Con especial afecto recuerdo a Guillermo del Toro como uno de nuestros primeros colaboradores de cine del programa A las nueve con usted… en los años ochenta. Él, Annemarie Meier, Ramón Lara, Jaime Humberto Hermosillo, Lorenzo Figueroa y muchos otros formábamos el grupo Cine Crítica, A. C., que sesionaba y se abría al público primero en el Instituto Alemán Goethe y luego en el Museo Regional, uno de los primeros lugares para ver y comentar cine de arte. Varios elementos de este grupo formaron parte luego de los primeros colaboradores del programa. Guillermo del Toro fue uno de ellos.

¿Cómo era Guillermo entonces? Era un joven muy especial —siempre lo fue—, muy inteligente y un tanto freak, de cabello rubio y ondulado, jeans y camiseta, y con el humor y el ingenio a flor de piel. Estudiaba en el Instituto de Ciencias y su pasión era el diseño de maquillaje. La doctora Diana Valencia —colaboradora también de nuestro programa—, quien fue en esos años maestra del Instituto de Ciencias, lo recuerda como el alumno de preparatoria ganador del primer lugar del Encuentro de Artes que se organizaba en ese entonces con diversos institutos: “Recuerdo que Guillermo hizo un cortometraje titulado La Mancha, con su rudimentario equipo Super—8; se trataba de un ente que recorría todo el Instituto de Ciencias. Fue, sin duda, el germen de su pasión y de su amor por lo fantástico”, dice Valencia.

Guillermo tenía su “centro de horrores” por la calle de Alemania, en la colonia Moderna. Ahí lo visité en una ocasión, grabadora en mano. Era su primera entrevista, según me dijo. Me recibió muy entusiasta, y lo primero que vi fue un vampiro de capa negra, amplia, y cuello alto, mirándome fijamente a los ojos, como si tuviera la intención de hipnotizarme. Un poco más adelante se erguía amenazante un monstruo de goma ensangrentado; más allá un hombre lobo a punto de atacar; aquí y allá vestigios de una carnicería humana sobre el piso; una mosca de cabeza blanca y todo lo que se pueda uno imaginar nacido del cine de horror y, por supuesto, de la imaginación creativa del propio Guillermo del Toro, quien, es importante decirlo, desde niño creaba sus propias criaturas. En esa época participó en un programa televisivo de horror: La hora marcada.

Sus colaboraciones en nuestro programa de radio —más allá del hecho de que solía llegar tarde— eran inteligentes, agudas, divertidas. Sin duda, Guillermo siempre poseyó un ingenio sagaz y una decidida irreverencia que lo hacía muy especial. Tal vez era un tanto freak, como él mismo lo ha dicho en repetidas ocasiones. En 1985 se realizó en Guadalajara la filmación de la película Doña Herlinda y su hijo, dirigida por Jaime Humberto Hermosillo —por cierto, la actriz que protagonizó a la famosa doña Herlinda fue la mamá de Guillermo del Toro—. La casa de Annemarie Meier fue uno de los escenarios de la filmación de esta cinta. Recuerdo el estreno en el Cinema Acuario (de Ricardo Esponda), que estaba por la avenida Vallarta. El público se emocionaba al reconocer el rostro de un actor tapatío, de un extra —el propio Guillermo aparecía en pantalla— e incluso de paisajes o locaciones identificables para los tapatíos. Más tarde, en 1993, Guillermo, ahora sí como director y guionista, filma La invención de Cronos. Luego vino Mimic y, en 2003, una de las películas que marcó su ingreso a la pantalla internacional, El espinazo del diablo, para alcanzar la fama mundial unos años más tarde, en 2006, con El laberinto del fauno. Cuando finalmente Guillermo deja Guadalajara y su carrera como cineasta va en ascenso, regresaba eventualmente a su ciudad. Cuando vino a presentar Mimic en el Cineforo de la Universidad de Guadalajara, película muy esperada por todos, prometió estar en nuestro programa para comentarla “como en los viejos tiempos”. Sin embargo, en la fecha agendada Guillermo no llegaba. Finalmente, como a los veinte minutos de iniciada la transmisión, llegó corriendo, mientras decía:

—Me disculpo por llegar tarde, Yolanda. Hace tiempo que no venía a Guadalajara y pensé que el programa estaba aún por la avenida Alcalde, en la Torre de Educación, en donde estábamos antes. Llegué, subí hasta el piso diez y.… desierto el piso, nada más volaban las cortinas, como escena de cine de horror.

