Fotografía: Francisco J. Díaz de León G.

Crisis, desarrollo y cultura

Los contextos de crisis son recurrentes en América Latina, los modelos de desarrollo aplicados durante siglos no han podido proveer a cabalidad los satisfactores básicos para una población en permanente marginalidad y/o precariedad, manteniendo a la región en un subdesarrollo que parece no tener fin, principalmente porque estos modelos son externos e impuestos de acuerdo a intereses alejados de las necesidades de la mayoría.

“…la situación de subdesarrollo se produjo históricamente cuando la expansión del capitalismo comercial y luego del capitalismo industrial vinculó a un mismo mercado economías que, además de presentar grados diversos de diferenciación del sistema productivo, pasaron a ocupar posiciones distintas en la estructura global del sistema capitalista…” [1]

Así entonces el desarrollo por su dinámica de dependencia de los centros económicos globales y sus modelos impuestos a la región arrastra rezagos importantes que resultan insolventes durante generaciones, por lo que la sociedad en su conjunto se avoca a privilegiar las actividades económicas: prácticas comerciales e industriales, por sobre la actividad cultural, y sólo le otorga cierta importancia a prácticas culturales legitimadas o validadas desde diferentes perspectivas sociales, como las festividades religiosas o populares, o las que tradicionalmente han sido consideradas por las élites como de alta cultura.

Con todo, la cultura popular ha constituido un espacio de resistencia social determinante para la reproducción de esquemas identitarios y colectivos, capaces de coadyuvar en la construcción de comunidad y reforzar los imaginarios colectivos.

Pero también es cierto que las prácticas artísticas contribuyen a ampliar el espectro del capital simbólico y de los imaginarios sociales. Entre estas prácticas se encuentra el teatro.

El itinerario del teatro mexicano pasará por varias etapas en las que su función social va entre el divertimento y las formas de construcción del imaginario social y religioso.

México se ha caracterizado por tener políticas de dirigismo cultural, que Coelho (2000) señala de la siguiente manera en sus formas básicas de política cultural:

Puestas en práctica principalmente por estados fuertes y partidos políticos que ejercen el poder de manera indiscutible. Promueven una acción cultural conforme a patrones previamente definidos como de interés para el desarrollo o la seguridad nacionales.[2]

Por lo tanto el Estado es un factor de desarrollo cultural determinante, y que puede en un momento dado definir o privilegiar estilos, estéticas y proyectos formativos dependientes de factores políticos, económicos o administrativos, dejando en segundo término factores de construcción de sentido colectivo, reproducción simbólica, etc., y que en escenarios de crisis son tan necesarios para sostener el ánimo colectivo, sin embargo se relegan, en franca contradicción al derecho a la Cultura, consagrado ya por el art. 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y cuya ley reglamentaria recién se aprueba en 2017.

 

Poesía en Voz Alta

El teatro moderno en México se construye a partir de un dislate, ni siquiera un programa constituido: Poesía en voz alta, que si bien es cierto tiene su origen en un espacio institucional, La Casa del Lago, no respondía a las políticas culturales oficiales.

La iniciativa partió del escritor Jalisciense Juan José Arreola hecha a Jaime García Terrés, Director de Difusión Cultural de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México):

Los primeros programas de Poesía en Voz Alta significaron un reconocimiento a la tradición y a la vez una ruptura. Fue puntilloso el respeto al texto, en su integridad, y a la pronunciación, pero en el manejo de la escena se dio un salto hacia una colaboración interdisciplinaria (…) Como en otros momentos de vitalidad teatral en México, Poesía en Voz Alta fue resultado de la complicidad de un grupo de aristas de distintas disciplinas motivados por una enorme curiosidad intelectual y hastío hacia el manejo estereotipado de la escena, abiertos a un diálogo con sus contemporáneos de otras latitudes y capaces de una fresca libertad para buscar nuevos caminos, más allá del miedo a equivocarse.[3]

