La dinámica productiva del capitalismo parece estar llegando a un umbral de crisis irreversible, mientras tanto, los habitantes del planeta con privilegios plenos, o con expectativas de tenerlos, no parecen darse cuenta del estado de cosas que ya manifiesta brutalmente sus primeros efectos: el cambio climático global, la escasez de hidrocarburos y su concentración en los grandes polos económicos, el aumento de migraciones internas y externas a nivel mundial, la extinción masiva de especies y la pérdida de biodiversidad, amén de los problemas que el mismo sistema de producción capitalista ha creado y reproducido sin ningún tipo de remordimiento, la sobreexplotación de materias primas, la implementación de una dinámica laboral perversa que genera la necesidad de un trabajador que va más allá de sus necesidades y capacidades en la creación de un mecanismo que dispone las condiciones que lo habrán de destituir en el futuro.

Las relaciones de producción han fomentado un sistema de descartabilidad selectiva en el que no hay desperdicio, pues hasta el desempleado y el lumpen proletario contribuyen al ciclo de consumo y valorización de los productos generados ya que estos circulan aún después de su vida formal o útil cuando el vendedor callejero vende los saldos o los excedentes, o recupera los residuos, comercializa lo usado, o cuando el ladrón habilita la necesidad de recuperar el bien sustraído. En el capitalismo neoliberal no hay cabos sueltos, sus males o desventajas forman parte de un sistema que sabe que todo es ganancia: hechos, objetos, y por supuesto, personas.

En esta estructura de producción las artes, el teatro, son condenados a establecer un esquema de producción alineado a este sistema de relaciones perversas de producción mediante la implementación de una figura igualmente perversa: la industria creativa y cultural que no es otra cosa que la puesta al día y al punto de relaciones jerárquicas de aprovechamiento económico y de generación de ganancia.

El Foro Económico Mundial[1] ha advertido que el 60% de los trabajos actuales desaparecerá en las próximas décadas y aunque parece que este esquema es un paliativo a una dinámica de descarte del trabajo manual de operativo la verdad es que mientras eso pasa, mientras la cuarta Revolución Industrial llega, no existe una transición pactada, y en el trayecto millones de personas sufrirán el cambio y sus consecuencias.

El ser humano parece haber llegado a sus fronteras interiores aislándose del resto, sea quien sea, como señalaba en algún momento el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, las sociedades crearon espacios de reserva dentro de los límites que ellas mismas crearon donde El Otro es simplemente ‘otro’ un peligro latente que amenaza el bienestar interior sin tomar en cuenta el hecho de que la creación de los privilegios que goza ha generado la precarización, el empobrecimiento, y las condiciones de miseria de quienes se aísla.

La dinámica no podría ser más perversa el aislamiento es parte de una serie de aislamientos vinculados al sistema de privilegios que crea una cadena de aislamientos generalizados selectivos y que retroalimenta las estructuras de deshumanización.

Aquí es donde cabría preguntarse ¿Qué tipo de teatro para qué tipo de públicos, para generar, retroalimentar y reproducir qué tipo de ideas, qué formas, qué modos, qué vínculos de producción? ¿El teatro contribuirá a reforzar un sistema qué ha llevado al planeta y a sus habitantes al umbral de una destrucción casi segura, o se hará cargo desde el pensamiento crítico de otorgar esperanza, dar una visión alternativa del futuro, o sumarse a la destrucción del planeta, pero sobre todo a la descomposición de los vínculos que nos hacen seres humanos? Michel Foucault, en ‘Las Palabras y las cosas’, dijo que el ser humano desaparecería, y creo que no se equivocó. Hoy mismo parece que nos encaminamos a una especie de apocalipsis electrónico-virtual qué forja un sistema de relaciones que no está basado en la solidaridad, en la comprensión, y en el cuidado de El Otro para la supervivencia propia. Habría que preguntarse sí con las Industrias creativas y culturales no estamos reproduciendo un sistema que ya no es posible sostener, no todos los pobres van a esperar el ‘Boom’ definitivo de la cuarta revolución industrial: los Africanos que invaden las costas españolas, los Nigerianos que llegan a Buenos Aires, los Guatemaltecos, Salvadoreños y Hondureños que atraviesan México para morir en sus desiertos a manos del narco no pueden esperar a que esto suceda.

En el arte, en el teatro, tal parece que la estética apabullo a la poética y que los valores de lo que se ve, cómo se ve, y cómo y desde dónde se producen, están terminando con los valores de lo que se siente.

Por: Teófilo Guerrero

Citas:
[1] https://www.lanacion.com.ar/2128632-industrias-creativas-y-culturales-la-cuarta-revolucion-industrial

Categories: Artículos

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