—No te preocupes, lo importante es que ya estás aquí. Le estaba compartiendo al público sobre tu Centro de Horrores “Necropia”, en donde te entrevisté por primera vez, sobre tu cortometraje Geometría, en el 86. ¿Todavía existe tu Centro de Horrores, por la calle Alemania?

—Sí, sigo teniendo el Centro de Horrores en la calle Alemania, pero ya no está activo, lleva casi cuatro años inactivo.

—¿Lo vas a convertir en museo, Guillermo?

—No. Lo que pasa es que me da mucha tristeza vender las cosas que acumulé por más de once años, me da muchísima tristeza deshacerme del lugar y de las cosas. Yo sé que a los vecinos les daría mucho gusto, pero a mí no.

—Aprovechemos el tiempo, Guillermo, y cuéntanos sobre Mimic.

—Después de Cronos viene un espacio dc alrededor de un año y medio en donde desarrollo un guión para una película mexicana que se llamaría El espinazo del diablo, tengo trece años queriéndola hacer. Ya había desarrollado el guión cuando estaba en el Centro de Cine Crítica de Occidente, como alumno de Jaime Humberto Hermosillo y de Annemarie Meier. Termino el guión y determinamos que es una película de alrededor de cuatro millones y medio de dólares, ¡y en ese momento se colapsa la economía del país!, y me pregunto seriamente con Bertha Navarro, mi productora: “Será una película de horror de cuatro millones y medio de dólares, ¿es lo que necesita México en este momento? No lo creo”, y la dejamos en paz. Además, yo tenía una deuda sobre mi cabeza de la película Cronos de doscientos cincuenta mil dólares. La cuestión es que se empieza a exhibir Cronos en Estados Unidos con excelente crítica y me empiezan a llegar ofertas de trabajo, de guiones y, bueno, yo con la deuda encima. Y encuentro por fin un guión que es comercial, lo cual es perfectamente comprensible para un estudio americano, pero que me permite hacer cosas con muy mala leche y con ideas bastante extrañas, éste es el guión de Mimic. Claro que es una película muy gringa, lo asumo, aunque yo le doy una pequeña vuelta de tuerca a cada una de las convenciones del género, y al final resulta un producto muy interesante y muy extraño.

—¿Estás satisfecho con la película?

—Estoy absolutamente feliz. En el momento en que tomo el proyecto bajo la premisa de que es de ciencia ficción de los años cuarenta o cincuenta hay dos caminos a seguir: o sátira o parodia. Entonces puedes cubrir todos tus errores diciendo “es parodia”. no, una ruta diferente, absolutamente suicida, pero llena de fue decir: “Va en serio”. Así es que cualquier defecto, cualquier característica que no les guste de la película, soy yo, absoluta y cien por ciento responsable, y no el género. Yo adoro la película, porque está hecha para recordar las películas que yo veía de niño en matiné, es decir, tiene un tono más accesible que Cronos, pero tiene las mismas preocupaciones visuales y temáticas.

—¿cuál sería la característica principal de la estética de Mimic?

—La película, igual que Cronos, comparte una especie de gótico industrial, combinado con una visión decadentista de la ciudad, de la urbe. El Nueva York que yo retrato en Mimic es mucho más cruel que el México que retrato en Cronos. Aunque filmamos la película en Toronto, en Cine Space, y no en Nueva York, tuvimos que reconstruir aproximadamente cinco estudios completos, cinco foros con el sistema de alcantarillado, estaciones del metro abandonadas, callejones, callejuelas…

—¿Qué me dices de los efectos especiales?