Dicha iniciativa iba a contrapelo del proyecto oficial de formación y producción oficial iniciado con la ENAT (Escuela Nacional de Arte teatral), impulsado por Salvador Novo, Rodolfo Usigli, entre otros. Este esfuerzo lleva al principio de construcción de un Teatro Nacional, el cual se acompañaba de un buen momento económico, el llamado Milagro Mexicano, período que comienza con la industrialización desatada a partir de la Nacionalización de la Industria Petrolera, y el contexto dado por la Segunda Guerra Mundial, que convirtió a México en una plataforma Industrial alternativa, debido a la actividad bélica de los Estados Unidos. Pero este momento no iba a durar demasiado, en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) se vive el principio de una crisis sistémica que involucra, y que persiste hoy día, aspectos económicos, políticos, sociales y culturales.

Pero el impulso que Poesía en Voz Alta le dio a las formas de concebir los lenguajes teatrales, la visión de un teatro de recursos alternativos, y hasta la presencia de nuevas voces creativas (Héctor Mendoza, Juan José Gurrola, entre otros que a la postre fueron Maestros de las generaciones surgidas en los años setenta, ochenta y noventa) le sirvió al teatro mexicano para levantarse de la falta de recursos, y el declive del gran proyecto de Cultura Nacional.

El caso de poesía en voz alta es un ejemplo de lo que puede lograrse más allá de la cuestionable voluntad de los poderes públicos

¿Cómo incidir, operar, resolver, gestionar, las crisis recurrentes, la precariedad de un contexto que no parece tener trazas de cambiar?

¿Cómo hacer coincidir estas dos visiones en un solo proyecto educativo? Un proyecto de educación desde y para las artes, surgido en la Secretaría de Cultura de Jalisco intentó responder estas interrogantes.

 

Licenciatura en Artes, interdisciplina y complejidad

El estudio de los contextos existentes en una sociedad es necesario para poder incidir en la realidad de una manera más efectiva.

La experiencia de la creación de la currícula del Plan de estudios de la Licenciatura en Artes de la Secretaría de Cultura de Jalisco iba en ese sentido, a partir del reconocimiento de los contextos de partida y de los contextos de inserción establecer contenidos, saberes, recursos, herramientas, técnicas y procedimientos que reforzaran, en el paradigma complejo de Morin: la aptitud general para plantear y analizar problemas, y principios organizadores que permitan vincular saberes y darles sentido. [4]

La líder del Proyecto, Gloria Soledad García López, conformó un equipo interdisciplinario que incluía las áreas de Artes Visuales, Danza, Música y Teatro, con los que durante dos años y medio analizó los contextos, revisó las prácticas y los ámbitos de inserción de los creadores y ejecutantes.

El enfoque elegido para el diseño fue el de competencias profesionales, definido así:

Es menester mencionar que esta  licenciatura ha sido diseñada bajo el enfoque de las competencias profesionales. Según la SEJ de acuerdo a lo que se dedicaran sus egresados, se circunscribe dentro de la categoría de los programas prácticos individualizados.

Para su diseño se conformó un comité con profesores expertos en las disciplinas de la pintura, la escultura, la fotografía, la música, el teatro y la danza y contó también con la asesoría de expertos en diseño curricular, tanto de la propia institución como externos.

En términos generales, el punto de partida para  su diseño fue el análisis de la contextualización institucional, social, económica, cognoscitiva, comunicativa, tecnológica, disciplinar, educativa y cultural. De manera particular, se tomaron en cuenta la misión, la visión y los objetivos de la Dirección Escolar. Con el resultado de este análisis, se determinaron los ámbitos de inserción de estos profesionales de las artes visuales, el teatro, la danza y la música.[5]

La pedagogía propuesta desde el trabajo conjunto, y desde el enfoque de Competencias profesionales consistía en enumerar saberes necesarios desde las actividades de la práctica según los ámbitos de inserción: pública o privada, que luego agrupamos en una serie de unidades de aprendizaje que ordenadas por áreas de competencia eran elegibles por el alumno para orientarlas a la creación de un proyecto artístico, el cual era sometido a un proceso de evaluación, permitiendo la autoevaluación, la coevaluación, y la heteroevaluación, lo que daba una visión periférica al alumno de sus procesos de creación.

