63 señoritas condenadas a la desolación, de la escritora Érika Zepeda (Guadalajara, 1982), obtuvo el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri en el 2016. La autora presenta un conjunto de cuentos que exploran las emociones que deseamos ocultar o que no nos permitimos sentir porque se supone que el objetivo de cualquier persona es la felicidad. ¿Qué hacer entonces con el egoísmo, la envidia, la venganza o la desesperación? Enterrarlos o ignorarlos, tal vez así desaparecerán de nuestro pensamiento. Sin embargo, la voz que recrimina aparece en el momento menos esperado, lo mismo pasa con la mirada hiriente que señala nuestros errores; voces y miradas que son propias como ajenas.

Los personajes protagónicos de los distintos cuentos son mujeres que han sido condenadas a un destino terrible o destructivo, pero ¿quién lo determinó? Por una parte, es un destino impuesto por la relación tiránica madre e hija; por otra, es simplemente la resignación del papel que les tocó interpretar. Sin importar su condición social, profesión, edad o estado civil su final será la soledad, el aislamiento o la muerte. Ni siquiera la infancia como recuerdo se salva. Los niños que aparecen son insensibles, groseros o indeseados que se convierten en asesinos o suicidas.

Las mujeres son incapaces de expresar sus emociones, antes dejan que estas las devoren, las conduzcan a la automutilación, a la simulación, al hundimiento o a la pérdida de su autonomía, de su individualidad. El amor también es una condena, un motivo más para provocar la desesperanza en las personas (excepto en la Señorita #56, se observa que en este relato el amor establece una separación del resto del mundo e instaura una relación que sigue sus instintos). Más allá de la identificación con las protagonistas, los lectores tienen la oportunidad de asombrarse ante los estereotipos llevados al extremo de sus posibilidades, ya en ambientes creados a partir del terror, de la fantasía, de la ciencia ficción o de la realidad misma, ya narrados desde distintas focalizaciones y mediante distintos recursos discursivos como el diálogo o la carta. Cada una de las sesenta y tres historias podría suponerse como el resultado de las exigencias de una sociedad que demanda una vida perfecta y que justifica cualquier decisión si con ello se obtiene la felicidad, que en este libro es otra forma de la desolación.

Por: Cecilia Pedraza

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