—Muchísimos. La película tiene alrededor de 105 shots digitales de creaturas por computadora, y en momentos especiales tenemos alrededor de 300 creaturas al mismo tiempo, que yo mismo compuse, una docena de títeres, robots, porque son de radio control, mecanismos hidráulicos de cable… complejísimo todo y más de veinticinco personas manejándolo todo.

—Bueno, tú nos dices que, pese al género, que se presta para la parodia, lo has tomado en serio. ¿En dónde queda el Guillermo del Toro que conocimos aquí, con un sentido del humor, incluso del humor negro, que le gusta jugar con el cine?

—Sigue habiendo un gran sentido del humor en la película. Evidentemente, la primera mitad es muy sombría, pero la segunda parte es mucho más ligera y llena de humor, vibra un espíritu mucho más juguetón, más humor, pero eso sí, humor profundamente negro. Guillermo del Toro nos dijo sobre sus planes que existía una idea muy clara en su cabeza en relación con su futuro en el cine. Precisó que su actitud la resumía en tres premisas:

—Una, quedarme a vivir en Guadalajara. Dos, no olvidar jamás que soy un cineasta mexicano. Tres, seguir aprendiendo, porque hay una frase que dice: “El límite de tu lenguaje es el límite de tu universo”.

Fue en julio del 2008 cuando Guillermo del Toro vino de nuevo a Guadalajara, ahora con la premier de Hellboy. Se estrenaba la cinta simultáneamente en toda la república, en Estados Unidos y Canadá. Guillermo no olvida su ciudad y es una constante el que presente sus películas en estreno en Guadalajara. Destaco también este encuentro, además del especial recuerdo que me produce, por dos razones más: la primera, porque nuestro programa A las nueve con usted… estaba a punto de cumplir 25 años, y segundo, porque en varios momentos, durante la rueda de prensa que ofreció, habló Guillermo de su obra cinematográfica referida a su propia autobiografía, pinceladas que me parecen por demás interesantes por su tono franco y congruente.

Poco antes dcl inicio de la rueda de prensa me acerqué a saludarlo. Me dedicó unos momentos en los que recordó nuestra amistad de antaño y su participación en nuestro programa:

—Me acuerdo dc esa primera entrevista que me hiciste en mi Centro de Horrores. Y me acuerdo también de ese programa de radio. Yo creo que lo que es muy bello de este programa es que permite un foro, ya no nada más para las opiniones o para un diálogo sobre el quehacer artístico, sino que permite que la gente que está haciendo algo localmente tenga un escaparate, y sienta un estímulo de hacer cosas; es decir, si el deber de un artista es comunicar, el poder comunicar la intención de una obra es importante. En aquel entonces fue el deseo de compartir un cineclub, lo que precisamente nos reunió a todos. El programa fue primigenio, en él coincidimos todos nosotros, en Cine Crítica, con Ana María Saettele [Meier], haciendo crítica de cine.

—Tenemos fotos muy buenas de esa época, Guillermo, tú chiquillo… —Guillermo se ríe y agrega:

—Sí, ¡hace como ochenta kilos que fue eso! Ojalá que siga el programa. La canasta básica del cerebro necesita que siga un programa como el tuyo.

La rueda de prensa estaba por iniciar. Guillermo del Toro estaba viviendo uno de los momentos climáticos de su carrera, con gran aceptación de prensa y cinéfilos. Algunas de las ideas más interesantes de Guillermo expresadas en esa rueda de prensa son éstas:

“Yo creo que Hellboy es una película singular entre 10 que he hecho, porque de las películas americanas que he realizado, en idioma inglés, es quizá la más personal, y con más libertad creativa que he tenido. Entonces, siguiendo a El laberinto del fauno, es una película que a pesar de tener un presupuesto alto, tiene ideas, imágenes y libertades narrativas cercanas a una película más pequeña y más personal”

Desde los primeros minutos, Del Toro se echó al bolsillo, con su espontaneidad y sentido del humor, a todos los presentes. En varios momentos salió a relucir el tema del dinero, a propósito de los presupuestos de sus películas y de la amenazante posibilidad de que Guillermo pudiera comprometido con la taquilla, más que con la creación cinematográfica artística. A esto respondió:

