Si no creyera en la locura…

humberto

A Alma Ramírez Moctezuma por su amorosa hospitalidad y generosidad; a la brigada del 10 por tantos momentos que no terminan; a Maga y Miguel por confiar en el trabajo de todos nosotros…

Antes de que entrara a la Universidad me decían personas cercanas y no tan cercanas que, ésta, la etapa universitaria es de las mejores de la vida. No se equivocan. Y aunque me falte mucho por vivir; hoy creo poder contar ya grandes historias al lado, sin espacio para las dudas, de personas igual de grandes. Ésta es una de esas historias.

Hoy escribo estas líneas con un ligero dolor de espalda que es causado por una caída reciente pero es más la emoción que punza, ahí mismo, la que me obliga a escribir esta especie de memorias de un viaje que duró escasos 5 días, que costó mucho concretarse, pero que sólo es el preludio de una aventura que apenas comienza o quizás ya comenzó; quizá unos meses atrás.
Visitar la Ciudad de México cuando se es joven, en compañía de amigos que comparten mismas o similares visiones de vida, que tienen pasiones en común, que bailan, beben, comen y roncan igual que tú o…peor,es bastante emocionante; sin dejar de ser complicado. Pero bueno son los gajes del oficio o mejor dicho de dormir todos en un mismo departamento.
Caminar las calles de la gran Tenochtitlán; con poco dinero en los bolsillos, esperar las micros, subirse al metro a las 7 AM, ser aplastado al momento de salir de la estación, que le roben la cartera a tu amigo, cantar en las trajineras de Xochimilco un tanto ebrio, subir la pirámide del Sol en Teotihuacán, tomar un trago en el bar La Ópera (famosa por el balazo que Pancho Villa diera en 1914). Pasear por Bellas Artes y el centro histórico, visitar el Senado con la esperanza compartida de hacer de México un país donde se respeten las leyes. No donde imperen las voluntades de unos cuantos. Recorrer el Castillo de Chapultepec, disfrutar Coyoacán, pelearse con los taxistas, hablar con la gente de a pie, vivir la ciudad, sentir la ciudad. Apreciar las expresiones ideológicas, culturales, políticas.
En fin, sumergirse en una vorágine tremenda que te revela la monstruosidad de una ciudad que en definitiva, se disfruta más con la compañía de las buenas amistades, con música cubana, con ron en mano, con la franqueza de un dialogo abierto, con chicharrones socialistas, con un excelente café… ¡coño que aquí hay de todo!
Y como dicen por ahí: ¡Salut i força al canut!

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