrillero, de clase alta, de familia reconocida y que tenía la característica de ser guapo, como son todos los héroes trágicos. Le decían ‘Comandante papito’”.

Carlos Fuentes comenzó a documentar la historia de este héroe pensando en hacer una crónica, pero requería un compromiso con los hechos. Como la grandeza trágica del héroe no se veía en su quehacer cotidiano, sino en su muerte, Fuentes decidió escribir este relato como ficción “porque creyó que se hacía una verdad superior que la crónica, pues le demandaba una imaginación analítica”, afirmó Julio Ortega.

Uno de los dilemas que tenía el autor es que no sabía dónde poner el asesinato y decidió colocarse como testigo, como si hubiera viajado en el vuelo de Avianca, en 1990, en el que un joven sicario se acerca a matar al héroe. El sicario es asesinado en el mismo sitio y en su zapato encontraron un mensaje: “No se olviden darle a mi mamacita los mil dólares que le ofrecieron”.

Silvia Lemus recordó cuando Raúl Padilla consultó en los años ochenta a Carlos Fuentes sobre la idea de realizar una feria del libro a nivel nacional. El escritor le dijo que tenía que ser internacional y así, dijo Lemus, “animó al joven Raúl a que su esfuerzo fuera mayor. Fuentes le ayudó a conocer a personajes de la literatura. Una de las primeras personas a las que llamó fue a Jesús de Polanco, fundador del periódico El País. A raíz de eso, hoy celebramos una feliz realidad”.

Fuente: Prensa FIL

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