En la escritura se encuentra la lectura

Girl sitting in bookstore
Foto: / The Huffington Post – Girl sitting in bookstore

Leer va más allá de la sencilla acción de pasar la vista sobre las palabras y dar vuelta a las hojas sucesivamente hasta llegar al punto final; es una actividad que implica concentración y tiempo, podría decirse que requiere de cierta disciplina. Sin embargo, en cualquier momento tenemos la libertad de alejarnos para abandonar el libro, cambiar de lectura o desviar nuestra atención hacia otro objeto o persona, ningún contrato nos obliga a quedarnos con el escritor en turno. Cada uno de nosotros conoce los motivos por los cuales decide terminar una lectura o dejarla inconclusa. En ocasiones sucede que encontramos “guiños” que confirman o reafirman el lugar, la lectura, donde nos hallamos.

Hace un par de semanas comencé a leer El viajero, la torre y la larva (Fondo de Cultura Económica, 2014) del escritor argentino Alberto Manguel. En este libro el autor ofrece un recorrido por las distintas configuraciones que existen del lector como un aventurero dispuesto a descubrir las maravillas que se esconden entre los renglones de las páginas literarias; también como aquel intelectual que encuentra en el libro un refugio donde aislarse de la realidad, aunque haya quien, a partir de la soledad, redescubre su entorno y lo modifica. El último tipo de lector es aquel devorador de palabras que jamás logra saciarse, se parece a un acumulador de libros que se regodea en su imperio de tinta y papel pero que no tienen la habilidad para aprehender lo que existe en el interior.

Hojeando el nuevo número de la revista literaria Luvina, “De novela” (Universidad de Guadalajara, Otoño, 2016), encontré un breve ensayo del escritor Vicente Alfonso titulado “¿Por qué leemos, por qué escribimos?” donde, si bien no ofrece una respuesta categórica a cuestiones tan antiguas, define la situación actual de nuestra sociedad en la que priva el “desencanto y el escepticismo” propio de la corriente posmoderna. La consecuencia es una producción literaria que no cuestiona su alrededor, cuando los lectores van hacia este tipo de textos es porque actúan como la larva, o porque se encierran en su torre para evadirse de las demandas de su realidad. No se trata de la creación de novelas comprometidas social o políticamente sino que, a partir de las nuevas técnicas narrativas, logren que el lector se relacione de otra manera con el mundo.

Pasando la mirada por las publicaciones en el timeline de Facebook di con un interesante ensayo compartido por horizontal.mx que me hizo sonreír por la contundencia temática que hasta ese día había guiado mis lecturas. Escrito por el filósofo italiano Giorgio Agamben, el ensayo “Sobre la dificultad de leer” forma parte de un libro recién publicado por editorial Sexto Piso, El fuego y el relato (2016). El texto comienza hablando de la acedia, un demonio meridiano, que también es mencionado por Manguel en su libro y que se refiere al pecado capital de la pereza. A partir de ahí sigue enlistando otras dificultades como la incapacidad de leer debida al analfabetismo, pero que en otra versión podría compararse con la ignorancia que los lectores tienen de otras lenguas, lo que les impide leer, comprender lo que sus ojos ven; también habla de aquellos libros que merecen ser leídos por la calidad en su narración, y que, como dice Vicente Alfonso, son unos cuantos los que pueden clasificarse como excepcionales. En todo lo dicho siempre habrá algo que quedará en silencio, lo mismo ocurre con la escritura, en esta subyace la posibilidad de crear un universo poético o narrativo distinto al que se publicó. Las dificultades que los lectores enfrentan son tan numerosas como las distracciones en las que está inmerso debidas a la sociedad en la que viven. Como detenerse a escribir acerca de los guiños que se encontró en el camino.

Por. Cecilia Pedraza.

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