A lamidas | Cuentos porno para apornar la semana

Ya en otra ocasión les había platicado acerca de un libro que adquirí hace algún tiempo y que me ha dejado un sabor de boca muy agradable, se trata nada menos que de Cuentos porno para apornar la semana de Hugo César Moreno. En LeNous hoy inicia una nueva sección y me han encomendado compartir con ustedes un poco de la literatura que estoy leyendo actualmente y después de pensarlo un poco decidí comenzar con este fragmento del cuento A lamidas.

Disculpe usted mi enorme falta de respeto, pero no me queda más que atreverme a dirigir estas tontas palabras a su altísima consideración: mire, he estado sumergido un par de décadas en una absoluta ceguera. Sí, ceguera. No es que mis ojos no vieran, sino que mi espíritu miraba hacia otro lado, hacia el lado contrario donde mis viles ojillos miraban. Mi espíritu estaba embobado con las líneas que se forman en una pared entre ladrillo y ladrillo. Y es que mi espíritu solo miraba hacia una pared. No sé de donde salió la pared. En realidad nunca la he visto (con mis ojos), pero mi espíritu se ensimismaba con esa pared, como si fuera un espectáculo tan vertiginoso que cualquier parpadeo lo haría a uno perderse de algo importante, trascendental a tal grado, que lo subsiguiente perdería todo sentido. Cuando digo todo sentido me refiero a TODO sentido… sentido de la vida, de la historia, del viento, de la victoria… TODO. Y así estaba yo enceguecido desde hace, como ya se lo mencioné, un par de décadas.

Otra vez me disculpo; como verá, mi petición es de índole muy rara, me avergüenza hacerla, pero no me queda más opción que dirigirme a su ilustrísima persona para exponerle mi caso. ¿Cómo continuar?… Bien, creo que debo seguir con el primero de los atropellos que realicé por estar tan ciego (debo volver a aclarar que mi ceguera era espiritual, pues he sido favorecido con una vista magnífica. Puedo mirar a gran distancia y distinguir diseños intrincados que otros son incapaces de admirar. Mi vista es en extremo buena, de ahí que mi dedicación haya sido la de observar y escudriñar todo aquello atrapado en mi campo de visión). Era el año de… mmmm… mil… mil novecientos… mmm… está bien, 1984. Tenía unos quince o dieciséis años, mal estudiante, mal platicador, mal amigo o, mejor dicho, incapaz de establecer algun lazo amistoso. A mi edad aún cursaba el segundo grado de la educación secundaria, y la única clase en la que ponía atención era la de inglés (la cual, invariablemente, siempre es aplicada por una mujer, casi siempre joven y la de mejor ver entre todas las maestras), y lo hacía no porque el inglés me fuera interesante, sino porque estaba extasiado con el excelente depilado de la profesora. Conocía todos los poros de su piel. Sabía cuándo se había hecho el depilado. Miraba sus poros lastimados por el jalón de cera. Hipersensibles, un tanto enrojecidos. Imaginaba que aliviaba su escozor lamiéndolos lentamente. Con esas imágenes regresaba a mi casa, casi corriendo, y me masturbaba debajo de la cama con enorme aprensión. Al terminar, no podía soportar las ganas de llorar, y gruesos lagrimones surcaban mis mejillas. Pero no era por vergüenza o por miedo a algún castigo divino; olvidé la culpa y la vergüenza desde niño, cuando maté a pisotones una tortuguita de mi hermana mayor. Ni los golpes de mi padre, ni los berridos de mi hermana lograron despertar en mí un poco de conmiseración. Ya era silencioso desde entonces; para cuando fantaseaba con mi maestra era casi un mudo (y así me apodaban mis crueles compañeros: “El Mudo”), pero no estaba aún enceguecido del espíritu.

Así pasé todo el año escolar. Descubriendo cada tramo de piel que la maestrita permitía salir a la luz, y renovando mis fantasías con cada nuevo poro descubierto…

Personalmente les recomiendo adquirir este libro, no es caro, además como podrán haber notado en el fragmento anterior, Hugo César escribe una narrativa fluida, sencilla, de fácil lectura. Espero que hayan disfrutado de este fragmento y que podamos platicar acerca de este libro próximamente por medio del twitter en @brucolaco o en @lenouscultura.

Buen fin de semana.

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