Leonard Cohen, el poeta que nunca se irá

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“I’m a fool but I think that I can heal it, with this song…”, ‘Minute Prologue’.

A través de un comunicado en Facebook el jueves 10 de noviembre por la noche, la página oficial de Leonard Cohen anunciaba su partida: “Hemos perdido a uno de los visionarios más venerados y prolíficos de la música.

Hace tan sólo unos días leía un artículo que hablaba sobre la larga entrevista que Leonard Cohen había dado al periodista David Remnick de The New Yorker, la última de su carrera. Me interesó sobremanera porque el legendario poeta hablaba sobre el Nobel de Dylan, “es como ponerle una medalla al Everest”, dijo.

En esa misma charla, Cohen, de 82 años, platicaba sobre su nuevo disco ‘You want it darker’, un disco sombrío con el que afirmaba que estaba listo para morir. “Hineni, hineni. I’m ready, my lord” dice el tema que abre el material. Y así fue, prácticamente un mes después.

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Con su partida -y acompañando estas palabras con los acordes de su penúltimo disco, ‘Popular Problems’ de 2014- llegan a mí algunas reflexiones sobre este “trovador de la tristeza”, quien deja una obra completa, redonda, con una docena de libros, tres películas y 14 discos de estudio, el último de ellos, según su hijo Adam, “el que su padre consideraba era uno de sus mejores discos”, dijo a la revista Rolling Stone.

Canciones como ‘Suzanne’, ‘So long Marianne’ o ‘Winter lady’ fueron los primeros temas que convirtieron al canadiense, nacido en Montreal en 1934, en un grande de los versos y experiencias; en ese cantante que recita canciones o en ese poeta que canta poemas, como pregunta Alberto Manzano, traductor y amigo personal de Cohen, en un libro que recoge la primera década de canciones del trovador traducidas al castellano (Espiral, 1979).

Con Federico García Lorca como influencia literaria (“Como Lorca, Cohen se obsesionó desde su juventud en la búsqueda de las palabras exactas, del máximo poder simbólico en el verso”, menciona Kike Hernández en una reseña sobre el autor) su música se configuró a partir de seis acordes flamencos que le enseñó un español cuando Cohen aún era un joven poeta, explicó él mismo durante un encuentro con los medios de comunicación en octubre pasado en la residencia del cónsul de Canadá en Los Ángeles, California, ciudad donde residía.

Su influencia en la cultura norteamericana es palpable desde hace 50 años; melancólico, profundo, de voz honda e insondable lírica, cantó a la guerra y al amor, escribió para Marianne Ihlen, musa y amante en la lejanía; recitó soledad, amargura y enojo. Su promesa de vivir 120 años se esfumó, aunque deja un legado vivo que perdurará en la música y la literatura por siempre, porque Leonard Cohen representa la resistencia, la existencia y la vida misma.

“Suelo decir que si supiera de dónde salen las buenas canciones, iría allí más a menudo”, y desde ese sitio sus letras seguirán enunciándose. Hasta siempre, Leonard Cohen.

Por: @DiegoKoprivitza.

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