Abrir los ojos para darle sentido a la vida

Los ojos representan ese lugar donde los secretos anidan, son ese espacio desde el cual la felicidad irradia su destello o donde la tristeza se empoza. El Diccionario de los símbolos dice que “para los bambara, el sentido de la vista (…) reemplaza a todos los demás” (Chevalier, 1999:773) ya que el ojo no solo registra la realidad, también se encarga de conservarla (Chevalier, 1999). La acción de abrir los ojos y ver implica constatar la materialidad física de los objetos, su finalidad; así como darse cuenta de la presencia de las personas que nos rodean, notar sus movimientos y comprender ese lenguaje no verbal que utilizan para ocultar lo que piensan o sienten. Cierto conocimiento surge a partir de ese mirar, uno que determina decisiones que marcan nuestra vida. Tal vez por ello el escritor Francisco Hinojosa (Ciudad de México, 1954) decidió titular su novela juvenil Con los ojos abiertos (Fondo de Cultura Económica, 2015).

Francisco Hinojosa nos es tan entrañable por habernos contado la historia de la peor señora del mundo, una mujer aterradora que daba de comer croquetas a sus hijos y solía golpear o pellizcar a cualquier transeúnte que osaba pasar junto a ella; también lo recordamos por descubrirnos la vida del doctor Funes, famoso inventor de una fórmula rejuvenecedora; en fin, reímos y nos sorprendimos con sus acciones y destinos. Sin embargo, Con los ojos abiertos devela el mecanismo mediante el cual trabaja la realidad. En un principio esta parece articularse desde las semejanzas que encuentra en los cuentos tradicionales, dos hermanastras, una madrastra, el padre y la ausencia de una madre. En este escenario, Sara podría ser la cenicienta que debe soportar resignadamente el destino que le tocó. Aunque ustedes ya saben que la realidad se rige desde otros principios.

Sara comienza presentándose y diciéndonos que ese día cumple quince años y medio. Lo que para muchas personas significaría una fecha especial para ella es el momento de tomar una decisión, “Hoy cumplo quince años y medio y no sé si lo que voy a hacer con mi vida sea lo mejor. (…) estoy a punto de irme a vivir con el Zorro. A mi mamá no la conozco.” (Hinojosa, 2015:9-10)Cansada de la vida familiar en la que está atrapada decide fugarse con el chico que acaba de conocer y que ha prometido ayudarle. Pero pronto descubrirá cuán breve es el amor cuando de conveniencias se trata. La narración continúa en primera persona, lo que le otorga intimidad al relato pues parece que vamos leyendo el diario que escribe conforme los acontecimientos van sucediendo, aunque algunos de ellos pertenecen al pasado.

Así es como sabemos que va de un lugar a otro, conociendo personas que intentarán aprovecharse de su situación, pero también aparecerán otras, Humberto, el tío Gustavo, que la llevarán hacia su verdadero camino. Entre ellas también está Eliseo. Un joven de veintiún años, estudiante de Letras, hijo de una familia acomodada cuyos valores radican en lo tradicional, que suele ocultar una hipocresía disfrazada de moral. Eliseo es el príncipe que a su vez necesita ser rescatado de sus demonios internos. Una vez que ambos se conocen, crece en ellos la ilusión de que la realidad no puede ser tan mala y existe la posibilidad de conseguir un final feliz. Es entonces que escuchamos su historia y nos deja entrever síntomas de un estado que ha querido controlar a su manera pero que irremediablemente hará que su familia intervenga en su vida de nuevo.

La novela bien podría adaptarse a un guion teatral debido a los tres monólogos que comprenden la narración y que con un ritmo personal, según quien habla, Sara o Eliseo, permite adentrarnos y acompañarlos durante ese trayecto de existencia. Como ellos, descubriremos que abrir los ojos revela dos alternativas, aceptar el destino que alguien más impone o darle sentido a la propia vida.

Chevalier, J. (1999). Diccionario de los símbolos. (6ta ed.). Barcelona: Herder.
Hinojosa, F. (2015). Con los ojos abiertos. México: Fondo de Cultura Económica.

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