“Yo al revés. En este caso, Hellboy es una película con el presupuesto más grande que he tenido, y es, sin embargo, como decía, en la que he tenido más libertad. Es un contraste que me parece curioso, pero creo que es un poco la libertad que me he podido ganar en el tiempo transcurrido a partir de El laberinto del fauno, un periodo en el que puedo pelear más libertades creativas y al mismo tiempo puedo tener un presupuesto mayor. Ahora, el presupuesto de Hellboy son ochenta y cinco millones. El promedio dc las películas de superhéroes, de verano, contra las que competimos es de ciento ochenta o doscientos millones. Yo sé que si a mí me das ochenta y cinco millones, bueno… ¡pongo casa en Chapala, me compró un carro! Pero, en realidad, para una película de estas dimensiones, la ambición era mucho mayor, pero no quisimos un presupuesto mayor para no entrar en el compromiso de ciertas ideas y de nuestra libertad creativa en las imágenes”.

Guillermo se refirió a la elección de una canción de Barry ManiIow en Hellboy por razones sentimentales:

“Era la única canción que podía funcionar. Nos costó muchísimo trabajo conseguirla, porque Barry Manilow no da fácilmente las licencias de sus canciones para las películas. Le tuve que escribir tres cartas y enviarle el guión y una explicación sobre cómo se iba a filmar. Es un tema muy personal, porque, aunque yo crecí con el punk y con el progresivo, ahí en secreto, en el reproductor del Tsuru, de repente metía yo un casete Memorex chafísimo con cancioncillas tristes. Era muy importante para mí. Esa canción era la única que podía funcionar, y fue una lucha de semanas, muchas semanas, mucho trabajo, pero cuando logramos la licencia para la canción fue un momento muy bueno para mí.

“La idea de esta borrachera para los superhéroes, tomando Tecate en la película, es una cosa que me resultaba muy personal. Las dos películas de Hellboy las encuentro extrañamente autobiográficas. La historia de amor del personaje con Lis refleja cosas que han pasado en mi propia historia de amor con mi mujer, Lorenza, o la exposición de Hellboy a la idea de que hay dos mundos y la opción de tomar uno o el otro. Todo lo que se retrata en las dos películas es, de alguna forma, evidentemente sin haber peleado yo con una criatura vegetal de cuarenta metros —bueno, a lo mejor sí y no me di cuenta—, sin haber pasado esto, los momentos emocionales de la película son biografía emocional para mí. La película trata del momento en que Hellboy tiene que volverse padre de familia. Lo que yo quería era que no se hablara del asunto, es decir, Lis no le dice “Estoy embarazada”, pero en el momento en que te enteras, como espectador, de que Lis está embarazada, empiezan en pantalla los símbolos de fertilidad, de bebés, de todos, y el que Hellboy no esté enterado, hasta el final, es una idea que visualmente se representa cuando la pared explota frente a Lis, explota en forma de embarazo, las curvas que se forman son como trompas de Falopio, Hellboy tiene que cargar al bebé, el arma se llama Bigbaby, aparece una  diosa de la fertilidad. Todo es parte del juego de la película, que este pobre hombre es el último en enterarse”.

Guillermo del Toro, desde niño, no sólo se inclinó hacia los personajes que habitan historias de horror y oscuridad, también fue capaz de crear sus propias figuras, como lo podemos apreciar en varias de sus películas. Personajes fantásticos que están inmersos en una estética muy al estilo de Del Toro, como ejemplo ahí están sus insectos híbridos súper desarrollados, entre mantis religiosas y termitas, en Mimic o en Ave sapiens, en Hellboy; el Hombre Pálido, con los ojos en las palmas de las manos, en El laberinto del fauno, personajes que pueblan el universo de los entes fantásticos que son ya clásicos. En relación con la creación de éstos, Guillermo dice:

“La escritura del personaje la trato de hacer desde el interior. Yo estoy de acuerdo con el Príncipe (Hellboy), por ejemplo, básicamente mi opinión de la raza humana coincide con la del Príncipe, pero no estoy de acuerdo con los métodos del Príncipe. Yo soy un poco Ave sapiens, de hecho, es uno de los riesgos que la película corre, que es una película en donde el que más razón tiene es el villano. Los héroes normalmente van de error en error, pero emocionalmente logran una gran empatía con el público. Entonces, trato de escribir los personajes desde lo que yo he vivido, desde lo que he visto, desde mis observaciones personales. La construcción visual del personaje viene siempre en función de representar lo que es. No es gratuito nada. El Ángel de la Muerte no tiene ojos en la cara porque es neutral y dice: ‘A mí no me importa, mi corazón está lleno de arena y de polvo’. Los robots, por ejemplo, también tratan de reflejar la esencia de un tanque de guerra con movimiento, tienen esa pesadez, esa densidad y la dimensión de una máquina de guerra. Entonces, cada uno de los personajes lo voy elaborando primero en mi libreta de apuntes: hago mi dibujito, y luego se lo pasa a los diseñadores y me peleo con ellos varias semanas, les altero cosas, los hago enojar, les derramo la bilis, y al final queda el monstruo como yo quiero que quede. Lo más difícil de resolver en una creatura es lo que se llama la silueta. O sea, si la silueta es limpia y se lee fácilmente, ya viene la textura, y básicamente la forma del personaje en movimiento. Pero son pasos y pequeñas reglas que me he creado, porque yo diseño criaturas desde que tengo uso de razón”.

A propósito del rodaje de Hellboy, Guillermo dice que fue una película muy estresante para él, y ello le provocó un eventual mal humor, sobre todo por la exigencia que tiene sobre sí mismo. En un momento de la rueda de prensa, a pregunta específica de un colega,  habla de su relación con Ron Perlman, el Hellboy, presente en esa rueda, a propósito de la tensión que se provoca durante una filmación y cómo enfrentarla:

“Para mí los defectos de Ron se vuelven virtudes. Nos conocemos desde 1992 o 1993, ya son muchos años, y creo que la clave de una relación duradera, puede ser matrimonio, amor, noviazgo, amistad, es que los defectos se vuelvan virtudes. Ron puede tener pie de atleta, diarrea, lo que sea que le dé… yo lo veo como virtud; claro que si el tipo me zurrara los tompiates, se lo diría, pero, como lo adoro enloquecidamente, pues no hay respuesta posible”.

Era el turno de Ron Perlman de contestar la pregunta sobre su relación con Guillermo del Toro. El actor titubea, no habla español, y murmura “¿What can I say?” (¿Qué puedo decir?), pero Guillermo, sin pensarlo dos veces, le resuelve el problema: “¡Guillermo del Toro es a toda madre!” La audiencia estalla en risas. Ron también se ríe divertido, aunque no estoy segura de que haya entendido la frase a cabalidad, y agrega con la ayuda de su traductora: “Desde que lo conocí, en un restaurante hindú, él me dijo: ‘¿Qué te parece si comenzamos con el postre?’ Hemos sido hermanos desde el inicio, y después colaboradores. En esta situación ha sido mucho más complicado, han sido horas de trabajo y muchos retos, pero puedo decir que hoy hemos logrado superar la prueba, y la buena noticia es que estamos sentados el uno junto al otro”.

Guillermo toma la palabra para aclarar lo de “empezar por el postre” en el restaurante hindú, y dice: “Lo que pasó en el restaurante hindú en donde le conocí cuando le propuse hacer Cronos, lo que pasa es que yo no traía dinero para pagar la cuenta. A mí me encanta el postre de ese restaurante, porque es un helado y unas bolitas de leche frita. Entonces, pensé: “Yo no voy a pedir comida, pero voy a pedir dos postres y los voy a combinar. Ya si me toca pagar la cuenta a mí, pues ya me alcanzará para invitar a este cabrón” (risas y aplausos). Guillermo, cada vez con mayor apertura y espontaneidad, continuó compartiendo sus experiencias:

