Los Relámpagos de la Revolución Parte 1 | Botica de Letras

Revolución-MexicanaSoldaditos, soldaderas van y vienen con sus carrilleras de cartoncillo negro y sus balas de papel dorado, les pican los bigotes azabaches de 10 pesos, simulan un ejército de pequeños Zapatas y Villas, van como relámpagos a las escuelas; la bola de niños revolucionarios me atropella, ríen por que van a la Revolución,  a cantar la Cucaracha y la Adelita, es una escena divertida, la Revolución reducida a un acto cívico de escuela, tan sátiro como el humor de Jorge Ibargüengoitia, ese que plasma en Los relámpagos de agosto, novela sobre la Revolución mas no Novela de la Revolución; el humor de Ibargüengoitia deja atrás la realidad cruda de otras narraciones, deja también a esas historias que pueden incluso rayar más en libros de historia que en novelas.

Terminado el discurso, nos dispersamos y yo me perdí en la oscuridad, entre las tumbas del panteón de Dolores. Vagué desesperado buscando la salida (no porque me dé miedo un panteón de noche, sino porque no tenía intenciones de pernoctar en tan incómodo recinto). En ésas estaba cuando distinguí a lo lejos la luz de una linterna sorda. Me dirigí apresuradamente en esa dirección. Al oír mis pasos, el que llevaba la luz se detuvo y me iluminó de lleno. ¡Maldición!

Cuando habló, reconocí la voz de Pérez H., el ratero.

—¡Ah! ¿Eres tú, Lupe? —me invitó cínicamente a caminar a su lado. Yo me acerqué sin decir palabra; con mi corazón presa de mil emociones contradictorias. Dimos unos cuantos pasos. Le pregunté: —¿Y el reloj? —¿Cuál reloj? —El que te robaste.

—Yo nunca me he robado un reloj, amigo. —Esto me lo dijo con tanta seriedad como si de veras nunca se hubiera robado un reloj.

La linterna iluminó una fosa recién cavada. No pude más. Ante la desfachatez, el cinismo y la cobardía, no pude más. Con un rápido movimiento de mis músculos bien ejercitados, empujé a mi acompañante al agujero. Y él, que toda su vida fue un abogadillo y tenía un cuerpo fláccido, se precipitó con un chapoteo en el fango asqueroso.

(Ibargüengoitia, Los Relámpagos de Agosto1964.)

Los relámpagos de agosto es una novela basada en hechos reales pero construida con personajes imaginarios; su estilo narrativo gira en la sátira y el humor e incluso en la parodia. La novela esta añadida de elementos que enriquecen la historia: nombres reales de armamento, autos, aviones, y hasta ropa, marcas que provenían principalmente de nuestro vecino país del norte, ironía ante  la gran influencia europea que se arrastraba del porfiriato, sin embargo la influencia Norteamérica también estaba presente aunque con menos notoriedad, siendo la que más permeo en los batallones en el día a día. Una Revolución alimento a otra, la Industrial a la Civil.

La Revolución también se hizo en auto.

Es bien conocida la frase “La Revolución mexicana se hizo en tren”, que afirmó la escritora Elena Poniatowska en el periódico El País; 19 mil kilómetros de vías férreas construidas durante el porfiriato transportaron a regimientos, batallones y demás revolucionarios por todo el territorio nacional durante la guerra, sin duda los trenes jugaron un papel primordial para esta lucha armada, pero ¿y los autos?.

El primer automóvil de combustible que llego a México fue traído por  la “Agencia de Ingenieros Basave, Robles Gil y Zozaya” en enero de 1895, sin embargo para 1903 ya existía un parque vehicular de 136.Grandes sucesos durante la Revolución se efectuaron en un automóvil: el 12 de junio de 1911, Francisco I. Madero entró a la ciudad de Cuernavaca, Morelos, escoltado por el Ejército del Sur sobre un automóvil descapotado, un Thomas Flyer de 1910: era la Revolución Industrial filtrándose en la Civil.

Otro suceso sin menos jolgorio y con más truenos, pero de balas, es el asesinato del antes mencionado Francisco I. Madero y José María Pino Suarez, Presidente y Vicepresidente sucumbieron el 22 de febrero de 1913 en los días de rebelión y balaceras llamados “La Decena Trágica”, la cual inaugura sin tapujos las modernas y  sangrientas traiciones en el país de los caudillos y la bola; el asesinato se efectuó apoyados de dos automóviles, un Protos Washington 931 de cuatro cilindros, sobre el cual fue trasladado Madero de Palacio Nacional a la Penitenciaria de Lecumberri, el vehículo fue prestado para el acto por Alberto Morphy; Pino Suarez fue subido en un Peerles motor 661 de carrocería abierta que fue rentado por el yerno de Porfirio Díaz, el polémico y escandaloso Ignacio de la Torre quien participo en aquel baile de los 41maricones, siendo De la Torre el omitido 42; así un Perles azul oscuro y un Potros: auto del momento  “vencedor en la carrera México-Puebla de 1911” como se anunciaba, fueron testigos de la mayor traición de la Revolución mexicana.

