El significado de una familia

Las calles suelen convertirse en el hogar de muchos animales que han sido abandonados y que, debido a ello, han aprendido a sobrevivir gracias a su habilidad para adaptarse a la adversidad y a evitar el peligro que los acecha todos los días. Desde ingeniárselas para conseguir alimento como soportar las amenazas y los insultos de las personas, o eludir el riesgo de ser golpeados o atropellados. “A los ojos de las personas yo era un perro callejero como cualquier otro. Sucio y con sólo lástima para ofrecer. Tirado en la acera, con hambre en la mirada y la miseria pegada a las costillas”, nos dice el cachorro que protagoniza la novela Elvis nunca se equivoca (Tusquets Editores, 2016). Sus palabras muestran la realidad que viven los perros callejeros, los cuales, en ocasiones, tienen la fortuna de tener una familia.

¿Qué es una familia?, le pregunta el pequeño animal a su madre. Rodrigo Morlesin (Ciudad de México, 1972) nos invita a descubrirlo junto a Elvis que, a través de distintas peripecias, logrará darle un significado. Esta novela resulta conmovedora porque nuestra mirada estará a ras de suelo ya que, desde la perspectiva de este cachorro, comprenderemos lo difícil que es la vida de un animal callejero, aunque también nos alegraremos con sus afortunadas compensaciones, como un helado de chocolate o la comida que alguien dejó caer por accidente. Elvis, a pesar de su edad, es un perro observador y reflexivo. En una de sus afirmaciones expresa que “La vida tiene un extraño sentido del humor y hay que aprender a reírse con ella.” Y ante los hechos no podremos más que sonreír y asentir con él.

Otra de las felices circunstancias de su vida es la compañía y el amor de su madre. No obstante, lo impredecible se encuentra a la vuelta de la esquina, de la página. Sobrevivir entonces se convertirá en una necesidad, para ello deberá combatir el desconsuelo y la tristeza; pronto aceptará que su instinto es una ventaja sólo si sabe cómo utilizarlo. Elvis desconoce el dicho popular que enuncia no hay mal que por bien no venga, y a pesar de que ser atropellado no parezca tener ningún aspecto positivo, para Elvis representará un cambio, uno inesperado pero agradable. Uno de ellos será tener un nombre, otro consistirá en convertirse en el mejor amigo de Ana, una pequeña que, al igual que él, se sentía sola e incomprendida.

El dúo Ana y Elvis nos hará reír con sus ocurrencias; así como las breves aventuras que pasará por su cuenta el día que se queda solo en casa. Ana habla con Elvis como si fuera una persona, y éste la escucha con atención, se mantiene a su lado cuando lo necesita y comprende las emociones presentes en los padres de la niña. A modo de celebración, Ana le escribirá una carta por los seis meses que lleva con ellos. Entonces, lo inesperado aparecerá de nuevo. “Intenté huir del dolor pero éste me siguió a cada paso que daba”, nos dirá Elvis que volverá a las calles con la intención de darle alivio a su corazón. El trazo sencillo pero expresivo de las ilustraciones de Satoshi Kitamura (Tokio, 1956) complementan los distintos momentos que experimentan los personajes de esta entrañable historia. Al final, los lectores comprenderemos que una familia no sólo es un grupo de personas, sino también un conjunto de recuerdos que evocamos cuando más lo necesitamos.

 

Por: Cecilia Pedraza.

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