Literatura sin la estorbosa etiqueta “femenina”

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En la mesa “Todo menos rosa” participaron la colombiana Laura Restrepo, la argentina Ariana Harwicz, la ecuatoriana María Fernanda Ampuero y la brasileña Ana Paula Maia

Las primeras en llegar a la mesa “Todo menos rosa: narradoras de América Latina” fueron las integrantes de un grupo de quince amigas que viajaron desde Hermosillo a Guadalajara con la curiosidad de, entre otras cosas, escuchar a las escritoras reflexionar sobre su trabajo literario, en esta charla que tuvo como marco la 30 edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. En las primeras filas, las mujeres (tal vez muchas de ellas ya abuelas) aplaudían cada intervención, especialmente las de la argentina Ariana Harwicz, quien repetidamente movía su rostro como inconforme con lo que decían sus colegas.

Enrique Planas comentó que, en teoría, ya no hay mitos sobre la escritura femenina, pues ya no es necesario decir que hay “literatura de mujeres” y, por tanto, es un tema tan abordado que ya no hay nada nuevo qué decir. Como muestra, la brasileña Ana Paula Maia contó en “portuñol” que se siente cómoda escribiendo de hombres, de oficios marcados por lo brutal, por lo masculino, por construir espacios donde casi no hay mujeres. “Tengo la necesidad de hablar de esos espacios contaminados por los hombres, me gusta la distancia, la contemplación de los hombres”, explicó.

En esta mesa, la ecuatoriana María Fernanda Ampuero compartió que su escritura está vinculada a su infancia, a lo que ha sido y a lo que nunca fue, a lo que envidiaba de otros, a lo que podían hacer sus hermanos y ella no, a los temores, a las obsesiones, al cuerpo que tiene, a las veces que se burlaron de ella y a los momentos en que recibió aplausos; a las puertas que nunca pudo cruzar y que son precisamente el tema de su literatura, “como una niña de Guayaquil, gorda, outsider, que le gustaba leer, que no sabe qué se siente que la inviten a las fiestas”.

En la literatura de la argentina Ariana Hanwicz es más común que aparezcan mujeres. En la Débil mental relata la relación de una madre con su hija, quienes viven alejadas de la urbe, pero no de sus problemas —la pobreza, la soledad, la ausencia del padre— y se muestra otro ángulo de la relación materno filial. Ella, de inmediato, dijo que se sentía como una infiltrada en la mesa, incómoda con el tema porque sus novelas abordan la maternidad no convencional, la antimaternidad, el sexo desprovisto de convencionalismos, mujeres asesinas o madres que abandonan a la familia. “Si bien hago eso, me siento violentada cuando dicen que escribo con el coño sangrante. No, ni con el coño sangrante ni no sangrante. Esto es literatura y hay una manera extraña de asociar la política con la literatura. Y sí, la literatura es política, pero se piensa como si esta fuera netamente feminista”.

La colombiana Laura Restrepo indicó que ya eran otros tiempos y que las mujeres ya habían ganado mucho terreno, por tanto, no se podía decir que las mujeres son las que construyen la paz y los hombres la guerra. En su faceta como periodista, alguna vez escribió una crónica en la que narró cómo las madres lavaban las camisas ensangrentadas de sus hijos sicarios, ya que estos eran los que llevaban el dinero a casa.

Ariana insistió permanentemente en salirse de las etiquetas de lo femenino entendido desde lo político, y señaló que un escritor sólo tiene la obligación ética de trabajar con y en libertad.

Fuente: Prensa FIL

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