Un evento más se llevado a cabo sobre un automóvil, fue el asesinato de Pancho Villa en la tarde del día 20 de julio de 1923, el Centauro del Norte se dirigía a una fiesta familiar en Parras, Coahuila, cuando fue emboscado y abatido sobre su auto Dodge Brothers modelo 1922.  Mención aparte involucra a los bandoleros más emblemáticos de la Revolución mexicana, un grupo de ladrones que azotó las ciudades por varios años durante la Revolución “La Banda del automóvil Gris”, que asaltó, mató y violó a la población civil durante la guerra.

Es así como la historia de la Revolución también está plagada de acontecimientos realizados sobre carros, el auto fue primordial para la movilidad de los líderes revolucionarios, la política mexicana de entonces se movió en cuatro ruedas; el primer mandatario de México en usar un automóvil fue Don Porfirio Díaz quien poseía un Packard 1908, en el que se trasladó de su casa rumbo a su exilio a la estación Colonia del ferrocarril que lo llevaría hasta el Puerto de Veracruz; Francisco I. Madero fue propietario de un Protos de 4 cilindros; el auto de Don Venustiano Carranza tenía como signo distintivo, las iníciales V. C. en las portezuelas del mismo.

Jorge Ibargüengoitia escribe en estas memorias que son Los Relámpagos de Agosto sobre el General de división José Guadalupe Arroyo, peripecias y escenas desarrolladas en un auto; es importante señalar que los autos se limitaban al uso de los líderes revolucionarios, tanto en la historia verídica como en la imaginada por Ibargüengoitia. El Los Relámpagos de Agosto tres vehículos distintos se mencionan: un Packard, un Rolls royce, y un Studebaker; la gran mayoría de los vehículos que circulaban en México durante la Revolución eran de origen Norteamericano. El personaje de German Trenza posee un auto Packard y es mencionado varias veces durante la novela y la destreza que poseía Trenza para manejarlos.

El asistente de Artajo se encargó de llevar mi equipaje al Hotel Cosmopolita y nosotros abordamos el Packard de Trenza y nos dirigimos a La Ópera (la cantina que así se llama), “para cambiar impresiones”, dijeron ellos. (Ibargüengoitia, 1964. p 48)

Yo hice el viaje desde México en el Packard que Germán Trenza manejaba con tanta destreza. (Ibargüengoitia, 1964. p 61)

—Otra cosa que debemos exigir a la persona que escojamos para Presidente, Lupe —Germán maniobra su poderoso Packard con gran destreza—, es que respete las promesas que nos hizo el viejo. (Ibargüengoitia, Los Relámpagos de Agosto1964. p 18)

El automóvil  Packard era un auto americano de lujo, la marca era construida por la Packard Motor Car Company de Detroit, Michigan. Los primeros automóviles Packard se produjeron en 1899, y el último en 1958. Packard fue fundado por James Ward Packard, su hermano William Doud Packard y su socio, George Lewis Weiss, en la ciudad de Warren, Ohio, en septiembre de 1900. Los automóviles Packard primera serie Twin-Six Touring 1-35, de 1916 y el Packard Seris Cuarta Six Modelo 426 Runabout de 1927 fueron los más populares en las primeras dos décadas del siglo XX.

Ahora bien otro personaje de la novela, Juan Valdivia, poseía un Studebaker, tal coche es el que presta a Lupe para que le haga la visita de disculpa a Pérez H. […] Juan me prestó su Studebaker, y manejándolo con bastante dificultad, porque no conocía ni el automóvil, ni el rumbo, llegué a la Quinta María Elena, que era la propiedad de Pérez H. (Ibargüengoitia, 1964. p 65)

El Studebaker era también un auto estadounidense, fabricado en South Bend, Indiana. La empresa fue fundada en 1852 con el nombre del Studebaker Brothers Manufacturing Company, la compañía era originalmente un productor de los carros para los granjeros, mineros y militares. Studebaker se incorporó el negocio automotriz en 1902 con los vehículos eléctricos y en 1904 con los vehículos de gasolina. Los primeros automóviles de gasolina en ser totalmente fabricados por Studebaker fueron comercializados en agosto de 1912.

Otra marca mencionada en el libro, es la única que persiste hasta nuestros días. El auto del embajador de Japón que lleva al Gral. Arroyo a su hotel después del entierro de González, es un Rolls Royce, aunque esta es marca no es norteamericana, sino inglesa.  […] Tardé una buena media hora en salir del panteón. Mis amigos habían partido y me vi obligado a aceptar la gentil invitación del Embajador del Japón que me condujo en su Rolls Royce hasta el Hotel Cosmopolita. (Ibargüengoitia, 1964. p 31). Rolls-Royce Limited se creó en mayo 1904. Henry Royce y Charles Rolls fueron los fundadores, de ahí el nombre de la marca. En 1907 lanzaron  el Silver Ghost, era un coche legendario “El mejor coche del mundo” era su leyenda. El  Silver Ghost se mantuvo en producción hasta 1925.

Es así como los autos poseían relevancia en la vida política de México durante la Revolución; la Revolución no solo anduvo sobre vías y caballos, también fueron primordiales gasolina y caucho. En Los relámpagos de Agosto, los automóviles cruzan en las páginas de la novela como relámpagos revolucionarios, es evidente el gusto por los autos de principios de siglo que tenía Ibargüengoitia, de tal manera el escritor guanajuatense evidencia lo que parece no ser tan obvio, nos dice que sí, la revolución también se hizo en auto.

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