La vida y el sentido

Una de las preguntas filosóficas más controvertidas que se plantean en la vida de todos en distintos momentos, pero que adquiere cierta relevancia en la adolescencia es ¿cuál es el sentido de la vida? Como profesor de bachillerato he visto como esta pregunta se vuelve tema de mucha reflexión y debate entre los compañeros alumnos, por lo que no es raro que ellos me hagan esa misma pregunta. Este escrito se tratará pues, sobre mi propuesta de lo que es darle sentido a la vida.
Cabe preguntar si en un escrito tan corto es capaz alguien -cuanto menos yo-, de responder sobre el sentido de la vida, sin embargo una vez escuché a alguien decir que “las preguntas más complejas tienen respuestas simples”, a lo que yo agregaría simplemente complejas. Pues bien, si estar aquí, en la vida, nadie lo eligió y nadie lo decidió y, ante lo drásticamente cambiante que ha sido la dinámica de la vida en las distintas etapas de la historia humana, no es descabellado sugerir que no existe un “sentido de la vida”, la vida no tiene sentido. Pos sentido puede entenderse “objetivo”. Sin embargo, podemos darle sentido.

imagen Pixabay

La propuesta sugiere únicamente dos partes: disfrutar y aprender. Con la primera, quizá estén de acuerdo conmigo, la vida es corta, hemos de morir, ante inminente suceso y con el misterio de no saber ¿cuándo y cómo? es claro que mientras dure la vida, debe ser agradable. Disfrutar se puede subdividir ya en lo que para cada quien le provoque dicho sentimiento, procurarse riquezas, viajar, ir a conciertos, estar con amigos y familia etc. Aunque hay mucha literatura sobre la legitimidad de cada disfrute, mi objetivo es solo de manera general.

El segundo aspecto es el problemático, aprender. Lo veo como el fundamento del primero, de disfrutar. Aprender es un proceso inherente al ser humano, aprendemos para poder vivir en el mundo, aprendemos que el fuego quema, que podemos morir si somos arrollados por un automóvil, aprendemos que somos frágiles. Una vez insertados en la lógica de la vida, debemos aprender aquello a lo que queramos dedicar nuestras vidas, a tocar la guitarra, a manejar los impuestos de empresas, a conocer las leyes etc. Mi propuesta es todavía más abstracta. Si justamente hemos de morir, debemos conocer qué es estar vivo, cómo surgimos, dónde vivimos, de qué estamos compuestos, qué hay más allá del planeta tierra, que han hecho personas que vivieron mucho tiempo atrás, con qué otros seres compartimos la vida como animales y plantas.
¿Qué sentido tiene estar vivo si no sabemos qué es estar vivo y lo que nos rodea? Por lo menos en mi caso, me provoca emoción y angustia saber que estoy aquí, y que algún día lo dejaré de estar, quiero conocer todo lo que implica estar aquí, vivo. Estar consciente de esto, aprender, nos lleva a ser mejores seres vivos, pues conoceríamos donde estamos, y lo que resultaría dejar de estarlo, seríamos eso que somos pero parece que no lo somos, humanos.

Un fragmento de La República de Platón


Por Dorian Hernández Vázquez

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