Soñé que era Messi | GQ México

Desde hace algunos años tengo la costumbre de comprar en cualquier puesto de revistas o tienda donde encuentre la revista GQ tanto en su versión mexicana como en la española, muchas de las ocasiones son para leer acerca de un artista o músico, además para calmar mis ansias por los relojes, las corbatas y los automóviles de marca (así cuando menos puedo tener la imagen del articulo que tal vez algún día pueda comprar).

Pero de algunos números a la fecha me he hecho admirador de los textos de Andrés Tapia, cada número avanzo rápidamente las páginas hasta encontrarme con la sección “Asuntos pendientes antes de morir”, pero hoy me encontré con el texto llamado “Soñe que era Messi”.  No me pude resistir a leerlo y es lo que me tiene aqui, pensando en Andrés, en Messi, pero  principalmente en Juan.

Sin decirles más, les dejo un fragmento del texto y el link en GQ México para que lean completo el articulo, personalmente me ha dejado un sentimiento extraño por imaginar la vida de aquel niño que sobrevive esta realidad en compañía de un balón de fútbol.

Soñé que era Messi

Vestía de blanco y estaba solo. Delante de mí había algo parecido a una colina pequeña. Y entre esa colina y yo un terreno sinuoso, lleno de cuestas y pendientes, como si fuese un diminuto campo de golf ideado por Dalí. Sé que me parecía un campo de golf porque lo que yo tenía a mis pies era una pelota de golf, no un balón de fútbol. Y, sin embargo, sabía que en la cima de esa colina hallaría un estadio de fútbol.

Sí, parece absurdo, pero soñé que era Lionel Messi.

Para llegar a la cima de la colina, al estadio, debía conducir la pelota de golf con los pies evitando en todo momento que cayese en algún hoyo. Y para ello resultaba mucho más sencillo mantenerla en el aire y aprovechar los declives para hacerla subir, controlarla al descender, arrastrarla un poco en los reducidos espacios planos que podía hallar. Y después elevarla de nuevo, controlarla al caer, avanzar un poco o todo lo posible si es que el terreno así lo permitía.

No es fácil conducir un balón de fútbol, por más sencillo que parezca. Mucho menos lo es conducir con los pies una pelota de golf en un campo sinuoso —aunque se trate de un sueño—. Es sólo que, sorprendentemente, podía hacerlo. Y lo hacía incluso con cierta gracia. Una  gracia inaudita y proverbial: la gracia de alguien tocado por los dioses. Tanta, que me sentí iluminado y en posición de anotarle un gol a Víctor Valdés, el portero del F.C. Barcelona, equipo que esa mañana gris de mi sueño disputaría un partido crucial frente al Real Madrid.

Sí, soñé que era Messi pero… ¿qué hacía yo ahí? ¿Por qué llevaba puesto el uniforme del Madrid y por qué quería anotarle al Barcelona de una manera un tanto tramposa? Y es que, por alguna razón, tras haber superado el sinuoso campo de golf, tenía la conciencia, casi certeza, de que podría disparar desde muy lejos, sorprender a Valdés y marcar así un gol válido en un estadio vacío. O casi vacío: llegado cierto momento pude contemplar, a mucha distancia, la silueta de un chico que –me pareció– limpiaba las butacas.

Artículo en GQ México:  http://www.gq.com.mx/articulos/era-messi/771

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *