Saramago dejó caer su última bomba en la FIL

© FIL/Marte Merlos
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La presentación del libro inédito de José Saramago sirvió para que Pilar del Río, Lydia Cacho y Claudia Piñero expresaran su solidaridad con Ayotzinapa

Durante la guerra civil española, una bomba cayó en Extremadura. Al tocar el piso se abrió y, al revelar su contenido, causó un impacto más poderoso que cualquier explosivo: dentro, tenía un papelillo que ponía: “Esta bomba no matará a nadie”. El proyectil había sido saboteado. La anécdota sirvió como pretexto para que José Saramago comenzara a escribir el que sería su último libro, Alabardas, en el que explora el tema de la fabricación y tráfico de armas. Y aunque la muerte puso fin a la vida del premio Nobel portugués, no pudo hacer lo mismo con el libro que, aunque inconcluso, fue presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014.

Pilar del Río, viuda del escritor luso, señaló en la presentación que el proceso para armar la última entrega de Saramago fue muy sencillo porque era un escritor muy ordenado. Así, dejó listas cerca de las 20 cuartillas que integran el volumen, que se complementa con textos de Roberto Saviano y Fernando Gómez Aguilera e ilustraciones de Günter Grass. El resultado, describió la escritora argentina Claudia Piñeiro, es sorprendente porque es posible encontrar “a Saramago como siempre: con coherencia literaria e ideológica. Está su prosa exquisita, su ideología y en el apartado de notas puedes ver cómo fue construyendo el libro. Es toda una clase de escritura”.

La periodista Lydia Cacho mencionó que no dejaba de ser relevante el momento en el que el libro llega a México. “Queda la sensación de que este libro llega inacabado para que nosotros lo terminemos. Vivimos en un momento en el que el gobierno parece empeñado en instalar el miedo. Tendremos que escribir la segunda parte y entregársela a Pilar”. También señaló que el tema que aborda la novela es muy pertinente, porque la llamada guerra contra el narco “ha traído tras de sí todo un negocio. Nos dicen que las armas vienen de Estados Unidos, pero los que estamos investigando por todo el país sabemos que hay armas hechas en Brasil. Es necesario que discutamos lo que estamos haciendo en Latinoamérica con este tema”.

En la novela, Arthur Paz Semedo descubre una caja de la que es imposible saber qué contiene porque Saramago murió. A partir de este hecho, Claudia Piñeiro leyó un texto en el que creó un paralelismo entre el personaje y los normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero. “Así como no podemos saber qué contenía la caja porque la muerte sorprendió a Saramago, tampoco podemos saber qué tipo de maestros hubieran sido esos normalistas porque los desaparecieron. No digo la muerte porque vivos se los llevaron y vivos los queremos”. Además, la escritora anunció que la delegación de escritores argentinos había firmado un comunicado en solidaridad con las familias de Ayotzinapa “porque nos parece imposible estar acá y no opinar. Sabemos que hay una ley mexicana que prohíbe que los extranjeros opinen sobre los temas nacionales, pero no nos van a poder llevar a la cárcel porque tantos argentinos juntos en un mismo lugar nadie los soporta”, bromeó, para luego agregar más seria que “la literatura nos hermana, sobre todo en este tema que nos es tan cercano”.

Fuente: Prensa FIL

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