“Yo he sido una suerte de Forrest Gump del cine. Desde chiquito quería hacer películas raras de monstruos y toda la gente decía: “Imposible, un gordo de Zapopan no va a hacer ninguna película de monstruos, rara, gigante”, Y ha ido sucediendo. Por ejemplo, Hollywood, me pasó porque yo debía un chingamadral de lana de Cronos, un cuarto millón de dólares, a los veintitantos años. Teníamos la casa puesta en garantía y me hablaron de Estudios Universal para que trabajara con ellos. No había manera de pagar la deuda. Cronos fue una película que ganó muchos premios pero no dio ¡ni un pinche peso! Entonces, fui a la junta a Estudios Universal —todavía guardo el ticket del estacionamiento— y les digo: “Pues sí, acepto”. Luego me dicen: “Pero sólo le podemos pagar el mínimo que marca el sindicato de escritores”. Como yo estaba acostumbrado a que no me pagaran, me pareció extravagante y les dije: “¿Cuánto es? y eran como cincuenta mil dólares, y yo dije: “¡Absolutamente sí!” Y este dinero fue para pagar la deuda de Cronos; me tardé cuatro años para pagar la deuda. Europa, igual. Me encontré a Pedro Almodóvar en el Festival de Miami. Yo estaba tomándome una Coca y llegó Almodóvar de la nada y me dijo: “Me gustó mucho Cronos. Si quiere algún día filmar en España, yo le produzco la película”. Me habló de usted, para empezar, lo cual me sorprendió mucho. Financieramente no he sido exactamente Bill Gates, la he regado muchísimo. De El laberinto del fauno difícilmente sacamos el sueldo, aunque la película haya hecho un dineral, porque no fui un buen negociante, pero era la dicotomía: hacer un buen negocio o hacer una buena película. Y yo he optado por tratar de hacer películas que, si tú me dices: “¡Pinche película mafufa!”, pues yo respondo: “Mi pedo, güey, es mía”. Si te gusta, igual te digo: “Muchas gracias”. Pero eso de contestar: “Pos es que tenía que pagar la renta”, y la fregada… pues, ¡cámbiate de casa, güey! Ésa es la idea, patética, pero me ha permitido vestirme con traje, no de Dolce y Gabbana sino de Big and Tall, pero estoy a toda madre y voy feliz… y sigo siendo el Gordo de Zapopan. Cuando entro a las tiendas de video me vigilan, no me vaya a llevar algo, dicen: “Pinche gordo raro”. Estaba en Londres y entraba a las tiendas de video y ahí va el pinche guardia atrás de mí; agarro los videos y voy y pago… y ya se va el cabrón. Hay algo esencialmente freak en uno, que nunca se va…”.

Sobre la crítica de sus películas, Guillermo dijo:

“No existe una película que le guste a todo mundo en ningún caso. Ni existe una película que la odie todo mundo, afortunadamente. Entonces, han salido críticas diversas. Hasta ahorita el único parámetro de críticas que está en internet, Rotten Tomatoes, nos da críticas cien por ciento positivas. No va a durar, ¿eh?, empezará a bajar. El laberinto del fauno tuvo creo que 93; el primer Hellboy ochenta y tantos. Habrá críticas buenas, habrá críticas malas. Nunca se escapa uno de que le mienten la madre. Por eso es una labor pública y el público tiene el derecho de estar en absoluto desacuerdo y pensar que eres un anormal”.

