Decir adiós

Elizabeth Cruz Madrid (Ciudad de México, 1981) estudió periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero se ha dedicado a escribir historias para niños y jóvenes desde el año 2008. Su más reciente libro, Adiós a los cuentos de hadas (El Naranjo, 2016), relata el proceso que conlleva toda despedida, especialmente cuando es definitiva. Las ilustraciones de Estelí Meza (Ciudad de México, 1980) quien solo utilizó dos colores, rojo y negro, en los diseños, acompañan el desarrollo de esta historia. Desde que murió su mamá, Mariel, la protagonista, experimenta molestia, enojo, frustración y tristeza, pues le resulta imposible aceptar la situación familiar en la que se encuentra, ya que su relación con Ofelia, la nueva esposa de su papá, es insufrible. Los supuestos defectos de Mariel, que se deben a los cambios que toda niña de doce años experimenta, como su menstruación, el primer barro o el desarrollo de su cuerpo, son incidentes incómodos que debe comprender sin la explicación cariñosa y paciente que le daría su madre, en cambio, se encuentra con el rechazo y la frialdad de su madrastra. Además, su papá no está interesado en apoyarla, ni en escuchar siquiera lo que tiene que decir; él se limita a obedecer las recomendaciones de “la otra”, es así como en lugar de hacer trámites a una secundaria pública ingresará a un internado donde recibirá la atención y cuidado que ellos no pueden darle debido a sus ocupaciones.

En ese desierto de realidad que atraviesa entre llanto, suspiros y recuerdos, escribe un diario a modo de conversación con su madre Natalia, a quien prefiere renombrar como Oasis, y nos dice “Yo bebo de mi mamá. Mi Oasis tiene agua convertida en luz. Está en sus ojos. Los miro y ya no tengo sed. (…) Mi mamá sabe calmar esa sed y me ayuda a dormir. Luego de beber de sus ojos, me recuesto y descanso un rato para sentirme mejor.” (Cruz, 2016, p. 19-20) Incomprendida por sus compañeros y al no encontrar consuelo en las personas que la rodean, Mariel es vulnerable al afecto que le demuestra un extraño, Víctor, que se convierte en su mejor amigo una vez que acepta su solicitud, intercambian números y entablan largas conversaciones en las que, al parecer, es el único que desea ayudarla y la acepta sin condición.

Abandonada, es así como se siente cuando ingresa al internado. A lo largo de la historia, los distintos capítulos nos recuerdan los títulos de algunos cuentos de hadas que, además de ser los favoritos de Mariel, señalan también su inocencia y su manera de interpretar la realidad que vive. Es por eso que, a pesar de descubrir que la vida de sus demás compañeras es tan difícil como la suya, sigue obsesionada con la idea de huir, de escapar y ser feliz con su mejor amigo. Ante la posibilidad de pasar un fin de semana en casa de Carolina y, por considerarla su amiga, le revela que aprovechará la oportunidad para conocerlo. Carolina le advierte acerca del peligro que eso representa, pero ante la cerrazón de Mariel decide contarlo a la directora. Una avalancha de situaciones se desencadena a partir de esto. Traición, desconcierto, pero también humildad y perdón serán las nuevas emociones que Mariel experimentará una vez que acepta que no todos los cuentos de hadas tienen un final feliz y que juzgar a partir de las apariencias no es lo más sensato. Lo más importante será aprender que decir adiós significa crecer.

Cruz, E. (2016). Adiós a los cuentos de hadas. México: Ediciones El Naranjo.

Por: Cecilia Pedraza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *