Nocturna | La mejor parte

Hoy me toca compartir con ustedes en esta sección de “La mejor parte”, como habrán leído ya a mis compañeros Brucolaco y Leslye es mi turno de platicarles acerca de un libro excelente, parte de la trilogía de vampiros escrita por Guillermo del Toro en colaboración con Chuck Hogan, se trata de Nocturna, la primera de estas novelas, con una narrativa emocionante, que te atrapa capitulo a capitulo, que no deja de mantenerte ocupada la mente pensando en lo que harías si estuvieras en medio de una epidemia de vampiros. Personalmente encontré este libro en una vitrina en Playa del Carmen y me llamó la atención el diseño de su portada como buen diseñador, pero no esperaba encontrarme con una novela de ficción con tantas acotaciones y señales que existen y que son tan precisas que me hacen pensar en que no es tan lejana la posibilidad de que suceda algo de lo que la novela nos plantea. No les platico más, ya que es una novela que tienen que leer, dentro del género de vampiros, es una lectura más que obligada.

Aquí les comparto la que para mi gusto es “La mejor parte”

Como la pista de rodaje del JFK necesitaba estar despejada, la aeronave fue remolcada hacia el espacioso hangar de mantenimiento de Regis Air una hora antes del amanecer. Nadie abrió la boca mientras el infortunado 777 lleno de pasajeros muertos pasaba como un enorme ataúd blanco.

Una vez les colocaron los seguros a las ruedas y el avión se detuvo, los empleados extendieron lonas negras impermeables para cubrir el piso de cemento manchado. Instalaron cortinas prestadas por un hospital para demarcar una amplia zona de contención entre el ala izquierda y la nariz de la aeronave. El avión estaba aislado en el hangar como un cadáver en una morgue inmensa.

Por petición de Eph, la Oficina Principal del Forense de Nueva York despachó a varios funcionarios veteranos de Manhattan y Queens, que llevaron consigo varias cajas con bolsas de plástico. La OCME, la oficina de exámenes forenses más grande del mundo, tenía experiencia en el manejo de desastres con un elevado número de víctimas, y ayudó a implementar un pla para evacuar los cadáveres.

Los oficiales de HAZMAT de la Autoridad Portuaria, vestidos con trajes de seguridad completamente aislados, extrajeron el cadáver del agente federal aéreo primero -permitiendo que solemnes oficiales le rindieran un homenaje a su compañero enfundado en una bolsa cuando éste apareció por la puerta del ala- y luego a los pasajeros que estaban sentados en la primera fila de la cabina principal. A continuación, retiraron los asientos vacíos a fin de obtener el espacio necesario para facilitar la labor de enfundar cadáveres. En el avión, cada cuerpo fue amarrado a una camilla de uno en uno y bajado al piso cubierto de lonas.

El proceso fue cuidadoso y horripilante en ciertas ocasiones. Había bajado alrededor de treinta cadáveres, cuando uno de los oficiales de la Autoridad Portuaria trastabilló súbitamente y se alejó de la fila gimiendo y agarrándose el casco. Dos oficiales de HAZMAT acudieron en su ayuda, pero él, los lanzó contra las cortinas, irrumpiendo en la zona de contención. Todos entraron en pánico y le abrieron paso a aquel oficial que posiblemente estaba envenenado o infectado, y que se arañaba su traje de protección mientras salía del hangar cavernoso. Eph se encontró con él en la pista, donde, a la luz del sol matinal, el oficial consiguió quitarse el casco y arrancarse el traje como si fuera una piel opresora. Eph lo agarró, pero el hombre se desplomó en la pista y permaneció sentado con lágrimas en los ojos.

-Esta ciudad- dijo el oficial en medio de sollozos – Esta maldita ciudad.-

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