Sobre los premios y los fracasos, la disminuida espiritualidad en la actualidad y las tendencias cinematográficas a colocar a los superhéroes en pantalla, Guillermo del Toro se expresó de esta manera: “Es mucha mayor ilusión los premios que los fracasos, evidentemente, pero eso es por comodidad. Yolanda Zamora me dijo por primera vez una frase que yo he utilizado el resto de la vida: ‘Es más fácil recuperarse de un fracaso que de un triunfo’. Es totalmente verdad. Del fracaso se aprende con mayor facilidad que del triunfo. Del triunfo se pueden agarrar manías, repeticiones; del fracaso, inmediatamente se aprende. Creo que hay una absoluta falta de espiritualidad en el tiempo moderno. Por situaciones económicas, por lo que sea, normalmente se vive al día económicamente, pero se vive al día espiritualmente, o se cobija la espiritualidad en ‘espiritualidad organizada’, puede ser iglesia budista, anglicana, católica, pero la exploración personal es muy escasa. La mayoría de los chavos opta por la cultura iconoclasta en donde el escepticismo y la destrucción de formas automáticamente se asocian con la inteligencia; es decir, si yo me levanto ahora y digo: ‘No creo en el amor’, toda la gente dice: ‘Es un filósofo este cabrón, es un genio”; pero si digo: ‘Creo en el amor’, entonces soy un anormal. Es mucho más fácil suplantar la inteligencia con escepticismo, por ejemplo. Una de las pocas regiones donde la mente joven admite una suerte de espiritualidad —que no digo que sea idéntica a la de los griegos, pero que permite la idea de soñar con absolutos—, es la fantasía, y una de las posibles fantasías de absoluto es el superhéroe. Yo creo que el que haya estas películas es sintomático del momento espiritual, político y social que vivimos. La necesidad de creer en algo más grande que tu vida privada. La necesidad de soñar con alguien, una fantasía de poder, o simplemente una extracción de lo que es ser humano, es una necesidad primaria. La respuesta más simple es: ‘Como dan lana, Hollywood lo quiere hacer’, pero creo que detrás está una razón más profunda. El movimiento en masa a nivel social, hacia una forma cultural, no es accidental: el nacimiento del jazz no es accidental; el nacimiento del cine no es accidental. Cuando los superhéroes dejen de dar lana, Hollywood se va a contraer. Cuando nosotros empezamos a hacer el primer Hellboy era un absoluto desprestigio hacer películas de superhéroes. Lo escribí en 1998, no había un modelo que funcionara. Después vino Matrix, XMen, Spiderman, hasta entonces nos dieron el dinero para financiarla, pero la pulsión de hacer la película era anterior.

“Yo crecí leyendo cómics, pero no necesariamente de superhéroes. Yo era niño de Fantomas, La familia Burrón, Tradiciones y leyendas de la Colonia, los cuentos de terror de Editorial Novaro, pero eran pocos los superhéroes que me interesaban, como Kamandy, La criatura del pantano, superhéroes muy bizarros, muy freakies“.

Cierro este capítulo con un correo que con motivo de los veinte años de A las nueve con usted… me envió Guillermo del Toro en 2004:

Querida Yolanda:

Tu programa es una bocanada de aire fresco que representa para mí en muchas, muchas formas, el espíritu de Guadalajara. Recuerdo con nostalgia mi época como colaborador del programa. Eran tiempos más puros, más inocentes. Haciendo superochos con los amigos, colaborando como dizque crítico cada jueves. Sobre todo recuerdo que llegaba yo muy tarde. Mis recuerdos los asocio con una sensación de vértigo y los rápidos destellos de semáforos en rojo. Recuerdo el pánico de mi Tsuru madreado a toda velocidad por Ávila Camacho mientras te oía en el radio decir “y si llega Guillermo del Toro, nos hablará de los estrenos esta semana… etc., etc.”. También guardo en mi memoria que tú fuiste la primerísima persona que se interesó en escribir algunas líneas sobre mi trabajo. Con algunas fotos a color y mucho afecto. Ha pasado mucho tiempo. Ahora llego muy puntual a casi todos lados. He filmado ya cinco largometrajes en diferentes geografías, y oír de ti me da gusto y me hace apreciar todo lo que he cosechado de aquellas semillas que me ayudaste a plantar. Te mando un abrazo muy fuerte y espero que sigas con tu labor y tu pasión por la cultura.

Tu colaborador,

Guillermo del Toro

 

Por: Yolanda Zamora.

Esta colaboración forma parte del libro
DAGUERROTIPOS: 30 AÑOS DE ENCUENTRO CON LA CULTURA.
Autora: Yolanda Zamora
Editorial:UNIVERSITARIA
ISBN:9786077426455

Categories: Artículos

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