Mario Vargas Llosa: una lección inicial sobre el boom latinoamericano | FIL 30

Foto: ©FIL/Bernardo De Niz
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En su papel de invitado de honor de la 30 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor peruano Mario Vargas Llosa dio por abierto el Programa Literario de América Latina con una cátedra sobre la literatura latinoamericana. Con algunas dudas sobre el futuro de la literatura, el futuro del libro y con cierta nostalgia, el escritor recordó los inicios del boom latinoamericano, movimiento que atrajo los reflectores sobre los autores de esta región del mundo en las décadas de los años sesenta y setenta.

La presentación estuvo a cargo del escritor Héctor Abad, quien se refirió a Mario Vargas Llosa como un escritor imprescindible. Llegados a cierta edad, comentó Abad, a los hombres se les receta el letargo y la apatía de quienes esperan el final de sus días, sin embargo, para Vargas Llosa esa receta no es necesaria, añadió Abad, porque desde siempre ha mostrado su independencia, su amor por la libertad y su pasión por la escritura, además de haber escrito sobre los autores que él ha amado: García Márquez y Onetti. Antes de cederle la palabra al escritor peruano, Héctor Abad sentenció que Vargas Llosa siempre permanecerá vivo porque siempre nos regalará sorpresas literarias.

Para el autor nacido en Arequipa, la experiencia de la FIL es estimulante, sobre todo para quien se pregunta sobre el futuro de la literatura y el futuro de los libros. Porque la literatura, dijo, además de ser un entretenimiento extraordinario, contribuye al progreso, a las relaciones humanas y a disminuir la violencia. Esto, porque la novela —cuando está bien lograda— nos presenta un mundo siempre mejor al que pertenecemos. Vargas Llosa arguyó que una actitud crítica frente al mundo es para irnos acercando a esos mundos que somos capaces de imaginar, de inventar y de escribir.

Sabiéndose el último elemento vivo del movimiento latinoamericano que impuso una nueva forma de acercarse a la realidad por medio de la literatura, el autor reconoció que uno de los méritos del boom fue la difusión transnacional que los autores lograron y que sirvió para destacar a narradores y poetas asfixiados por un mundo local y nacionalista, debido a la falta de integración cultural entre países que había en aquellos años. Orgulloso de formar parte de ese movimiento, descrito en sus palabras como un momento en el que surgieron buenas novelas que de alguna manera contribuyeron a unir a esa Latinoamérica que muchos escritores creían desdibujada, el autor cerró la charla con un epígrafe póstumo al boom latinoamericano: “Creo que a mí me toca el triste privilegio de apagar la luz y cerrar la puerta”.

Fuente: Prensa FIL

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