Insignificante

dorian

De hace una tiempo para acá tengo la sensación de sentirme insignificante. Pero insignificante en términos de tamaño. Siento que todo el tiempo las personas nos tratamos de procurar cosas que se encuentren cerca de nosotros, tratamos que para alcanzar cosas solo sea necesario un pequeño esfuerzo, solo estirar el brazo. Gracias a esta actitud que permea casi todas nuestras ideas, nos hemos acostumbrado a ello, a que las distancias sean cortas, nuestros ojos ven tamaños pequeños siempre.

Aquí es cuando retoma mucha importancia la ya muy famosa frase de Sócrates “solo sé que no sé nada”, mientras más sabemos nos damos cuenta que hay mucho más por saber. Así pues cuando ponemos en perspectiva ciertos conocimientos entenderemos el correcto significado de la palabra dimensionar, por ejemplo, si imaginamos que un objeto pudiera viajar a la velocidad de la luz, este objeto en un segundo le daría casi 7 vueltas y media al planeta tierra, también que ciertas galaxias se encuentran a millones años luz de distancia de nosotros, y un año luz equivale a la distancia que la velocidad de la luz recorre justamente en un año, imaginemos eso.

De tal suerte que, hace un par de meses tuve la fortuna de ir a San Luis potosí, un estado por demás bellísimo. El impacto estético que provoco en mi me hizo sentir insignificante en términos de tamaño. La Huasteca Potosina y su inmensidad geográfica, hacían que solo pensara en el concepto de belleza. Hizo que pensara en lo insignificante que somos y a la vez tan trascendentales. Pensar en los hermosos paisajes que nos ofrece este país que si los dimensionamos de la manera correcta, de nuestras bocas saldrán palabras como “qué bello lugar”, si contemplamos la majestuosidad de México, quizá algo cambie en nosotros, quizá cambien ideas y con ello hábitos, y hagamos cosas distintas para hacer aún más bello este país.

Salté de una cascada, caí al agua color azul turquesa, todo era azul y verde a mi alrededor. Trataba de nadar con la lentitud que caracteriza a alguien que no sabe nadar. De pronto escuché un <nada boca arriba, así es más fácil. La corriente te lleva>. Hice caso, y ahora sé lo que se siente apagar el cerebro. Me di vuelta y el cielo se veía tan lejos, pues mientras me dejaba llevar por el agua, observaba que a mi alrededor había unas montañas gigantes, solo podría mover los ojos y no me alcanzaba la vista para ver el inicio del río ni el final.

Todo se detuvo pero seguía avanzando. Estaba justo en medio de dos enormes distancias, frente mío el cielo y las montañas, a mi espalda los metros y metros de profundidad del rio. Todo estaba tan lejos, tan inalcanzable. Pero yo estaba ahí, formaba parte de la inmensidad y sentí poder alcanzar cosas, mientras más lejos mejor.

A nuestro alrededor hay ideas, solo debemos contemplarlas. Los mexicanos tenemos la fortuna de vivir en la parte del mundo que llamamos México y lo infinitamente hermoso es. Un lugar lleno de ideas.

Por: Dorian Hernández Vázquez
do_rian_hernandez@hotmail.com

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