Las bases teóricas del diseño del proyecto estaban en los estudios de la complejidad de Edgar Morin, la sociología de la cultura desde los puntos de vista de Pierre Bourdieu y Néstor García Canclini, la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, la visión epistemológica de Michel Foucault, la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, la visión histórica de Walter Benjamin, la semiótica de Charles Peirce, la filosofía de Ludwig Wittgenstein, entre otros autores.

El Plan consistía en lo siguiente:

Para el acompañamiento del alumno en la selección de las unidades de aprendizaje y de los proyectos se pensó en utilizar tutorías, las cuales recaían en la figura del Coordinador Académico del área disciplinar, para la selección de unidades de aprendizaje; y el asesor del proyecto especifico, con el fin de que hubiera consistencia entre el proyecto y la trayectoria académica.

Durante ocho semestres el alumno iba desde las nociones de la realización de un proyecto, hasta completar ocho, incluyendo el final, a razón de uno por semestre, el objetivo era que el alumno pudiera tener un registro verificable, fidedigno y gráfico de su proceso.

Al final del semestre se presentaba el producto artístico resultado del proyecto, en correspondencia con los objetivos del Plan este producto debía insertarse en un ámbito abierto: el espacio público, centros culturales, museos, entre otros, con la finalidad de que la verificación de estos procesos fuera abierta, y retribuyera un poco a la sociedad.

En una evaluación pública el alumno hacía una exposición del proceso y defensa del mismo, ante los cuestionamientos, dudas y comentarios de sinodales invitados.

De los ocho proyectos a realizar, incluyendo el final, cinco eran de creación, uno de promoción y/o difusión, y uno de gestión. El proyecto final era de libre elección.

El plan comenzó sus actividades el lunes 8 de febrero de 2010, sin haber realizado los ajustes jurídico-administrativos correspondientes, y atribuibles a la errática administración de  Alejandro Cravioto, así siguió hasta 2012, año del cambio de administración en el gobierno estatal de Jalisco. Lo que significó que fuera puesto a revisión mediante un diagnóstico arbitrario, y posteriormente sustituido por otro.

En el proceso de la gestión jurídico, política y administrativa es evidente que hubo inactividad por parte de la Administración estatal al no dotar de la personalidad jurídica necesaria a la entidad “licenciatura en artes”, por lo que tampoco podía contar con funciones específicas, presupuesto específico, y un esquema administrativo que le diera funcionalidad al Plan.

En este caso, no sucedió, la serie de cambios en la administración pública estatal acabó con el proyecto de forma arbitraria, tal y como se concibió su nacimiento, la misma en la que se ejerce la política cultural en este País. Habría que preguntarse seriamente si queremos como sociedad que el estado dicte el rumbo de la educación artística, entre otros asuntos públicos de la cultura.

 

Referencias:

  • [1] Cardoso, Fernando Enrique y Faletto, Enzo. (1996) Dependencia y desarrollo en América Latina. Siglo XXI. México. Pág. 23.
  • [2] Coelho, Teixeira. (2000) Diccionario crítico de política cultural. México. CONACULTA/ITESO/SCJ pág. 388.
  • [3] Aguilar Zinder, Luz Emilia. (2011) La Puesta en escena: los nuevos lenguajes, en Un siglo de teatro en México. David Olguín (coordinador). México. CONACULTA/FCE. Pág. 135.
  • [4] Morin, Edgar. (2008) La Cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Nueva Visión. Buenos Aires. Pág. 23.
  • [5] Plan de estudios de la Licenciatura en Artes de la Secretaría de Cultura de Jalisco. Pág. 8.
Categories: Artículos Cultura

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