20130814-032803.jpgEl morbo para algunos mortales es más fuerte que la razón y nos obliga a hacer cosas tan oscuras como comprar un libro por su portada roja con un par de hermosas piernas, y, aunque soy consciente de mis perversiones y bajos instintos, pocas veces resulta un buen libro aquel que te llama la atención por su portada, pero al ver la publicación de Nora Emilia llamada “La Chulanga“ lo primero queprovocó en mí fue arrancar el envoltorio transparente para devorar el contenido de aquel que se presentaba en su título como “La historia de una mujer sin pudores registrados“

Con una narrativa que Javier Valdés en la presentación del mismo describe como “no existe lo rebuscado, lo complejo, lo elitista… Narrativa en su más pura expresión.“ Nora Emilia nos comparte un texto que se tiene que disfrutar, saborear cada línea de texto, donde nos encontraremos con un diario íntimo donde más de alguno compartirá las sensaciones de la protagonista, disfrutará del erotismo que hay en cada uno de sus capítulos y sin duda provocará a más de alguno a viajar a sitios y lugares que se describen por la pluma de esta autora.

Les comparto un pequeño fragmento de este libro que me ha hecho adicto a la mujer divorciada y con dos hijas que no tiene miedo de decir con todas sus letras lo que su cuerpo siente, desea y anhela.

Mas acerca de La Chulanga en su web: www.lachulanga.com

“Su ritmo alegre hasta en el andar, sus cuerpos sanos, su no tráfico, su no contaminación. Los niños que juegan en la calle y el malecón que se baña por las noches de agua de mar que al salpicarse me hacen sentir deseos de que me falten al respeto; de perderme en un rincón de la Habana vieja y de subir a una de esas construcciones grises y viejas, guiada por un cubano que sepa de constelaciones y hacer el amor con vista a ese mar infinito que encierra a la isla al ritmo de son caribeño, que mueve la cadera en todas las direcciones, mientras que, con ese acento que corta palabras y que cambia las erres por eles, se descifran mensajitos nuevos que se dejan de entender cuando el verbo sentir se comienza a conjugar en cada uno de los centímetros de mi piel, cuando hay fuertes acelerones y desacelerones en mi respiración, mientras me seduce la voz de un cubano fuerte, sólido, sensible, de piel tostada y ojos lindos que al sentir mi cuerpo va diciéndome al oído, con una voz pausada y suspiros intercalados, palabras que sólo aceptas cuando las saben decir así…“

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La Chulanga | Subidos de Tono

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